La Barcelona Modernista
Desde la proclamación de la Constitución de Cádiz de 1812 hasta la
República de 1873, Barcelona participó de las distintas convulsiones
sociales y políticas que se vivieron en todo el Estado. Fueron años de
alborotos, huelgas, tumultos, incendio de conventos, bombardeos y otras
confrontaciones que denotaban las fuertes tensiones que convivían en la
ciudad.
La ciudad pasó de capital de provincia en 1833 a ser
gobernada por Juntas Provisionales y Revolucionarias y por Comités de
Salvación Pública a lo largo del siglo.
A pesar de todo, la misma conflictividad de la ciudad apareció con nuevos
cambios que la transformarían radicalmente, cuyos símbolos más evidentes
fueron el derribo de las murallas, que aún resguardaban la ciudad, cosa que
permitió el ensanchamiento, la agregación de las ciudades vecinas y la
destrucción de la ciudadela militar para acoger la Exposición Universal de
1888. También se iniciaron en el interior del recinto amurallado las reformas
urbanísticas dirigidas a solucionar la degradación y la falta de espacios
públicos.
La ciudad industrial que era Barcelona -era "la pequeña Manchester"-
inauguró el primer ferrocarril en 1848, efectuó las desamortizaciones de los bienes eclesiásticos y acogió la fundación de los sindicatos UGT en 1888 y CNT en 1910.
La "Febre d'or" de finales de siglo dio paso a compañías como la Transatlántica o Crédito y Docks y el renacimiento cultural acogió la restauración de los Juegos Florales y la emergencia del catalanismo político y de la creación literaria.
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