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Esto tiene implicaciones de todo tipo. En lo que se refiere al tráfico,
por ejemplo. Hasta hace poco todas las grandes compañías
de alcance español mantenían su caudal de conexión
centralizado en Madrid y la mayoría de las compañías
internacionales que aspiraban a ocupar los mercados sectoriales más
provechosos intentaban trabajar en base a una doble capitalidad Madrid-Barcelona,
aunque poniendo siempre más recursos en Madrid. No obstante, ahora
ya empieza a haber compañías que sólo se instalan
en Madrid (es el caso reciente de NTT Verio), y si prosperan los planes
de Abengoa para crear un verdadero macrocentro de conexión en Madrid,
es previsible que la tendencia se acentúe.
Si nos fijamos en las compañías que dan conexión,
observaremos que todas centralizan el tráfico en Madrid. De hecho,
sólo hay dos compañías pasablemente catalanas (al
menos en la forma) que podrían concentrar su grueso aquí:
Al-pi y Menta. No obstante, en el caso de Al-pi no tiene ninguna salida
internacional desde Barcelona pese a que forma parte del grupo France
Telecom. Tanto es así que la empresa Al-pi prefiere ir hasta Madrid
para llegar a Francia. En lo que a Menta se refiere, absorbida de hecho
por Auna, mantiene alguna conexión con Italia porque Telecom Italia
formaba parte del accionariado de Auna, pero es residual y no puede competir
con la gran salida que se hace desde Madrid. Existen aún dos casos
más, significativos: Retevisión tiene su sede formal en
Barcelona, pero los servidores y la conexión en Madrid, y Terra
igual: tiene su sede social en Barcelona pero la real en Madrid. Y todos
los servidores y todos los tubos que los conectan al mundo. De hecho,
toda Telefónica está en Madrid, concentrada en un gran hub.
Las compañías llamadas de nicho (aquellas que se dirigen
a sectores concretos del mercado) tienen generalmente una actitud más
abierta y han reali-zado esfuerzos importantes, por ejemplo, de construcción
de infraestructuras de hosting o de comunicaciones directas con Europa.
Así, KPN tiene salida desde Barcelona hacia Marsella y Milán,
o Colt la tiene hacia París. Visto con visión europea, ya
que ésta es la imagen que tienen de la realidad la mayoría
de estas compañías, podríamos decir que Barcelona
juega en tercera división. En primera están sólo
Londres, París y Frankfurt, y ésta es una liga que gana
siempre, siempre, Londres, convertida en el gran puerto europeo de la
red. En segunda división juegan, entre otros, Amsterdam, Copenhague,
Milán o Madrid (con la peculiaridad de que ésta conecta
con Miami y no con Nueva York, como las demás) y el resto somos
todos subsidiarios. Con la agravante de que no lo somos de un centro europeo,
sino del propio centro regional, Madrid en nuestro caso.
Hay que añadir en este apartado de infraestructuras el esfuerzo
importante que realizan empresas catalanas como por ejemplo Datagrama,
que centraliza en su centro de operaciones en Barcelona más de
1.500 servidores diferentes con conexiones directas a Europa y América.
La actitud intransigentemente centralista de las empresas españolas
en cuanto a la conectividad se repite en el mundo de los contenidos. Desde
finales de los noventa hemos asistido a un trasvase de actividad de Barcelona
hacia Madrid vinculado, de nuevo, a la centralización de los operadores.
El caso de Excite podría ser paradigmático. Esta empresa
americana se estableció en Barcelona hasta que fue adquirida por
Retevisión, que se la llevó a Madrid (pese a tener su sede
social en Barcelona) y acabó cerrándola. Por un proceso
parecido han pasado otras empresas vendidas en el momento de la locura
especulativa y cerradas después
.Pero no es sólo eso. En relación con los contenidos se
da un fenómeno paradójico: todos los grandes portales internacionales
han abierto secciones en catalán y ninguno de los portales españoles,
ni uno, lo ha hecho. Es una indicación más, muy llamativa
por cierto.
Pese a esto, el sector, digamos, de la creatividad o la creación
de contenidos es mucho más sólido en Barcelona que el de
las infraestructuras. Existen casos paradigmáticos como LatinRed,
vinculada al grupo americano Starmedia y con presencia consistente en
Barcelona desde hace ya un montón de años. O como Latínia,
el gran proveedor de servicios para Internet móvil, también
nacido y mantenido en Barcelona. Hay empresas líderes en información
sobre la propia red como en.red.ando o infonomia.
Asimismo, están los medios digitales periodísticos, especialmente
La Vanguardia, El Periódico y VilaWeb, los tres en un nivel de
audiencia intermedio entre los de Madrid y el resto. Existen empresas
como Planeta o la CCRTV que dan vueltas y más vueltas pero no paran
de hacer cosas. Hay universidades activísimas, encabezadas por
la UOC. Hay un importante núcleo de medios culturalmente alternativos,
etcétera. Alguna vez he comentado con Vladimir de Semir, al respecto,
que si alguien hiciera un mapa de la Barcelona que ya es 22@, la sorpresa
sería importante.
Esta eclosión creativa responde mucho más a la realidad
de la ciudad que a la depresión infraestructural. Y responde más
porque si hay un dato que nadie discute es que somos la ciudad más
consumidora de Internet. En esto todas las encuestas son rotundas. El
crecimiento acumulado de la difusión de Internet en Barcelona ha
sido entre 1997 y 2001 del 489%, un índice incomparable con el
resto de Cataluña y de España e igualable al de los países
más avanzados de Europa (según los datos del Òmnibus
Municipal). Y esto pese al dato más sorprendente de todas que es
la que dice que la mayoría de los accesos se hacen desde casa y
no desde el trabajo -probablemente porque las empresas hablan mucho de
su conexión pero la facilitan poco a sus trabajadores.
Para resumir este agridulce comentario deberíamos decir que Barcelona
es una ciudad riquísima en iniciativas, de una enorme capacidad
de creación y puesta en marcha de proyectos, con una población
muy bien dispuesta pero con un déficit de infraestructuras, provocado
a conciencia, que amenaza peligrosamente el futuro.
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