
En los últimos años, el tema de los públicos
de la cultura (los porcentajes de ocupación, el número de
visitantes) ha sido uno de los temas centrales del debate en las políticas
culturales. La necesidad de justificar «con datos» el gasto
en cultura, la importancia de gestionar desde la eficiencia (y, por lo tanto,
de generar el máximo de ingresos propios por parte de las organizaciones
culturales) son, probablemente, algunas de las explicaciones que justifican
el protagonismo de este debate.
Más allá del debate, desde una perspectiva práctica,
han sido muchas las iniciativas que, en relativamente poco tiempo, se han
llevado a cabo con el objetivo de aumentar las audiencias: políticas
de abonos, sistemas que facilitan la venta de entradas, mejores canales
de información (con el aprovechamiento de las nuevas tecnologías),
políticas de precios que favorecen a determinados segmentos de públicos
potenciales, etc.
Desde una perspectiva de servicio público, hay que ser más
ambicioso. El reto no es tanto llegar a la demanda potencial, ni satisfacer
la demanda real. El objetivo es generar nueva demanda. Incluso este podría
ser el principal objetivo de una política cultural pública:
generar necesidad de cultura. Aquí ya no hablamos de clientes o de
usuarios, aquí nuestro destinatario es la ciudadanía. Y eso
es lo que justifica la segunda parte del nombre de esta mesa.
El acceso es proximidad, pero no solo eso. El acceso tiene relación
con el precio, pero responde a cuestiones más de fondo. El acceso
no tiene que determinar absolutamente las programaciones (hacerlas «accesibles»).
El acceso es donde se encuentran cultura y educación.
En esta mesa se pretende compatibilizar los aspectos más técnicos
vinculados a la captación y fidelización con las reflexiones
más de fondo que proponen este cambio de escala a la hora de garantizar
realmente el acceso de toda la ciudadanía a los bienes, servicios
y productos culturales.