Vivo en Barcelona desde hace veinte años pero antes viví en Terrassa, en Gavà y en Sabadell, donde nací. Soy actor, y actualmente estoy representando la obra El mètode Grönholm, de Jordi Galceran; trabajo en la telenovela Ventdelplà, de Diagonal TV, y en trabajos esporádicos de doblaje y locución.
¿Te gustaría cambiar de barrio o de calle? ¿Por qué y a dónde?
La calle de Sardenya no es el paraje más idílico del planeta, pero yo prefiero vivir allí donde hago vida. Fuera de la ciudad, me gusta más la perspectiva del comprador ocasional que la del residente.
¿Haces vida en tu barrio? ¿Tienes cerca las tiendas que necesitas? (panadería, colmado o tintorería)
Tenemos lo esencial a cuatro pasos, compramos cómodamente y conocemos a los comerciantes; con ellos tenemos ese tipo de relación personal que humaniza a la gran ciudad exactamente igual que al pueblo pequeño.
Además de hacer las compras cotidianas (si las haces), ¿tienes los establecimientos y servicios para resolver todas tus necesidades?
La oferta comercial de mi barrio es extraordinaria, quizás de las mejores de la ciudad; desde extracciones de sangre hasta escuelas de náutica en un radio de cuatro manzanas. Lo que echo de menos es una gran librería.
¿Paseas por tu barrio o te abres a otras calles y zonas?
Para mí la mitad del placer de pasear viene del placer de descubrir tranquilamente, con dilación, cambiando de itinerarios, dando rodeos y curioseando.
¿Cuáles son tus cines, teatros y locales nocturnos favoritos?
Los cines Verdi e Icària, los teatros Poliorama y Romea. De noche, los locales El Aleph y Jamboree.
¿Y tus restaurantes, tascas o cafeterías...?
Restaurantes, hay muy buenos, pero los que frecuento son, por orden de cartera: Roig Robí, A Contraluz, Flash-flash y el bar Casajuana, en mi barrio.
¿Algún espacio público que te guste para conversar?
El puerto. Especialmente el puerto de pescadores. Lástima que no sea un espacio de acceso libre.
Si tienes que hacer de cicerone de algún visitante, ¿qué le enseñas?
Día 1: Montjuïc-Poble-sec. Día 2: paseo de Gràcia-Rambla-Gòtic-calle de Montcada. Día 3: Fórum-playa-Barceloneta. Día 4: Parc Güell-Sagrada Família-Palau de la Música.
¿Cuál es el adjetivo más apropiado, gracioso o chocante que te han dicho de Barcelona? ¿Y cuál le pondrías tú?
El título de uno de los capítulos del libro de Robert Hughes dedicado a Barcelona: "Color de perro que huye". Se refiere a la Barcelona preolímpica.
El mejor rincón (un parque, un café, un banco...) para tener una cita romántica o hablarle al oído a la persona amada.
Depende de la persona amada; si es ambiciosa, el restaurante del Hotel Arts. Si es imaginativa, la Fundación Miró. Si es deportista, la glera del Besòs. Si es más bien reprimida, el rompeolas. Si no está por romances, el Bagdad.
¿Qué olores o qué colores, cuando los hueles o los ves en cualquier parte del mundo, te recuerdan enseguida a Barcelona?
El olor de las granjas donde preparan suizos de chocolate a la taza y nata, y esos olores se mezclan con el del café. Cuando yo era un niño las visitas a Barcelona significaban a menudo una merienda en una granja. No es el olor de pastelería ni de churrería, pero tampoco exactamente el de cafetería. Para entendernos, es el olor de la calle de Petritxol.
Si has tenido que dejar la ciudad por una temporada, ¿qué es lo que más has añorado?
Tengo más tendencia a pensar en lo que me ofrece la nueva ciudad y que en Barcelona no encontraba: la urbanidad de Estocolmo, la luz de Lisboa, la atmósfera de Madrid... o las avellanas de Reus. Debe ser porque sé que sólo estaré una temporada.
De los cambios que se han hecho y se hacen en la ciudad estos últimos tiempos, ¿cuál te satisface más?
La gran mayoría son buenos. Se ha conseguido arreglar aquella aglomeración caótica de hace 25 años. Lo que más importa ahora es la integración de los inmigrantes y la sostenibilidad del consumo.
¿Cuál no te gusta, y qué harías para dejarlo a tu gusto?
Una pregunta: ¿queréis que nos compremos un coche hecho en Martorell, que vale veinte mil euros porque está preparado para correr a 180, que pagamos un seguro equivalente a cien carreras de taxi, un impuesto de circulación que no da derecho a bajar del vehículo, que lo encerremos en un aparcamiento de pago durante toda la semana y lo saquemos el domingo por la mañana de ocho a diez para llevarlo a lavar sin pasar de cincuenta? ¿O es que no queréis que nos lo compremos?
Añade aquello que te gustaría decir y que no te hemos preguntado.
Llamadme provinciano, pero no me hace gracia que Barcelona se pueda convertir en una moderna y pujante metrópoli monstruosa.