Sí, vivo donde me gusta. Soy una barcelonesa urbanita que, de lunes al viernes, adora la vida de ciudad, aunque el fin de semana procuro tomar aires más montañeros.
¿Te gustaría cambiar de barrio o de calle? ¿Por qué y a dónde?
¿Haces vida en tu barrio? ¿Tienes cerca las tiendas que necesitas? (panadería, tienda de comestibles o tintorería)
Mi barrio es magnífico. Hay de todo, tiene sabor de barrio, hay tiendas pequeñas, medianas y grandes almacenes, además de un importante centro comercial. Puedo calzarme unas bambas e ir a la esquina a comprar el producto olvidado y conozco a la mayoría de los tenderos por su nombre.
Además de hacer las compras cotidianas (si las haces), ¿tienes los establecimientos y servicios adecuados para resolver todas las necesidades?
En este sentido mi barrio es privilegiado. Prácticamente todo lo que necesitas está a pocos minutos de casa. Incluso tenemos un pequeño taller de restauración de muebles antiguos que trabajan con auténtica sabiduría.
¿Paseas por tu barrio o te abres a otras calles y zonas?
Yo paseo mucho por Barcelona, soy una enamorada del paseo de Gràcia y la rambla de Catalunya, aunque hago mucha más vida en mi barrio. Llegas del trabajo, aparcas, ya estás en casa... y a partir de aquí apetece salir a dar una vuelta.
¿Cuáles son tus cines, teatros y locales nocturnos favoritos?
Los cines más próximos, los de Cinesa Diagonal, son los que más frecuento. Con respecto a los teatros, cualquiera donde se programe una obra que me interese. ¿Locales nocturnos? Ninguno. Las criaturas y la edad te cambian la vida. Mis noches del Oto o del Up&Down acabaron hace más de una década. Y no lo lamento.
¿Y los restaurantes, tascas, cafeterías...?
Me gustan tanto los buenos restaurantes, exquisitos y bien decorados (tipo Vía Venetto, Neichel, Principal) como los pequeños restaurantes de menú casero hecho con cariño, como el Bar Antic de Les Corts.
¿Algún espacio público que te guste para conversar?
La plaza de la Concòrdia y el centro municipal Can Deu. Es un lugar muy agradable, económico y lleno de niños pequeños detrás de una pelota.
Si tienes que hacer de cicerone de algún visitante, ¿qué le enseñas?
Sobre todo, la Barcelona que desde el 92 se ha abierto al mar. Y la ruta modernista, claro está.
¿Qué lugar, del mar al Tibidabo, te trae más recuerdos?
No puedo escoger. Barcelona es el escenario de mi vida. Aquí llegué a los tres años, aquí he crecido, estudiado, me he enamorado, he hecho radio y televisión... nunca he salido de sus calles más de treinta días seguidos. Quizás si tuviera que hacer referencia a un lugar lleno de horas vividas intensamente, éste sería el patio de letras de mi facultad de la plaza de la Universitat.
El mejor rincón (un parque, un café, un banco...) para tener una cita romántica o hablarle al oído a la persona amada.
La terraza de la Pedrera, sin gente, claro, el espigón o el mirador del Tibidabo.
De los cambios que se han hecho y se hacen en la ciudad estos últimos tiempos, ¿cuál te satisface más?
El más espectacular es la recuperación del mar, las playas, el puerto, la Barceloneta... Toda la costa barcelonesa, cuya existencia era sólo una leyenda cuando yo era pequeña, se ha hecho realidad. Es un espacio del que disfrutamos todo tipo de barceloneses, y donde nos confundimos y nos mezclamos todos juntos. Es decir, un auténtico espacio público.
¿Cuál no te gusta, y qué harías para dejarlo a tu gusto?
Me entristece el estado de la montaña de Montjuïc. Soy hija del Poble-sec y he pasado muchas tardes de primavera y verano dando vueltas por los jardines de la Font del Gat y por todo Montjuïc. La decadencia y el olvido de la montaña me duele y no lo entiendo. No entiendo la indolencia municipal ante esta evidencia.
Añade aquello que te gustaría decir y no te hemos preguntado...
Estoy orgullosa de mi ciudad. No es perfecta, tiene sus puntos negros pero sólo hace falta ir a Madrid para ver que nuestra calidad de vida es más alta.