La Barcelona Romana
Los orígenes de la ciudad de Barcelona, que se han podido establecer gracias
a los restos arqueológicos y las fuentes literarias y cartográficas, se remontan
al siglo I a.C., cuando los romanos establecieron una pequeña colonia
alrededor del monte Táber. Barcino entraba, así, a formar parte de la Hispania
citerior, cuya capital era Tarraco.
En Cataluña las ciudades romanas eran pequeñas - a excepción de Tarraco-
pero formaban una red densa bien comunicada que cubría todo el país. Unas
se formaron sobre antiguos poblados ibéricos y otras, como es el caso de
Barcelona, desplazaron el enclave indígena hacia zonas llanas de fácil
defensa, o sobre posiciones claves entre dos rios en sitios elevados.
Por los alrededores de esta ciudad llamada Barcino se han encontrado
también restos de antiguos establecimientos indígenas, incluso de la época
del final bronce. En cambio, los restos de las dos murallas romanas muestran
claramente que fue la colonia romana del monte Táber el primer núcleo
urbano estructurado de toda la llanura. Un núcleo que se mantendría
amurallado -con varios trazados- hasta bien entrado el siglo XIX, cuando el
plan Cerdà del ensanche derribaría las últimas murallas para iniciar la
urbanización del resto de la llanura, donde habían prosperado otros núcleos urbanos como Sants, Gràcia o Sant Martí de Provençals.
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