Exposicions |
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«A los doce años sabía dibujar como Rafael pero necesité toda una vida para aprender a pintar como un niño.» Es el propio artista quien autodefine su trayectoria, quien sume el dibujo en un proceso dialéctico en el que las destrucciones y esquematizaciones sintonizan con un clasicismo y una audacia de la línea que alcanzan las más altas cotas. Madurez en unos dibujos precoces en los que un Picasso adolescente y joven se ejercita en el dominio y en el virtuosismo del trazo, que contrasta en su plenitud, e incluso en el momento del ocaso vital, con una espontaneidad y simplicidad que enmascaran la auténtica maestría y la fluidez de un ritmo versátil, que se adentran en los substratos más personales del artista. En Picasso subyace un esfuerzo por pasar de los arquetipos clásicos a unas representaciones en las que lo alegórico cede paso a un sutil sentido humorístico; unas representaciones en las que la mofa, la caricatura y lo monstruoso velan sentimientos y respuestas, pero que permiten que aflore la psicología del artista. |
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En el verano de 1946 Picasso se instala en el Midi francés. El contacto con el Mediterráneo hace aflorar una nueva dimensión en la obra del artista. Personajes mitológicos y escenas paganas se convierten en los auténticos protagonistas de sus lienzos. La obra central de este momento, “La alegría de vivir”, una pintura desenfadada y suelta, pone de manifiesto el talante renovado del artista y su apuesta por la vida. El espíritu pagano de este momento, herencia de “La Bacanal” según Poussin, que realizó en 1944, aflora en una serie de pinturas en las que proliferan las escenas pastorales: los faunos, los centauros y las cabras toman el pulso de esta nueva y exuberante etapa de la vida y de la obra del artista. Bajo mil grafías y técnicas diversas, pinturas, dibujos, cerámicas y esculturas, el artista crea diferentes himnos a la vida. |
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Las vinculaciones de Picasso con el mundo del circo estuvieron muy presentes a lo largo de toda su vida. Ya en la Barcelona de fines del siglo XIX, Picasso frecuenta los circos que acuden a la ciudad, aunque en sus obras de este periodo no quedan huellas de ello. Los circos ambulantes de los bulevares de París se convierten en espacios visitados con frecuencia por el joven Picasso y sus amigos durante sus primeras estancias en esta ciudad. A fines de 1904 y comienzos de 1905 es cuando el tema del circo, concretamente el de Medrano, se convierte en un referente en su vida y obra y en el centro de las composiciones del momento. El artista crea un escenario ficticio, donde acróbatas y equilibristas –quienes ya aparecían a lo largo de la tradición literaria y pictórica del Romanticismo simbolizando el aislamiento y el sufrimiento humanos– interpretan papeles de la vida cotidiana, manifiestan sus problemas domésticos y el aislamiento y la incomprensión de sus sentimientos. Las escenas familiares en las que los saltimbanquis y los arlequines se erigen en los auténticos protagonistas de este periodo son herencia de los retratos de grupos familiares, cuyas raíces se asientan en la época azul. Estas composiciones serán el origen de una gran obra que Picasso perseguía desde hacía tiempo, “Familia de Saltimbanquis”, de 1905. El Arlequín, como ocurrirá en los años 30 con el Minotauro, se convierte en el alter ego del artista. El Arlequín, cuya génesis se halla en la época azul, será el auténtico protagonista de lo que se ha venido en denominar época rosa.
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El conjunto de obras que configura la colección permanente de un museo se convierte en la esencia en torno a la que gira toda la actividad y funcionamiento del mismo. Siguiendo este criterio, el estudio de la colección del Museu Picasso de Barcelona, su difusión y la vinculación a otros aspectos de la obra de Picasso no representados en nuestro Museu es el objeto de una nueva presentación que queremos mostrar al público. |
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Con ocasión del proyecto PICASSO2006BCN, el Museu Barbier-Mueller d’art precolombí de Barcelona organiza una exposición atípica, que acompaña la obra del maestro con esculturas realizadas por artistas del mundo tribal, de la América precolombina o de la antigüedad mediterránea. Constituirá una oportunidad única para presentar por primera vez en España una cabeza de madera esculpida por Picasso en 1907 y el objeto que le sirvió de inspiración: una cabeza de piedra ibérica, que data del siglo v antes de la era cristiana. Con ocasión de la exposición se publicará un catálogo en el que han colaborado Maite Ocaña, Jean Paul Barbier-Mueller y Pierre Daix, con prólogo de Jorge Semprún. |
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Actividades complementarias |
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Charla sobre la exposición en la Biblioteca de Nou Barris, especializada en circo. |
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