Ajuntament de Barcelona

Visca-Barcelona

Barcelona me enamora
Amparo Moreno
¿Vives donde te gusta vivir?
Estoy encantada, porque vivo en un lugar privilegiado: es barrio y, a la vez, es ciudad. Al lado mismo tengo un mercado, un hospital y los bomberos, por si las moscas.
¿Te gustaría cambiar de barrio o de calle? ¿Por qué y a dónde?
De ningún modo lo cambiaría. Si la vida me diera un golpe de suerte y me hiciera millonaria, diría: "Muchas gracias, Pedralbes, muchas gracias, Sarrià, pero yo me quedo donde estoy". Y seguiría viviendo donde vivo. Yo necesito poder ir a comprar el pan, y el diario, y los tomates al lado de casa.
¿Haces vida en tu barrio? ¿Tienes cerca aquellas tiendas que necesitas? (panadería, colmado o tintorería)
Hago vida total en el barrio. Cada mañana voy al gimnasio, que está delante del Ninot, y ya voy con el carro de la compra. Cuando salgo, sólo tengo que cruzar la calle, cargar, y hacia casa, total: cuatro pasos.
Además de hacer las compras cotidianas (si las haces), ¿tienes los establecimientos y servicios para resolver todas tus necesidades?
Al lado de casa me arreglan la ropa, el ordenador, y tengo la pelu, la depilación... y una pastelería que, para hacerme pecar aún más, es buenísima. En una palabra, es como si estuviera en Lourdes: hay solución para todo.
¿Paseas por tu barrio o te acercas a otras calles y zonas?
Mi barrio me lo tengo tan pateado que cuando quiero pasear de verdad, me voy al Barri Gòtic, que es otra zona de Barcelona que me tiene cautivada.
¿Cuáles son tus cines, teatros y locales nocturnos favoritos?
Los cines y teatros los escojo por la obra o la película que hacen. Para salir de noche, me gusta mucho el Cómico Cómico, donde actúa Magin, que es un artista extraordinario. También me gusta ir al Picasso, el cabaré de la calle de Elkano, donde está Tona Olmedo, que canta la canción española como nadie.
¿Y tus restaurantes, tascas o cafeterías.?
Tengo mi restaurante entrañable: Can Lluís, en la calle de la Cera, donde siempre ha ido tanta gente del teatro. Es fantástico ver cómo la gente del barrio se mezcla, mesa con mesa, y de una manera tan familiar, con los actores más famosos del país, e, incluso, unas cuantas estrellas de Hollywood.
¿Algún espacio público que te guste para ir a conversar?
El turó Parc, que es un pulmón muy bonito de la ciudad, con aquel chiringuito donde, durante tantos meses del año, puedes tomar el solete y prescindir del sol de máquina. Y mira, te pones morena tomando una copita, ¡es fantástico!
Si tienes que hacer de cicerone de algún visitante, ¿Qué le enseñas?
Cuando nos viene gente de fuera, con Guillermo, que ya hace un puñado de años que es mi pareja, la subimos a la Torre de Collserola, eso lo primero, a veces desde el mismo aeropuerto, y le decimos: "Mirad, Barcelona a vuestros pies, después ya nos adentraremos..." Y os juro que les caen las lágrimas.
¿Cuál es el adjetivo más apropiado, gracioso o chocante que te han dicho de Barcelona? ¿Y cuál le pondrías tú?
Contestaré con un comentario sobre Cataluña que nos afecta a todos los catalanes: una vez, escuché a Mendoza, que fue presidente del Real Madrid y uno de los amos del Panam's, el cabaré de La Rambla, que decía: "En Cataluña tienen las mejores autopistas de España". Nos dicen cosas de éstas, con retintín, pero no dicen que nosotros las pagamos. Y el mejor adjetivo que yo pondría a Barcelona es "mía".
¿El mejor rincón (un parque, un café, un banco...) para tener una cita romántica o hablarle al oído a la persona amada?
El castillo de Montjuïc, en aquellos rincones pequeños y abrigados que servían para hacer la vigilancia, donde la brisa del mar te deshace el peinado y te lo deja hecho unos zorros, pero, ¡qué importa!
¿Qué lugar, del mar al Tibidabo, te trae más recuerdos?
¡Tengo tantos imborrables! Sobre todo de la infancia, en aquel triste país de posguerra. Mi madre era hiladora en la Espanya Industrial, y recuerdo el comedor de los trabajadores y sus hijos donde me daban un arroz hervido con un ajito que a mí me parecía la gloria. El día que nos queríamos hacer un poco los ricos, como el bolsillo no daba para coger un avión de verdad, me subían al avión del Tibidabo. Otro gran recuerdo es el huertecillo, la "torre" (entre comillas, claro está) que mi familia tenía entre los campos y el fielato de Les Corts; todos los festivos íbamos allí, a comer arroz y beber el agua del cántaro bajo la higuera, al lado de una alberca de agua que a la niña Amparito le parecía la mejor de las piscinas. Nos la desahuciaron por cien pesetas cuando hicieron el Camp Nou.
¿Qué olores o qué colores, cuando los hueles o los ves en cualquier parte del mundo, te recuerdan enseguida a Barcelona?
El olor del pescado, del pescado mezclado, de gambas y sardinas, por ejemplo, que hacen mucho olor... En cuanto al color, Barcelona es azul, pero también naranja, y para una Leo como yo, el naranja es muy significativo, quiere decir "sol y mar", y el sol y el mar llevan enseguida a Barcelona.
Si has tenido que dejar la ciudad por una temporada, ¿qué es lo que más has añorado?
Viajo bastante por trabajo, viajo mucho a Madrid, donde estoy encantada, mucho, pero añoro cosas: no oír mi lengua tanto como quisiera, lo primero. Y que, queramos o no, cada ciudad tiene un talante especial, propio, difícil de explicar, pero que lo necesitas como el respirar, o yo al menos lo necesito como el respirar.
De los cambios que se han hecho en la ciudad estos últimos tiempos, ¿Cuál te satisface más?
Todo lo que se ha abierto al mar; antes, pero no tan antes, cuando yo era pequeña, estaba como cerrada al mar. También me gusta esta moda de la gastronomía, convertir la comida en un placer. Y estoy muy orgullosa de que un colega de L'Hospitalet, de una familia tan sencilla como la mía, haya conseguido esta categoría mundial, hablo de Ferran Adrià, claro está. Porque, no os lo he explicado, pero yo nací en L'Hospitalet, aunque en casa me empadronaron en el domicilio de un pariente, en Barcelona, porque, en aquellos años, en Barcelona daban leche a los niños, y en L'Hospitalet, no.
¿Cuál no te gusta, y qué harías para dejarlo a tu gusto?
Me gustaría que todos los edificios tuvieran su propio aparcamiento, sin problemas de zonas azules o verdes. Que la nuestra no fuera la ciudad más cara del mundo. Y que el resto de España no nos pidiera tanto dinero, como si nuestra bolsa no se tuviera que acabar nunca.
Añade aquello que te gustaría decir y que no te hemos preguntado.
Me gustaría explicar que cuando vuelvo a Cataluña y veo Montserrat, el corazón se me ensancha y pienso: "Ya estoy en casa", y cuando bajo del avión y siento el olor del mar, me sube la bilirrubina, y ya no necesito nada más para ser feliz.