Ajuntament de Barcelona

Visca-Barcelona

Barcelona me enamora
Santiago Dexeus
¿Vives donde te gusta vivir?
Indiscutiblemente. Me costó mucho encontrar el lugar ideal, que está donde estoy desde hace veinte años: en la parte alta de Sarrià, una casa con un jardín escondido, donde vivieron Carles Riba y Clementina Arderiu, a quien cita en alguno de sus poemas. Además, mi señora consiguió salvar dos árboles centenarios vecinos que querían derribar para hacer un aparcamiento, que encima es demasiado grande para la zona.
¿Te gustaría cambiar de barrio o de calle? ¿Por qué y a dónde?
No, no, no, no.
¿Haces vida en tu barrio? ¿Tienes cerca las tiendas que necesitas? (panadería, colmado o tintorería)
En el barrio hay de todo. Y lo que más me apasiona es el bar que tengo al lado: uno de aquellos bares de toda la vida, con el mismo talante de la gente que cada día va a tomar café. Y puerta con puerta, la farmacia. Es un barrio con mucha gente mayor y, a ciertas edades, tener una farmacia cerca es importante.
Además de hacer las compras cotidianas (si las haces), ¿tienes los establecimientos y servicios para resolver todas tus necesidades?
Las compras de cada día las hace mi mujer, y va al mercado de Sarrià, por supuesto. Yo, el sastre, lo tengo en el paseo de Gràcia. Pero no es que en Sarrià falten tiendas, sino que tanto ella como yo tenemos las nuestras de siempre, e ir a comprar es un ritual con un itinerario establecido.
¿Paseas por tu barrio o te abres a otras calles y zonas?
Paseo por mi barrio cada día, porque paseo con mi perra. Por cierto, nos falta un pipican, que ya he pedido varias veces. Y lo que también hace falta que arreglen son los márgenes de la Via Augusta. Está muy, muy, abandonada y tenemos bastantes okupas.
¿Cuáles son tus cines, teatros y locales nocturnos favoritos?
De nocturnos, ninguno. De cines, pocos, pero a veces nos acercamos a los Cinesa de Mitre. Voy poquísimo al teatro, aunque uno de mis mejores amigos es Carles Sans, del Tricicle. Entre semana no tengo tiempo, y los fines de semana nos gusta quedarnos en casa y ver a los amigos, ya sea en L'Empordà o en Barcelona.
¿Y tus restaurantes, tascas o cafeterías...?
Voy por todas partes, no tengo preferencias. Me gusta descubrir dónde tienen una buena carne, lugares sencillos pero de calidad, como Can Vallès. Aunque reconozco que bajar al puerto, ahora tan de moda, me da pereza. La ciudad se ha hecho tan grande que el otro día, para ir al Poblenou, tuve que utilizar el GPS.
¿Algún espacio público que te guste para conversar?
El campo del Barça.
Si tienes que hacer de cicerone de algún visitante, ¿qué le enseñas?
Antes lo hacía mucho: el Barri Gòtic, para empezar; las calles más bonitas del Eixample... pero Barcelona tiene muchos lugares peculiares. Veo que a nuestros visitantes les gusta mucho ir al puerto: a comer, a tomar el aperitivo o sencillamente a pasear.
¿Cuál es el adjetivo más apropiado, gracioso o chocante que te han dicho de Barcelona? ¿Y cuál le pondrías tú?
Mucha gente dice que es una ciudad de contrastes muy vivos. Y si coges el autobús en el Paral·lel y subes hasta Pedralbes, te das cuenta de hasta qué punto eso es verdad. Estoy de acuerdo, pero también quiero decir que es una ciudad acogedora. Una anécdota: un profesor australiano de paso por Cataluña vino a cenar a casa, y lo hizo en autobús para empaparse mejor de la ciudad; cogió el 66, que, cuando se acerca al final de su trayecto, fuera de las horas estudiantiles, va con poca gente, y los habituales se conocen de siempre.
  • -"Voy al Carrer Major de Sarrià", -le dijo al conductor.-
  • - "No se preocupe, ya lo avisaré".
  • -"Voy a casa del doctor Dexeus".
  • -"Ya lo avisaré". Cuando llegó a la parada de casa, el conductor le dijo:
  • -"Ésta es su parada y aquélla de allí es la casa del doctor".
Cuando me lo explicó no me lo podía creer. Pero es una de las cosas que todavía te pueden pasar en Barcelona, y en muy poquitas ciudades más.
¿Qué lugar, del mar al Tibidabo, te trae más recuerdos?
La calle de Muntaner. Allí nací y allí viví muchos años con mis padres. Es una calle fabulosa: cuando pasas la plaza de Adrià, ya ves el mar, ya estás bebiendo Mediterráneo.
El mejor rincón (un parque, un café, un banco...) para tener una cita romántica o hablarle al oído a la persona amada.
Para mí no hay nada mejor que los jardines del paseo de Gràcia. Allí, uno de estos días de verano en que no queda nadie en la ciudad, reencontré a la mujer que desde entonces vive conmigo. Y hablo de hace treinta años.
¿Qué olores o qué colores, cuando los hueles o los ves en cualquier parte del mundo, te recuerdan enseguida a Barcelona?
En cuanto al color no hay duda: el azul majestuoso del cielo y del mar. En cuanto al olor, es curioso, lo he pensado muchas veces, porque yo tengo muy buen olfato, pero no le encuentro un olor; París, por ejemplo, hace un olor especial que se desprende de la madera, de las cocinas... En cambio, el único olor que me recuerda a Barcelona es desagradable: el que hacen las alcantarillas cuando está a punto de cambiar el tiempo.
Si has tenido que dejar la ciudad por una temporada, ¿qué es lo que más has añorado?
La luminosidad de nuestro cielo, porque el trabajo normalmente me lleva a lugares muy civilizados, pero oscuros y tristes.
De los cambios que se han hecho y se hacen en la ciudad estos últimos tiempos, ¿cuál te satisface más?
La democracia, que ha traído un urbanismo menos especulativo, con más espacios abiertos...
¿Cuál no te gusta, y qué harías para dejarlo a tu gusto?
Se tendría que implantar una brigada coercitiva y punitiva que controlara la limpieza de las calles, y acabara con los grafitos, con las pintadas de las calles; también se tiene que acabar con el ruido terrible, los decibelios asesinos que sueltan algunas motos. En cambio, sería mucho más tolerante con las terrazas de bares y restaurantes, que hacen la ciudad más amable. ¡Con este clima! ¡Por favor, que esto es el Mediterráneo! Para las terrazas, más tolerancia, más libertad, más anarquía; Roma es un buen ejemplo a imitar.
Añade aquello que te gustaría decir y que no te hemos preguntado.
Pienso en los peripatéticos, que paseaban y al mismo tiempo filosofaban, y creo que hay algo importante que hacer: un consejo de ciudadanos sin color político, que conozcan y amen Barcelona, y sean de obligada consulta, no por bagatelas, sino para dar una visión de futuro que nos permita fundamentar una ciudad cívica, profundamente solidaria.