



Barcelona vive, como muchas otras ciudades europeas, unos procesos de
cambio que hay que identificar para prever tendencias del futuro y maneras
de afrontarlos. La realidad cambia, y la cultura urbana en tiempos de
globalización evoluciona, se transforma y plantea nuevas necesidades
ante las que es esencial reflexionar e incidir desde las administraciones
públicas. Y no de una manera reactiva, sino muy al contrario, anticipándonos
a la predicción de futuras realidades y procurando intervenir para
generar un entorno de convivencia urbana y de riqueza cultural que favorezca
el bienestar del conjunto de los ciudadanos y ciudadanas.
En este sentido, son importantes los instrumentos de análisis y
de planeamiento urbano, ya que permiten dotarse de una visión de
conjunto y de coherencia en la globalidad de medidas, acciones y políticas
que se llevan a cabo —sobre todo desde la Administración
pública, pero también desde los sectores privado y asociativo—,
de acuerdo con un modelo de ciudad compartido.
Con esta vocación nació y se diseñó el Plan
Estratégico del Sector Cultural de Barcelona, promovido por
el Instituto de Cultura
de Barcelona y aprobado en mayo de 1999. Es un plan que ha servido
de marco de referencia y de orientación para las políticas
culturales de los últimos años, y que sin duda ha contribuido
a situar la cultura en un punto central de las políticas públicas
en Barcelona. Las grandes líneas estratégicas que marcaba
este plan aún son en buena parte vigentes, y hay que seguir trabajando
en la misma dirección. Sin embargo, la realización satisfactoria
de muchos proyectos, así como la detección de nuevas realidades,
obligan a pensar en una nueva etapa, una nueva mirada y unos nuevos acentos
de cultura.
Por todo ello, el Instituto de Cultura de Barcelona ha impulsado un proceso
de revisión y actualización del Plan de 1999. Se trata de
un proceso de corresponsabilidad que ha contado con la participación
y la complicidad de los sectores implicados directa o indirectamente en
el desarrollo cultural de la ciudad, a fin de identificar los procesos
culturales de renovación urbana más significativos, detectar
y priorizar las necesidades de cada sector y, finalmente, acabar definiendo
los nuevos retos estratégicos para el futuro de la ciudad.
El Instituto de Cultura de Barcelona, al impulsar el proceso de actualización
del Plan Estratégico del Sector Cultural,
ha actuado desde el convencimiento de que es necesario comprender el entorno
cambiante y las dimensiones cada vez más amplias del hecho cultural
como premisas básicas para definir y desarrollar políticas
culturales para el siglo XXI: un contexto cambiante, condicionado por
transformaciones muy importantes en todo el mundo. Las tecnologías
de la información y la comunicación, más allá
de su capacidad instrumental, configuran un nuevo paradigma de sociedad
en que todo lo que hasta hace poco era estable ha empezado a moverse.
Las nuevas migraciones, las transformaciones económicas, los fenómenos
asociados a la globalización y los problemas ambientales generan
nuevas necesidades y nuevos retos, al tiempo que sitúan las ciudades
como los territorios en que, de una forma más cruenta, se manifiestan
las oportunidades y los peligros de la nueva era.
La cultura no es ajena a estos cambios: hay una tendencia a la banalización,
a la sustitución de los contenidos artísticos por el concepto
de entretenimiento y a la aparición de una poderosa industria multinacional
mediática y de contenidos que copa los canales de difusión
cultural y, sobre todo, impone códigos y formas de presentación.
Es todo un conjunto de elementos sobre los que las políticas culturales
ejercen, o deberían ejercer, un papel de contrapeso no siempre
fácil y que hay que desarrollar desde la visión de las políticas
culturales como proyecto de ciudad, ineludiblemente compartido con el
conjunto de personas, instituciones y sectores que actúan diariamente
en la cultura de Barcelona.
Jordi Martí Grau
Delegado de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona