
15/01/2008
Muy Honorable presidente de la Generalitat, presidente Maragall, ministro, excelentísimo señor alcalde de Barcelona, consejeros y consejeras, concejales y concejalas, representantes de la sociedad civil:
Lo primero que quisiera señalar es que la conferencia del alcalde de Barcelona en el marco del Colegio de Periodistas de Cataluña forma parte de una tradición cívica de esta ciudad. Hoy celebramos la edición número 26 de esta conferencia, que nació en el año 1983 por iniciativa del alcalde Maragall.
Es una conferencia a caballo entre dos años, y es, a la vez, balance del año que acaba y, sobre todo, proyección del año que empieza. Es una tradición cívica porque es un encuentro del alcalde con la sociedad civil, representada por el Colegio de Periodistas de Cataluña y por todos los asistentes. Desde el año pasado es también una muestra de diálogo, ya que hemos abierto la posibilidad de que los periodistas planteen preguntas al finalizar la intervención del alcalde.
Creo que este acto también nos sirve para reivindicar la identidad de ciudadanos, tanto de los políticos como de los periodistas. Creo que políticos y periodistas nos tenemos que sentir, ante todo, ciudadanos. Ahora hace un año, este fue uno de los últimos actos en que participó Josep Maria Huertas Claveria como decano del colegio. Lo recuerdo especialmente por reivindicar este doble compromiso de periodista y ciudadano. Huertas fue uno de los mejores ejemplos del periodista que se implica en la transformación y el progreso de su ciudad, como Paco Candel o Albert Musons, que desgraciadamente también nos han dejado durante el 2007.
Además, permítanme, aunque quizás no me toque, reivindicar también la figura del político como ciudadano. Ahora que la sociedad se muestra muy crítica con el ejercicio de la política, yo quisiera defender la función de servicio colectivo por parte de los políticos en una democracia.
A los políticos les toca el liderazgo de los proyectos colectivos, la gestión eficaz, el coraje en la toma de decisiones difíciles. A los periodistas nos toca preguntar −es lo que haremos cuando acabe la conferencia−, informar, opinar y ejercer la crítica. Los políticos tienen la legitimidad democrática para ejercer el poder, y los periodistas, el mandato, también democrático, de ejercer la libertad de expresión al servicio de la ciudadanía.
En este sentido, el de hoy es un acto cívico en el cual el político, el alcalde de Barcelona, cumple su papel, y los periodistas el nuestro. Creo que esta relación se tiene que desarrollar desde el respeto mutuo. Un respeto −permítanmelo recordar hoy y aquí− que tiene que ser especialmente cuidadoso en el ámbito de los medios públicos, allí donde los políticos tienen la responsabilidad directa a la hora de garantizar los espacios de libertad que los periodistas necesitamos para ejercer nuestra profesión, y donde los periodistas tienen, más que en ningún otro lugar, el deber de la pluralidad y la equidad.
Ya que, de alguna manera, este es un encuentro entre la sociedad civil y el máximo representante de nuestra ciudad, quisiera acabar con una constatación y una solicitud. El año 2007 ha sido un año especialmente difícil para Barcelona, y la ciudad ha tenido motivos para el desánimo y el desconcierto. El 2008 se abre como un año decisivo para encarar el futuro de la ciudad. Por eso me gustaría pedirle al alcalde, al conjunto de líderes políticos y a la sociedad, la misma responsabilidad, ambición y valor de muchas generaciones que nos han precedido y que han hecho posible esta magnífica ciudad que tenemos y, sobre todo, el excelente grado de convivencia entre los barceloneses.
Muchas gracias. Alcalde, tiene la palabra.
Muchas gracias, señor Rius, decano del Colegio de Periodistas de Cataluña. Autoridades, amigos y amigas:
Os agradezco que estéis aquí, en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, en este acto que celebra su 26.ª edición. Un acto que se ha convertido en tradición democrática en una ciudad donde siempre ha gustado la reflexión y el debate.
Para mí es un orgullo estar aquí. Me estrené el año pasado, en esa ocasión en el Colegio de Arquitectos. Hacía tres meses que era alcalde. Hoy vengo después de un año de experiencia, un año intenso que analizaremos y del cual trataremos de extraer algunas conclusiones.
Normalidad democrática: un valor fundamental. Ayer, muchos de los ahora presentes estábamos aquí mismo, entre estas paredes, compartiendo sentimientos muy profundos. Nos emocionamos viendo el documental Bucarest. La memòria perduda y homenajeando a Jordi Solé Tura. Lo digo, porque conviene recordar que esta normalidad democrática se ha construido mediante biografías de personas que, en tiempos mucho más difíciles, han luchado y han hecho posible, entre muchas otras cosas, que un nuevo alcalde de Barcelona pueda celebrar la 26.ª conferencia de balance de la ciudad.
Gracias a luchas como la que ayer rememoramos, ahora podemos disfrutar de la normalidad democrática, y sobre esta normalidad, debatir, hablar, pensar y proyectar.
Esta ciudad la ha construido mucha gente y, en este sentido, yo también quiero destacar a Josep Maria Huertas, que el año pasado me presentó como decano del colegio. Recordaréis que de vez en cuando se tenía que ir de la sala porque estaba muy enfermo. Yo le había presentado un último libro donde hablaba de Barcelona. Huertas ha sido una de las personas que más ha explicado cómo es esta ciudad y su gente. El libro trata de mitos y gente de Barcelona, y de los barrios. Siempre tendré presente cuando estuvimos en una nave de Can Fabra, en el barrio de Sant Andreu, y los dos estábamos contentos de ver cómo una antigua fábrica se convertiría en un escenario de futuro de esta ciudad.
También quiero mencionar a Albert Musons. Toda la Gràcia que se mueve, es decir, toda Gràcia, lo lloró, porque precisamente había hecho de notario de todo lo que allí se movía. Como dice el decano, periodistas que han sido ciudadanos y que, a través del periodismo, han mejorado esta ciudad.
Otro periodista: Luis Arribas Castro, a quien por cierto me han pedido, no tanto dedicarle una calle, sino poner su nombre a un árbol. Tenía un programa llamado La ciudad es un millón de cosas. Un año de una ciudad tan apasionada, tan densa y tan espectacular como Barcelona da para que podamos ver muchas cosas. No sé si un millón, pero sí muchas
.Os invito a ver un vídeo con el que podremos dar un repaso a lo que ha representado el 2007. Un año en el cual todos tenemos claro que ha habido algunas imágenes que lo han marcado, y que son centrales en el análisis que se ha de hacer, pero un año en que se evidencia que la ciudad se compone de muchas imágenes.
Todo eso, y mucho más, ha sucedido en el 2007 en Barcelona.
En el 2007 esta ciudad y este país han sufrido fuertes sacudidas que tienen que ver con un ámbito clave, las infraestructuras. La ciudad ha sufrido problemas que la han puesto realmente a prueba. Sin embargo, quiero destacar que esta es una ciudad, un área metropolitana, que funciona, y el último año ha podido contrastar su potencial, su fuerza. Es una ciudad que tiene una gran solidez, que es capaz de afrontar algunos de los aspectos preocupantes de las infraestructuras.
Barcelona ha sabido responder a las adversidades. Hemos tenido grandes adversidades que, a la vez que expresaban alguna de las debilidades de la ciudad, expresaban su fortaleza y la capacidad de encararlas.
En el 2008, en estos términos, será un punto de inflexión. En materia de infraestructuras, ha empezado una nueva etapa en Barcelona y en la región metropolitana.
Los ciudadanos, y he hablado con muchos durante estos años, me han expresado su indignación en los momentos en que ha habido problemas graves, pero también su confianza, ganas de luchar y mirar adelante. Por lo tanto, habiendo demostrado fortaleza, tenemos la capacidad de hacer realidad un magnífico proyecto de la ciudad, y como alcalde estoy decidido a hacerlo posible.
Uno de los hechos significativos sucedidos en el 2007 es que los ciudadanos de Barcelona han hablado, han manifestado su voluntad desde el punto de vista político. Se han celebrado elecciones municipales, y los resultados han ratificado un gobierno de progreso y catalanista, formado por el Partido de los Socialistas de Cataluña y por Iniciativa per Catalunya. Un Gobierno que, quiero dejarlo bien claro, inicia la nueva etapa de una colaboración que tiene un largo recorrido.
Ha habido una segunda derivada que ha cambiado el esquema existente durante los últimos años. Un partido, Esquerra Republicana, decidió no continuar en el Gobierno municipal. Es una decisión que respetamos, pero quiero destacar que se mantiene abierta la posibilidad de caminar juntos y acordar aspectos importantes de la ciudad.
En cualquier caso, tenemos una nueva situación política. Una situación en la cual hay un Gobierno formado por dos fuerzas políticas y con capacidad para desarrollar su proyecto de ciudad. Un Gobierno que, en las cuestiones de acción ejecutiva que necesitan la mayoría del Consejo plenario, tiene la necesidad, la vocación y la obligación de ir a buscar el acuerdo.
Tenemos que articular las mayorías con un esquema diferente a como lo hacíamos normalmente, pero el Gobierno tiene claro cuáles son las prioridades y el método para concretarlas. En este sentido, quiero destacar y agradecer a Iniciativa per Catalunya el hecho de que tengamos un proyecto, y también un trayecto, compartido. Al mismo tiempo quiero manifestar que tenemos la mano extendida para poder articular y pactar con el resto de fuerzas políticas, sobre todo con aquellas con las cuales hemos compartido responsabilidades de gobierno. No cerramos la puerta a nadie, pero sabemos dónde queremos ir y cómo hacerlo.
El acuerdo de Gobierno suscrito al empezar el mandato es nuestra hoja de ruta. Mañana mismo, en la reunión de la Comisión de Gobierno, aprobaremos el Programa de Actuación Municipal. Lo hemos elaborado después de cuatro meses de trabajo con la ciudadanía, y constituye un magnífico programa para seguir transformando esta ciudad.
Más de 26.000 barceloneses y barcelonesas nos han hecho comunicado sus propuestas, sus sugerencias, sus críticas. Y tengo que decir que estas aportaciones han enriquecido mucho los campos sectoriales y todos y cada uno de los distritos.
Someteremos este programa de actuación a la aprobación y la colaboración política; iremos a buscar el acuerdo político. Mientras tanto, nosotros empezaremos a desarrollar este proyecto.
Para hacerlo posible, hemos aprobado un gran instrumento, el presupuesto. Está allí/Es aquí donde las prioridades políticas se convierten en asignación de recursos, y eso lo hemos podido hacer gracias al acuerdo con Esquerra Republicana. Es la demostración de que cuando existe voluntad de trabajar en beneficio de la ciudad, cuando la actitud es responsable, entonces el entendimiento es posible.
Así, pues, tenemos el eje estratégico y las ideas; los proyectos, los objetivos y las medidas, y tenemos el presupuesto. Además, tenemos, quiero subrayarlo, un equipo magnífico, tanto de concejales como de toda la estructura ejecutiva del Ayuntamiento. Lo he dicho varias veces, y hoy quiero reiterarlo: en la gente que sirve a la ciudad desde el Ayuntamiento, Barcelona tiene un gran activo. Es un equipo que, en tanto que instrumento de transformación, sabe que ante nuevos retos el mismo Ayuntamiento también se tiene que reformar. En eso estamos, y los últimos meses hemos trabajado intensamente para pulir la herramienta que ha de servir para liderar una nueva etapa.
Las infraestructuras, como decíamos, han marcado mucho el último año desde el punto de vista del debate social y político. Han pasado muchas más cosas, pero no podemos minimizar lo que ciertamente ha sido muy significativo.
Hace cerca de un año, en el Colegio de Ingenieros Industriales, expresé que este es un país que ha crecido mucho en términos económicos, sociales y demográficos, y afirmé que, con respecto a ciertas infraestructuras, "el traje se nos ha quedado pequeño".
También dije hace tiempo, y lo he repetido frecuentemente, que nada de lo que les pasa a los barceloneses y barcelonesas me es ajeno, independientemente de las competencias que tenga el Ayuntamiento. Hoy lo quiero reiterar: todo lo que repercuta a los barceloneses y barcelonesas nos afecta, nos preocupa, nos ocupa.
Esta tesis, que es voluntad, vocación y evidencia, yo la he vivido más que nunca en los últimos meses. Desde esta experiencia nosotros seremos exigentes y, al mismo tiempo, cómplices con las diversas instancias responsables de dar el giro.
En materia de infraestructuras, del 2007 podemos obtener diversas conclusiones. Una es que tienen efectos absolutamente tangibles. Las infraestructuras inciden en el desarrollo económico de la ciudad, en la cohesión territorial y en la cohesión social.
La otra gran lección es que las infraestructuras tienen, y han tenido, una gran trascendencia simbólica. Esto es algo intangible, pero es innegable que algunos hechos han afectado a la moral colectiva. Como decía antes, se ha evaluado la fortaleza de Barcelona y su entorno metropolitano, pero más allá de los impactos concretos, ha habido, hay, algo asociado a la metáfora o a la imagen que tiene la ciudad.
También se ha puesto claramente de manifiesto una circunstancia que para nosotros es una evidencia: cuando Barcelona tiene problemas, cuando el área de Barcelona tiene problemas, Cataluña tiene problemas. Y cuando la región de Barcelona tiene problemas, el Estado español tiene problemas. Esta es una visión que alguien había puesto en duda, y que a menudo se utiliza únicamente para reforzar un mensaje negativo.
Nosotros estamos para construir en positivo la centralidad y la capitalidad de Barcelona. Cuando Barcelona ha tenido problemas, eso se ha convertido en un grave problema general. Ahora es necesario que seamos capaces de reflexionar en positivo. Para desarrollar un buen proyecto de Estado, para desarrollar un buen proyecto de país, ya para siempre quedará claro que hay que cuidar de Barcelona, y eso quiere decir, entre otros aspectos, unas buenas infraestructuras.
Creo que esta es una de las lecciones que todos hemos aprendido, incluidos quienes durante años negaron la capitalidad de hecho, la importancia de las infraestructuras de Barcelona. Ahora todo el mundo reconoce que somos una pieza fundamental para la construcción de este país. Como alcalde de Barcelona, yo tomo nota, también para siempre, que en torno a eso ya hay unanimidad. Esta es una base esencial que jamás habrá que olvidar.
Estamos consolidando los cimientos sobre los cuales se basa la gran transformación de Barcelona, y tenemos que aprobar, todos juntos, esta gran asignatura. Una asignatura que ha puesto a prueba Barcelona, y Barcelona la ha superado. De lo contrario, ahora no podríamos decir que a principios del 2008 encaramos muchos proyectos.
Si la imagen y la realidad de Barcelona hubieran quedado tan estropeadas como a veces ha parecido, no estaríamos en condiciones de plantear todo lo que nosotros vamos explicando y desarrollando.
Prueba superada, entonces. No obstante, no lo olvidaremos. Cuando el foco mediático o el gran interés político de la inmediatez se vaya, nosotros seguiremos y perseguiremos la resolución a partir de todo lo que se ha ido expresando como carencia en el 2007. Seremos los primeros en trabajar para garantizar el camino hacia una Barcelona fuerte y ambiciosa.
Quiero hacer un elogio: la actitud de los ciudadanos en medio de las crisis, que merece el máximo reconocimiento. Hemos investigado qué ha pasado en otras ciudades del mundo occidental cuando el suministro eléctrico se ha cortado más de un día, y os aseguro que el panorama es incomparable con respecto a Barcelona. Analizad el orden que hubo, las noches que vivimos, durante las cuales los ciudadanos expresaron su protesta... pero lo hicieron de forma absolutamente cívica, de forma clara, pero plenamente correcta.
Cuando hablo de la fortaleza de esta ciudad me refiero, también y básicamente, a la fortaleza de la ciudadanía, a su cohesión. En momentos de mucha dificultad, en momentos en que incluso el orgullo se puede ver ultrajado, la ciudadanía ha mantenido un comportamiento admirable. Barcelona es una ciudad fuerte porque lo es en su esencia.
Asimismo, permitidme resaltar la eficacia de todos los servicios municipales y otras instituciones. En los momentos de crisis, nos hemos movilizado desde el primer momento para atender a los ciudadanos. Lo hemos hecho con devoción, con vocación, con espíritu de servicio, y eso también hay que reconocerlo, porque son muchos los ciudadanos que sufren, y hay que actuar.
Está claro, entonces, que gestionamos bien las crisis. Sin embargo, os tengo que decir que este alcalde que os habla está un poco cansado de gestionar bien, correctamente, las crisis. Nosotros trabajaremos para que no haya crisis.
En el mundo moderno puede haber incidencias, hay incidencias. El riesgo cero, el error cero, no existe, pero trabajaremos intensamente para no tener que volver a vivir algunas de las experiencias que hemos vivido en el 2007.
Eso nos obliga a todos, tanto a instituciones públicas como a empresas privadas, empresas que en ciertos momentos se paseaban por aquí como si nada hubiera pasado, y en eso no estoy de acuerdo. Insistiremos, pues, tranquilamente, pero sistemáticamente.