La Barcelona Grisa
Con el fin de la Guerra Civil española de 1936 Barcelona sufrió una
fuerte ruptura con su pasado más inmediato, representado por las
ambiciones y las ilusiones que habían rodeado a la República de 1931.
La vida cotidiana de la ciudad prosiguió durante los primeros años de la
posguerra en los racionamientos y el estraperlo, y entre los cines
populares y las fiestas de calle, para llenar los largos años de penurias
y represión de la nueva dictadura.
Durante la década de los años cincuenta, la Barcelona rodeada de
barracas y barrios periféricos vio cómo la diversificación industrial ponía
en marcha complejos como ENASA -que sucedía a la antigua Hispano
Suiza- o la SEAT, y cómo los Seiscientos o la televisión empezaban a
invadir calles y hogares, respectivamente, mientras los grandes
acontecimientos de la década quedaban sintetizados en la huelga de
tranvías de 1951 en el Congreso Eucarístico del año siguiente.
A pesar de todo, la ciudad se extendía para definir un área metropolitana que abrazaba Barcelona y 26 municipios vecinos. Una metrópolis con un centro que se degradaba, unos barrios residenciales y comerciales, y una periferia creciente que daba paso a grandes polígonos como Bellvitge, Sant Idelfons, La Guineueta, El Bon Pastor o Les Cases del Congrés. Era la Barcelona que empezaba a protestar y que iba engullendo las nuevas olas de inmigrantes de manera caótica y monumental.
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