La Barcelona Novecentista
A principios del siglo XX, mientras el ensanche de Cerdà
avanzaba de manera inexacta, Barcelona fue convirtiéndose
en una capital de la vanguardia cultural, donde se
experimentaban los nuevos avances científicos y técnicos en
todos los ámbitos de la vida ciudadana. Una nueva
generación de industriales y políticos ponían en marcha
ambiciosos planes urbanísticos e industriales para convertir
Barcelona en una metrópolis moderna, a la que llamaban la
"grosse" Barcelona, aquella que en el año 1900 tenía un 40%
de la población analfabeta y en el año 1920 un 18%.
Iniciativas como la escolarización y la formación profesional, la
atención a las nuevas necesidades del mercado o a los
problemas de la vivienda fueron cuajando en la nueva ciudad,
que construía los primeros trenes metropolitanos, electrificaba
el tranvía, el alumbrado y los ascensores, y que daba los
primeros pasos para convertirse en una ciudad rápida y vital,
donde los medios de comunicación y el consumo masivo empezaban a reinar.
Era la Barcelona que fundó el Barça y el Espanyol, que urbanizó Montjuïc y el Tibidabo, y que se expandió hacia el este.
Era la Barcelona de La ben plantada de Eugeni d'Ors.
Las barricadas y la quema de conventos de la Semana Trágica, el pistolerismo de los años veinte, la Segunda República, la Revolución y las bombas de la guerra dieron paso, en 1939, a una ciudad vencida, sin pulso ni memoria, que debería afrontar una larga posguerra.
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