Sí, me gusta vivir en el centro, y en la calle de la Canuda estoy muy bien. Antes vivía en la plaza de Sant Josep Oriol, y nunca volveré a tener un piso tan fantástico como aquel. Pero yo soy un damnificado de los músicos de calle. En Ciutat Vella hay muchos, y es un problema difícil de resolver, del que sólo se es consciente cuando te toca vivirlo: es horroroso, aunque hay músicos que son muy buenos, los hay que repiten la misma música cada veinte minutos, todo el santo día.
¿Te gustaría cambiar de barrio o de calle? ¿Por qué y a dónde?
Durante años viví en el Eixample. Estaba bien, pero cada día necesitaba una excusa para bajar a Ciutat Vella, hasta que decidí instalarme allí. Como no tengo coche, el metro y el taxi son mis medios de transporte, y desde el centro tienes un servicio radial magnífico. Ahora, ni me planteo la idea de un cambio.
¿Haces vida en tu barrio? ¿Tienes cerca las tiendas que necesitas? (panadería, colmado o tintorería)
Hago vida total en el barrio, y todo lo compro aquí. Es una de las grandes ventajas de vivir en el centro: tienes todas las ofertas.
Además de hacer las compras cotidianas (si las haces), ¿tienes los establecimientos y servicios para resolver todas tus necesidades?
Todas, no hay duda. Si tengo algo que objetar es que las empresas grandes y las marcas están liquidando el pequeño comercio; es una pena. Esta es la parte negativa del cambio que ha hecho la zona.
¿Paseas por tu barrio o te abres a otras calles y zonas?
Paseo mucho por mi barrio. Tengo a un paso la plaza de la Vila de Madrid, la Rambla y el Raval, con su nueva rambla, que tiene el ambiente más multicultural de la ciudad.
¿Cuáles son tus cines, teatros y locales nocturnos favoritos?
No tengo cines y teatros preferidos, voy según la oferta. Por cierto, hoy los teatros se han descentralizado y me parece muy bien: el Nacional en Glòries, el Lliure en Montjuïc. Por otra parte, me he hecho mayor y hace tiempo que dejé de fumar y de tomar alcohol; esto te hace ver la vida de otra manera. Quedas con los amigos en casa, y las veladas nocturnas se han convertido en tertulias muy tranquilas. Esto no quita que alguna vez vaya a Bikini o a Luz de Gas a ver algo concreto.
¿Y tus restaurantes, tascas o cafeterías...?
Voy poco a los restaurantes, y si lo hago son los de toda la vida, con cocina de la abuela.
¿Algún espacio público que te guste para conversar?
En verano, la playa, soy un consumidor de playa, socio del Club Barceloneta, me paso horas allí. Y en invierno, aprovechando que nuestro clima es tan agradable, cualquier terraza por debajo del Zúrich, sobre todo las de la rambla del Raval. Por cierto, una amiga me descubrió una terraza deliciosa en Montjuïc, la Caseta del Migdia, muy relajante, con unas vistas fantásticas que van del romanticismo del parque a la dureza y la actividad del puerto.
Si tienes que hacer de cicerone de algún visitante, ¿qué le enseñas?
La Sagrada Família y el Gòtic son inevitables, además te lo piden. Pero como soy excesivamente académico, organizo recorridos didácticos, como Barcelona desde los fundamentos: el Born y la Ribera explicando el anecdotario. Y si es gente de teatro, por ejemplo, los llevo al Espai Brossa, que es una sala alternativa, pero exquisita y muy peculiar.
¿Cuál es el adjetivo más apropiado, gracioso o chocante que te han dicho de Barcelona? ¿Y cuál le pondrías tú?
Yo plagio directamente a Segarra o a Pla: Barcelona es "la gran hechicera". La gente de fuera me dice que es entrañable, próxima, familiar...
¿Qué lugar, del mar al Tibidabo, te trae más recuerdos?
La plaza del Rei. De jovencito iba con amigos a leer libros de poemas. Allí estrené una obra cumbre en mi vida y en mi carrera: Hamlet, y allí monté una manifestación cultural que creo irrepetible: a lo largo de tres meses, cada lunes, hicimos lecturas de poemas y de textos teatrales, en una reflexión contra la guerra a la que nos llevó el señor Aznar, y tengo que decir que participó todo el mundo teatral de Barcelona.
El mejor rincón (un parque, un café, un banco...) para tener una cita romántica o hablarle al oído a la persona amada.
La nueva Ciutadella, que estructuralmente no ha cambiado nada, pero que se ha convertido en un escenario fantástico donde se reúne toda la inmigración a pasear con los niños, a tomar el té, a jugar... y todo de una manera muy civilizada.
¿Qué olores o qué colores, cuando los hueles o los ves en cualquier parte del mundo, te recuerdan enseguida a Barcelona?
Barcelona ha cambiado mucho de olores y en cada calle son diferentes. Hoy, las zonas aburguesadas del mundo varían muy poco de olores, y cada vez se asemejan más. Y tiene zonas como el Raval que por el olor ya no sabes dónde estás, si en el Oriente Medio o en Barcelona. En cambio, en cuanto a colores no hay duda: el azul, un azul cálido, con demasiada polución a veces, pero azul.
Si has tenido que dejar la ciudad por una temporada, ¿qué es lo que más has añorado?
Procuro no añorarme, aclimatarme y disfrutar de cada lugar como si estuviera en Barcelona. Pero a veces echo de menos los espacios que son míos, que tengo como hitos.
De los cambios que se han hecho y se hacen en la ciudad estos últimos tiempos, ¿cuál te satisface más?
El abrirse al mar. Muchas veces paseo desde la Barceloneta hasta la Mar Bella, casi hasta el Besòs por la Ribera, y es una joya.
¿Cuál no te gusta, y qué harías para dejarlo a tu gusto?
No seré original: que la gente haya convertido en costumbre orinar en la calle, no lo soporto. No puede ser que los fines de semana estas calles del centro sólo huelan a orín. Esto es una infracción de civismo que se tiene que combatir, igual que se combaten las infracciones de tráfico.
Añade aquello que te gustaría decir y que no te hemos preguntado.
Me gustaría que desde todos los medios posibles y de todas las maneras posibles, se animara a la gente a ir al teatro, y en general, para que se divierta. Estamos en un mundo demasiado serio, ¡y es tan importante divertirse!