Vivo en una calle muy tranquila de Gràcia, encantada y feliz. La gente del barrio es maravillosa. Sólo hay que lamentar esas motos terroríficas que llevan unos tubos de escape infernales, y por la noche te despiertan cuando estás en el mejor de los sueños.
¿Te gustaría cambiar de barrio o de calle? ¿Por qué y a dónde?
Estoy muy bien donde estoy. Si tuviera que cambiar lo haría a otro lugar donde hubiera mucha tranquilidad.
¿Haces vida en tu barrio? ¿Tienes cerca las tiendas que necesitas? (panadería, colmado o tintorería)
La compra grande la hago por teléfono a un súper cercano, pero me gusta bajar a la calle y acercarme al colmado para elegir yo misma el jamoncito y esas cosas más delicadas.
Además de hacer las compras cotidianas (si las haces), ¿tienes los establecimientos y servicios para resolver todas tus necesidades?
Todas, y es fantástico, porque cuando llego de gira tengo muchas cosas atrasadas que hacer, y me encanta resolverlas caminando, en Cuba ya hacía igual, y ahora más y mejor, porque llevo a mi hijo de la mano.
¿Paseas por tu barrio o te abres a otras calles y zonas?
No tengo tiempo para pasear por pasear. Pero me encanta acercarme con el niño hasta el paseo de Sant Joan y verle jugar en los jardines. Y si queremos andar un poco más nos acercamos a los jardincitos (als jardinets) de arriba del paseo de Gràcia.
¿Cuáles son tus cines, teatros y locales nocturnos favoritos?
Mi marido y yo somos muy caseros, y casi no salimos. Nos lo repartimos todo, incluso el trabajo en la casa. Es una pena, pero el día sólo tiene 24 horas. Si vamos al cine, acudimos a las salas Verdi, que tenemos cerquita. Al teatro vamos a ver obras concretas, independientemente del escenario.
¿Y tus restaurantes, tascas o cafeterías...?
Restaurantes favoritos tenemos unos cuantos. El Envalira, de la plaza del Sol, desde siempre, o el novísimo Gamvik (Balmes, 165, junto a París), que ha abierto el amigo Robert al dejar El Colibrí. Y como vamos mucho a Sitges, allá frecuentamos La Nansa, El Greco...
¿Algún espacio público que te guste para conversar?
Para hablar con alguien me gusta mi casa o la casa de la otra persona. Bueno, para hablar largo y tendido también me encanta el teléfono, es un defectillo que confieso.
Si tienes que hacer de cicerone de algún visitante, ¿qué le enseñas?
Primero los edificios modernistas del paseo de Gràcia, Gaudí ante todo; el puerto, y toda la parte nueva abierta al mar; después, lo subo al Tibidabo para que vea la ciudad entera, es una vista impresionante. Y para acabar lo llevo a Sitges, que es otra de mis debilidades, me parece un pueblo mágico.
¿Cuál es el adjetivo más apropiado, gracioso o chocante que te han dicho de Barcelona? ¿Y cuál le pondrías tú?
Todo el mundo te dice cosas muy bonitas de la ciudad. Aunque a veces te añaden que los catalanes son raros, demasiado cerrados, pero yo les digo: "No me vengas con ideas preconcebidas; tú mira, escucha, y después habla; te van a encantar". Y el adjetivo que le pondría yo, pues son dos, que pueden parecer contradictorios, pero no: Es un sol, y a la vez, un colirio para los ojos.
¿Qué lugar, del mar al Tibidabo, te trae más recuerdos?
El barrio de Gràcia, el primero que conocí al llegar, y donde canté en su fiesta mayor. Entonces vi el paseo de Sant Joan, y me dije: "¡Qué bonito lugar para venir con mi niño, el día que lo tenga!", y fíjate, han pasado los años y ahora voy precisamente ahí con mi hijo.
¿El mejor rincón (un parque, un café, un banco...) para tener una cita romántica o hablarle al oído a la persona amada?
Junto al mar.
¿Qué olores o qué colores, cuando los hueles o los ves en cualquier parte del mundo, te recuerdan enseguida a Barcelona?
El olor del mar, que no es el mismo en el Mediterráneo que en el Caribe, por ejemplo. Y el color azul del cielo, que también tiene un no sé qué diferente.
Si has tenido que dejar la ciudad por una temporada, ¿qué es lo que más has añorado?
No sé si es añoranza, pero, mira qué curioso, encuentro a faltar el ritmo tan frenético que se lleva aquí, y que cuando estoy aquí me estresa. En Cuba, y en tantos países, hay más calma, la vida funciona a otro compás.
De los cambios que se han hecho y se hacen en la ciudad estos últimos tiempos, ¿cuál te satisface más?
Me gustaron mucho los cambios que se hicieron con las Olimpiadas, y ahora los de Diagonal Mar. Me ha gustado el retorno del tranvía; no sé si sirve de mucho, pero es bonito. Y me gusta, incluso, la torre Agbar de la plaza de las Glòries, que, por lo que he oído, levanta polémicas.
¿Cuál no te gusta, y qué harías para dejarlo a tu gusto?
El tráfico, que cada día está peor. Me gustaría una ciudad con menos coches. Pero es difícil, porque nos han metido en esa vorágine del consumismo, como si fuera la panacea de la vida, y el consumismo no ayuda a vivir bien; la tranquilidad sí ayuda.
Añade aquello que te gustaría decir y que no te hemos preguntado.
Me gustaría añadir unas palabras sobre mi nuevo disco, Mira las luces, porque todos los temas se han escrito en Barcelona, y es un resumen de mis raíces africanas y cubanas, pero también de mis trece años viviendo en esta ciudad. Y os quiero decir a todos que estoy feliz, porque sé que en ese tiempo me he ganado vuestro respeto y vuestro amor.