Ahora hace 65 aos, el 18 de marzo de 1938, Barcelona sufri un bombardeo brutal, que caus cientos y cientos de muertos en el cruce de la Gran Va y la rambla de Catalunya. Fueron muertos civiles: hombres, mujeres, criaturas, desarmados, seguramente con ideologa y con unas posiciones tomadas ante el conflicto, pero inofensivos. Intentaban hacer una vida normal en medio de la barbarie que siempre es la guerra. Y fueron aplastados.

Desde la memoria de aquellos bombardeos, la ciudad de Barcelona quiere expresar la solidaridad con la gente de Bagdad y otras ciudades de Irak, personas -hombres, mujeres, criaturas- sobre las que gravitan hoy las bombas.

Es una grave responsabilidad romper el tenue hilo de la paz en un mundo lleno de crisis y de desequilibrios y de dictaduras execrables como la de Saddam Hussein. Todava es ms responsabilidad hacerlo, obsesivamente, al margen de los organismos internacionales que, mal que bien, intentan crear caminos ms racionales para solucionar los conflictos, las amenazas y los graves problemas que hay en el mundo. Ahora va a costar mucho recomponer las piezas; esperamos que sabremos hacerlo mejor que hasta el momento.

Esperamos tambin que los ciudadanos y las ciudadanas de Barcelona seguiremos expresando el rechazo a la violencia, el clamor por la paz que nos une a los ciudadanos y las ciudadanas de tantas ciudades en el mundo. Las ciudades, que son la suma de las personas que viven en ellas, son entidades de paz. Las guerras no las hacen las ciudades, las hacen los gobiernos. Los gobiernos a veces no gobiernan con la gente, sino en contra de la opinin de la gente.

Por todas estas consideraciones, el Alcalde de Barcelona, Joan Clos, y de acuerdo con el artculo 55 del Reglamento Orgnico del Ayuntamiento de Barcelona, ha elevado al Plenario del Consejo Municipal la siguiente mocin que ha sido aprobada por los grupos municipales PSC, ERC-EV, IC-V, i CiU:

Mocin


PRIMERO. EXPRESAR
nuestra solidaridad con la poblacin civil de Irak y del Kurdistn iraqu, sometida a una dictadura condenable, y ahora vctima, adems, de la violencia injustificada de las bombas. Tenemos la conviccin de que existen caminos, seguramente complejos y difciles, para solucionar los conflictos que afectan al mundo sin romper los precarios equilibrios que hoy sustentan el orden mundial. La guerra no soluciona dichos conflictos y a menudo los agrava, porque contamina con el odio y el afn de venganza -con el radicalismo de cualquier signo- las poblaciones que la viven, ya sea como agresores o como vctimas. La guerra es un error, porque aade incertidumbre a un mundo ya incierto.

SEGUNDO. AFIRMAR
que esta guerra constituye un acto ilcito internacional, por el hecho de que no se han respetado los procedimientos previstos en la Carta de las Naciones Unidas, que pasan por el conocimiento y la sancin del Consejo de Seguridad de esa organizacin, y que son los nicos que permiten el uso legal de la fuerza entre estados. La accin, que ha evitado deliberadamente su paso por el Consejo de Seguridad -donde no hubiera sido autorizada-, pone en evidencia la marginacin de las Naciones Unidas como creadora y garante del derecho internacional en la estrategia global de los Estados Unidos, que optan por la creacin de un sistema de orden internacional adaptado slo a sus intereses. La humanidad ha realizado un enorme esfuerzo para hacer de la guerra un instrumento legtimo nicamente ante un mal mayor, ante la amenaza, la ruptura de la paz o la agresin; para hacer de la guerra un ltimo recurso administrado en comn, no una herramienta de poltica exterior. Lamentablemente, el ataque a Irak es efectivamente una herramienta instrumental en una estrategia por el control poltico y econmico de la regin, y con miras a demostrar determinacin en la proyeccin del poder global de los Estados Unidos.

TERCERO. EXPRESAR
nuestra preocupacin por la posicin espaola en esta guerra. Los esfuerzos del presidente Aznar se han dirigido a justificar y legitimar a ultranza la posicin de los Estados Unidos. El Gobierno espaol es, pues, parte en esa violacin del derecho internacional. Con su actuacin, cuya justificacin no compartimos, el Gobierno ha contribuido a romper la unidad de accin europea, ha abandonado los ejes en los que se cimentaba el consenso sobre poltica exterior y se ha puesto en contra de buena parte de la opinin pblica espaola y catalana; adems, su actuacin afecta negativamente a nuestro prestigio y nuestros intereses en el exterior. No hay contrapartidas que puedan compensar eso. En este camino, el presidente Aznar no ha respetado los acuerdos que l mismo haba promovido en el Congreso. Exigimos que el Gobierno de Espaa reflexione sobre la gravsima responsabilidad que ha contrado y que rectifique en consecuencia.

CUARTO. PROCLAMAR
nuestro rechazo a la participacin de las fuerzas armadas del Estado en cualquier tipo de dispositivo vinculado a las operaciones militares actualmente en curso en Irak -que se llevan a cabo bajo el mando de los Estados Unidos -, aunque esa participacin pueda tener carcter de apoyo o ser definida como ayuda humanitaria. Entendemos que la verdadera ayuda humanitaria es evitar desde un principio las consecuencias siempre dramticas de la guerra. En cualquier caso, desde el Ayuntamiento de Barcelona expresamos la voluntad de colaborar en las tareas que sean necesarias para paliar los efectos de la guerra, en el marco de la cooperacin entre ciudades y de los convenios existentes con las Naciones Unidas.

QUINTO. EXPRESAR
nuestra conviccin de que, sea cul sea el final de esta guerra, tenemos que repensar la representatividad, la operatividad y la eficacia de los organismos internacionales que velan por la seguridad internacional. Esta guerra, decidida al margen de las Naciones Unidas, pone de manifiesto la necesidad de dotar a nuestros organismos internacionales de una mayor eficacia para defender la posicin de la mayora. La voz de la sociedad civil del mundo entero, que se ha expresado en las calles y en los foros, reclama esa operatividad. Sin embargo, para estar en condiciones de orientar las relaciones internacionales en este sentido positivo y cooperativo, necesitamos a Europa. Una Europa para la que debemos recuperar, urgentemente, la voluntad poltica ms firme, ambiciosa y constructiva para que el proyecto europeo, que es un proyecto de construccin de la paz, de resolucin pacfica de las controversias y de ejercicio de la solidaridad, sea tambin el mejor instrumento en la construccin de la seguridad internacional, de un orden mundial basado en la justicia y la primaca del derecho.

SEXTO. REQUERIR,
finalmente, a la poblacin de Barcelona, y a los ciudadanos y las ciudadanas del mundo, que insista a pedir la paz, a exigir el cese de la violencia y a construir entre todos un mundo ms sensato. Pedimos tambin que la paz est presente en las manifestaciones ciudadanas a travs de la conducta cvica de los participantes.

Barcelona, 21 de marzo de 2003

 
 
Inicio