Texto: Vicent Partal
Ilustración: Silvia Alcoba

"El sector de la creatividad o la creación de contenidos es mucho más sólido en Barcelona que el de las infraestructuras. Hay casos ejemplares como LatinRed o Latínia".


 opinion
Internet en Barcelona: una mirada agridulce


En el debate sobre la supuesta pérdida de competitividad económica, empresarial y en el campo de las infraestructuras de Barcelona
respecto a Madrid, el tema de las nuevas tecnologías es recurrente. Unos dicen que estamos perdiendo el carro; otros, que nuestro carro sigue a la cabeza de la carrera. Vicent Partal es un pionero en el mundo virtual. El creador de la exitosa red VilaWeb reparte razones entre unos y otros. El punto de partida es bueno, asegura, pero los peligros son ciertamente reales.

   volver al sumario / b.mm n. 59 2002
   
    


 
 


Dar un vistazo a la situación de Internet en Barcelona no es tan diferente como podría parecer a dar un vistazo a cualquier otro sector económico. El retrato se resume fácilmente: Barcelona es la parte más vital del Estado español, pero está siendo engullida por Madrid, que reconstruye desde hace años con gran eficacia un modelo de Estado centralista. Primero a través de decisiones propiamente de Estado y después a través de decisiones de las grandes empresas liberalizadas (económicamente liberalizadas pero culturalmente tan ministeriales como antes, sobre todo en lo referente a la distribución territorial de los recursos.).

A veces este debate salta a la luz pública a raíz de algunas dificultades que no se pueden obviar fácilmente. Así, el repetido fracaso de Fira Barcelona para articular algún salón relacionado con las nuevas tecnologías ha llevado a algunos a obsesionarse en la competencia (imposible) con el SIMO madrileño. Sin embargo, el alcance del problema es mucho mayor. Las grandes encuestas sobre Internet que se publican con regularidad nos dejan más o menos tranquilos porque repiten de manera sistemática que Barcelona es una ciudad más conectada que Madrid o que cualquier otra ciudad del Estado español.
Esto es importante, evidentemente. Pero hay otras encuestas que son muy dramáticas. Por ejemplo, cuando vemos que el 90% del tráfico generado por los contenidos que se producen en el Estado español (¡el 90%!) se distribuye desde Madrid. O cuando observamos que la inmensa mayoría de los canales de salida de Internet hacia el exterior están situados en Madrid (pese a que Barcelona está más cerca de los grandes centros europeos y tiene más usuarios conectados a la red).

Evidentemente, esto no sucede porque sí. La teórica liberalización de las telecomunicaciones en el Estado español ha sido un fraude planificado que ha acabado dejando las cosas casi peor de como estaban: con el predominio total y absoluto de una compañía teóricamente privada, pero que en la práctica actúa siguiendo los principios ideológicos del franquismo, en cuanto a la distribución territorial.

 

Esto tiene implicaciones de todo tipo. En lo que se refiere al tráfico, por ejemplo. Hasta hace poco todas las grandes compañías de alcance español mantenían su caudal de conexión centralizado en Madrid y la mayoría de las compañías internacionales que aspiraban a ocupar los mercados sectoriales más provechosos intentaban trabajar en base a una doble capitalidad Madrid-Barcelona, aunque poniendo siempre más recursos en Madrid. No obstante, ahora ya empieza a haber compañías que sólo se instalan en Madrid (es el caso reciente de NTT Verio), y si prosperan los planes de Abengoa para crear un verdadero macrocentro de conexión en Madrid, es previsible que la tendencia se acentúe.


Si nos fijamos en las compañías que dan conexión, observaremos que todas centralizan el tráfico en Madrid. De hecho, sólo hay dos compañías pasablemente catalanas (al menos en la forma) que podrían concentrar su grueso aquí: Al-pi y Menta. No obstante, en el caso de Al-pi no tiene ninguna salida internacional desde Barcelona pese a que forma parte del grupo France Telecom. Tanto es así que la empresa Al-pi prefiere ir hasta Madrid para llegar a Francia. En lo que a Menta se refiere, absorbida de hecho por Auna, mantiene alguna conexión con Italia porque Telecom Italia formaba parte del accionariado de Auna, pero es residual y no puede competir con la gran salida que se hace desde Madrid. Existen aún dos casos más, significativos: Retevisión tiene su sede formal en Barcelona, pero los servidores y la conexión en Madrid, y Terra igual: tiene su sede social en Barcelona pero la real en Madrid. Y todos los servidores y todos los tubos que los conectan al mundo. De hecho, toda Telefónica está en Madrid, concentrada en un gran hub.


Las compañías llamadas de nicho (aquellas que se dirigen a sectores concretos del mercado) tienen generalmente una actitud más abierta y han reali-zado esfuerzos importantes, por ejemplo, de construcción de infraestructuras de hosting o de comunicaciones directas con Europa. Así, KPN tiene salida desde Barcelona hacia Marsella y Milán, o Colt la tiene hacia París. Visto con visión europea, ya que ésta es la imagen que tienen de la realidad la mayoría de estas compañías, podríamos decir que Barcelona juega en tercera división. En primera están sólo Londres, París y Frankfurt, y ésta es una liga que gana siempre, siempre, Londres, convertida en el gran puerto europeo de la red. En segunda división juegan, entre otros, Amsterdam, Copenhague, Milán o Madrid (con la peculiaridad de que ésta conecta con Miami y no con Nueva York, como las demás) y el resto somos todos subsidiarios. Con la agravante de que no lo somos de un centro europeo, sino del propio centro regional, Madrid en nuestro caso.

Hay que añadir en este apartado de infraestructuras el esfuerzo importante que realizan empresas catalanas como por ejemplo Datagrama, que centraliza en su centro de operaciones en Barcelona más de 1.500 servidores diferentes con conexiones directas a Europa y América.

La actitud intransigentemente centralista de las empresas españolas en cuanto a la conectividad se repite en el mundo de los contenidos. Desde finales de los noventa hemos asistido a un trasvase de actividad de Barcelona hacia Madrid vinculado, de nuevo, a la centralización de los operadores. El caso de Excite podría ser paradigmático. Esta empresa americana se estableció en Barcelona hasta que fue adquirida por Retevisión, que se la llevó a Madrid (pese a tener su sede social en Barcelona) y acabó cerrándola. Por un proceso parecido han pasado otras empresas vendidas en el momento de la locura especulativa y cerradas después
.Pero no es sólo eso. En relación con los contenidos se da un fenómeno paradójico: todos los grandes portales internacionales han abierto secciones en catalán y ninguno de los portales españoles, ni uno, lo ha hecho. Es una indicación más, muy llamativa por cierto.


Pese a esto, el sector, digamos, de la creatividad o la creación de contenidos es mucho más sólido en Barcelona que el de las infraestructuras. Existen casos paradigmáticos como LatinRed, vinculada al grupo americano Starmedia y con presencia consistente en Barcelona desde hace ya un montón de años. O como Latínia, el gran proveedor de servicios para Internet móvil, también nacido y mantenido en Barcelona. Hay empresas líderes en información sobre la propia red como en.red.ando o infonomia.

Asimismo, están los medios digitales periodísticos, especialmente La Vanguardia, El Periódico y VilaWeb, los tres en un nivel de audiencia intermedio entre los de Madrid y el resto. Existen empresas como Planeta o la CCRTV que dan vueltas y más vueltas pero no paran de hacer cosas. Hay universidades activísimas, encabezadas por la UOC. Hay un importante núcleo de medios culturalmente alternativos, etcétera. Alguna vez he comentado con Vladimir de Semir, al respecto, que si alguien hiciera un mapa de la Barcelona que ya es 22@, la sorpresa sería importante.


Esta eclosión creativa responde mucho más a la realidad de la ciudad que a la depresión infraestructural. Y responde más porque si hay un dato que nadie discute es que somos la ciudad más consumidora de Internet. En esto todas las encuestas son rotundas. El crecimiento acumulado de la difusión de Internet en Barcelona ha sido entre 1997 y 2001 del 489%, un índice incomparable con el resto de Cataluña y de España e igualable al de los países más avanzados de Europa (según los datos del Òmnibus Municipal). Y esto pese al dato más sorprendente de todas que es la que dice que la mayoría de los accesos se hacen desde casa y no desde el trabajo -probablemente porque las empresas hablan mucho de su conexión pero la facilitan poco a sus trabajadores.
Para resumir este agridulce comentario deberíamos decir que Barcelona es una ciudad riquísima en iniciativas, de una enorme capacidad de creación y puesta en marcha de proyectos, con una población muy bien dispuesta pero con un déficit de infraestructuras, provocado a conciencia, que amenaza peligrosamente el futuro.

 
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