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Una visita al parque del Guinardó

31/05/2007 a las 08:00 h.

Textos: Maria Rosa Salvadó

Fotos: Dani García

Por la falda del Turó de la Rovira, bajando hacia la avenida de la Mare de Déu de Montserrat, hay uno de los parques más extensos y con más contrastes de Barcelona. Allí conviven la rusticidad de los montes con la exquisitez de un jardín de arbustos recortados, donde el agua cobra un gran protagonismo. Abajo de todo, tocando a la calle, un niño travieso hace girar su rueda en medio de un mar de flores.

El parque del Guinardó tiene tres partes diferenciadas: una urbana, que se convierte en la antesala del gran espacio que ocupa esta zona verde; otra histórica, y más arriba, la frondosidad de la vegetación forestal. Las terrazas ajardinadas y los pinares convierten este lugar en uno de los espacios verdes más refrescantes y plácidos de la ciudad.

Barcelona disfruta de este parque gracias a las reservas de suelo que se establecieron hacia principios del siglo XX. Se trata de una finca encarada al mar, que en el año 1910 pasó a ser propiedad municipal.

La parte urbana

Es fruto de la remodelación hecha en la parte inferior del parque en el año 1977, que fue ampliada y se enlazó con la plaza del Nen de la Rutlla (niño de la rueda), donde está ubicada la entrada principal del parque. Está formada por terrazas situadas en diferentes niveles separadas por taludes con césped, árboles y arbustos.

Este espacio del parque, tan cerca de la calle, invita a pararse y a sentarse en un banco para descansar un rato a la sombra de enormes pinos y tipuanas que, en verano, se colman de flores amarillas y, cuando caen van cubriendo el suelo con una alfombra, tan bonita, que muchas veces los jardineros se resisten a barrerla.

Los árboles del amor, las moreras, los olmos y los olivos son otros árboles que ornamentan esta zona del parque. Delante de todo, un gran parterre donde la figura del niño que da nombre a la plaza nos recuerda los tiempos en que, para jugar, bastaba con algo tan sencillo como una rueda y un palo para hacerla girar.

La parte histórica

Es un jardín frondoso, de valor histórico, creado por Jean Claude Nicolas Forestier en colaboración con Nicolau M. Rubió i Tudorí. De factura eminentemente áspera, se enfila siguiendo el eje de un torrente. Empieza en la Fuente del Cuento y asciende por la montaña mediante terrazas comunicadas por caminos y escaleras que culminan en un lavadero donde se puede disfrutar de la primera de las magníficas vistas de Barcelona que se pueden contemplar desde diferentes puntos del parque del Guinardó.

En el espacio central de la subida, hay muros de piedra surcados por pequeños canales donde corre el agua que baja desde el lavadero, formando cascadas y llenando estanques donde abundan especies acuáticas. Cerca del agua podemos encontrar Lobelia laxiflora, una especie vivaz de flores rojas muy ornamentales poco frecuentes en Barcelona.

Grandes vallas vegetales muy bien recortadas bordean los caminos, y son abundantes arbustos como el pitósporo, el laurel y la adelfa, y plantas aromáticas como el romero y el espliego. También hay muchos algarrobos, cipreses, cedros, mimosas y encinas, la mayoría de grandes dimensiones.

La Fuente del Cuento

Al principio de la zona histórica del parque, hay una fuente que Forestier integró en su proyecto, y donde Rubió puso unas antiguas inscripciones sobre piedra que desde 1739 se encontraban en el frontal de la mina primitiva. Como normalmente la fuente manaba poco, la gente, mientras se esperaba para recoger agua, se contaba cuentos. Por los alrededores de la fuente también solía haber parejas, y por eso se decía que era una fuente con mucho cuento. Así pues, durante muchos años, esta fuente tuvo una gran tradición en el barrio.

La parte forestal

De fuerte pendiente, está constituida por una importante arboleda que rodea la parte más alta de la zona histórica, como si fuera un anfiteatro, y se va extendiendo colina abajo. Todo está lleno de caminos que se cruzan, donde es frecuente encontrarse gente paseando, jugando con sus perros o yendo en bicicleta. Hay espacio para todos.

Puestos a escoger, en esta zona del parque destaca un bosquecillo de cedros y los dos mil pinos que ya hace unos cuantos años se plantaron en la zona del Mirador de la Mitja Lluna, una gran explanada al lado de la plaza del mismo nombre. Como el parque es bastante empinado, es un buen sitio para los que prefieran visitarlo de bajada. Un bus, el 28, te deja allí mismo.

Si la vista de Barcelona desde el Mirador de la Mitja Lluna es bonita, la que se ve desde el Mirador de Sant Joan no lo es menos. En días claros, abarca desde Sant Pere Màrtir hasta Montjuïc y Montgat. Como la altura por toda la zona forestal del parque es considerable, en verano es mejor ir a última hora del día, por el fresquito, que te invita a hacer una merienda-cena en el merendero.

Sabías que...

El nombre Guinardó está vinculado a una antigua masía cercana al parque: la masía Guinardó, actualmente centro de entidades del distrito. Sin embargo, hay muchas más cosas tras este nombre, tal como explica Joan Corbera i Palau, del Grupo de Historia del Guinardó de la Cooperativa Cultural Rocaguinarda.

El origen de la palabra "Guinardó" procede, muy probablemente, de "guinarda", 'zorra' en catalán antiguo. La masía Guinardó, pues, tomaría el nombre de este animal tan listo. Pero esta no es la única explicación.

Cuando Miguel de Cervantes vino a Barcelona se alojó en esta masía, que parece que pertenecía al famoso bandolero Perot Rocaguinarda. Es de este personaje de donde, quizás, también puede que provenga el nombre de Guinardó.

Se habla de la existencia de pasadizos secretos, largos y laberínticos, que permitían a Rocaguinarda zafarse cuando era asediado por las tropas del virrey, ya que comunicaban la masía con el interior de la antigua Barcelona amurallada. Incluso hay quien afirma haber recorrido algún tramo.

Rocaguinarda, hijo de Oristà, y conocido como Perot lo Lladre, tuvo tal denominación hasta que Cervantes se hizo resonancia de este en el Quijote. Fue miembro del bando de los nyerros, en una época -el siglo XVI- en que el bandolerismo tenía más que ver con pertenecer a un bando que con los robos. Más que malhechores, fruto de los enfrentamientos entre feudales, fueron instrumentos para dirimir los pleitos entre las personas más influyentes de la época, y que desaparecieron cuando hubo que hacer frente común en la Guerra de los Segadores.

FICHA TÉCNICA

Distrito: Horta-Guinardó

Superficie: 15,90 ha

Situación: delimitado por la plaza del Nen de la Rutlla y las calles de Florència, Budapest, Josep Serrano, Turó de la Rovira, Labèrnia, el paseo de la Font d'en Fargas y las calles de Descans, Pintor Pradilla y Garriga i Roca

Catalogación: jardín histórico

Proyecto: Jean-Claude Nicolas Forestier, con la colaboración de Nicolau M. Rubió i Tudurí (1916)

Apertura al público: 1918

Remodelación: Lluís Riudor i Carol y Joaquim M. Casamor i d'Espona, en 1977

Rehabilitación integral: Parques y Jardines de Barcelona, Instituto Municipal, en el 2007

Horario: espacio abierto, accesible las 24 h

Accesos: plaza del Nen de la Rutlla, calle de Garriga i Roca y calle de Florència

Equipamientos: áreas de juego infantil, merendero

Servicios: bar

Transporte: bus: 28, 31, 32, 39, 55, 74, 114, 117, 119. La línea 28 conecta la plaza de Catalunya con la parte más alta del parque (última parada: calle de la Gran Vista-plaza de la Mitja Lluna).

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