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La
rivalidad entre el Laietà y el Patrie
Los franjiazules layetanos consiguieron en 1928 el Campeonato de Cataluña,
con un excelente equipo formado por Romeva, Pla, Muscat, Cardó
y Guix, bajo la presidencia de Ricard Pardiñas. Al revalidar el
título en la temporada siguiente, el Laietà se confirmó
como el mejor equipo de la década; con el permiso, claro está,
de su eterno rival, el Societé Patrie, contra el que protagonizó
duelos memorables, como recuerda el jugador del Laietà, Guix: "Eran
otros tiempos. Había una gran rivalidad, pero fuera de la cancha
éramos grandes amigos. Los partidos eran muy duros: una personal
era un garrotazo."
A mediados de los años treinta, se empiezan a jugar las primeras
competiciones de ámbito estatal, que muy pronto tendrían
un campeón barcelonés. Corría el año 1935
cuando el Patrie se proclamaba con todos los honores campeón de
España, destronando al primer ganador de la competición:
el legendario Rayo Club de Madrid. En aquel magnífico Patrie jugaban
Armando Maunier y Fernando Font, dos valiosos elementos que, años
más tarde, contribuirían a difundir el baloncesto a través
de colaboraciones periodísticas en Barcelona Deportiva, El Correo
Catalán y El Mundo Deportivo.
La posguerra provocó cambios importantes en la sociedad, entre
otros la obligación de eliminar cualquier tipo de terminología
"extranjerizante" de los clubes y las entidades. Por tanto,
el Laietà se vio obligado a abandonar la denominación Basketball
Club y a emplear en lo sucesivo la de Club Deportivo Layetano (desde finales
de los años veinte ya existía la sección de tenis).
Pero la nueva realidad política tendría efectos todavía
más devastadores en otro gran club de baloncesto de Barcelona:
el Societé Patrie: debido a su "afiliación" francesa,
el nuevo régimen prohíbe sus actividades.
Durante la primera mitad de la década de los cuarenta, el Laietà
se confirmó como el mejor equipo del Estado español al ganar
la Copa (en aquel entonces la máxima competición española)
en 1942. Los franjiazules se llevaron el trofeo después de derrotar
al Barça (30-28) en una emocionante final jugada en Zaragoza.
En aquel prodigioso equipo figuraban jugadores de la categoría
de Carretero, Gallén, Albertí, Esteva, Navarrete, Font,
Galve, Areny, Llopis o Eduard Kucharski (uno de los mejores jugadores
de la historia del baloncesto español). Dos años después,
el Laietà volvería a proclamarse campeón de España,
esta vez en Vigo y contra el Real Madrid (32-18).
De hecho, durante aquel quinquenio la hegemonía catalana fue absoluta
en el baloncesto estatal. Primero el Hospitalet, después el Espanyol
de Anselmo López (futuro presidente de la Federación Española)
y, más tarde, el Barça de "Met" Ferrando, también
consiguieron el campeonato.

A partir del año 1947 se empezó a notar de forma ostensible
la profesionalización del baloncesto, cuya primera víctima
fue el Laietà. Sus mejores jugadores se van a otras entidades que
les ofrecen importantes compensaciones económicas. Tanto es así
que en 1948 el primer equipo se quedó en cuadro (sólo con
tres jugadores), lo que obligó al club a solicitar a la Federación
Catalana un año de excedencia para poder rehacerse. Al final de
esa temporada en blanco, el Laietà volvió a la competición,
pero ya con otras miras, y pasó de ser un equipo de primera línea
a convertirse en un club formador de jugadores. Las penurias del Laietà
coinciden con la mejor época de un Barça, repleto de ex
jugadores franjiazules, que ganó media docena de campeonatos de
Cataluña y varias copas de España.
Del huracán verdinegro al doblete del Barça
La década de los cincuenta vio surgir al denominado "huracán
verdinegro" de Badalona, un equipo fantástico que practicaba
un baloncesto vibrante, de una gran velocidad y atractivo. El Joventut
acabaría con el reinado catalán del Barcelona, y con el
dominio estatal del Real Madrid. Mientras que el Espanyol, de la mano
de Joaquín Hernández, un base genial que los técnicos
pericos habían descubierto en Bélgica, se convertiría
en uno de los grandes animadores del campeonato.
A finales de los años cincuenta, se organizaron las primeras ediciones
de la liga española que, en un principio, estuvo restringida a
seis equipos. Más tarde se ampliaría hasta diez, entre los
que figuraban cuatro barceloneses: el histórico Laietà,
el Barça, el Espanyol y La Salle Josepets.
Después de los dos primeros títulos del Real Madrid, el
Barcelona conseguiría pararle los pies en la temporada 1958-1959.
Los Bonareu, Alfonso Martínez, Buscató, Canals, Meléndez
y compañía acabaron el curso con matrícula de honor,
remontando de forma extraordinaria la ventaja que tenían el Real
Madrid y el Joventut, ambos colíderes de la liga al acabar la primera
vuelta. Con una impresionante racha azulgrana de trece partidos consecutivos
sin conocer la derrota, el Real Madrid acabó perdiendo todas las
opciones al caer en Sabadell, en la penúltima jornada frente al
Orillo Verde por un contundente 65-38.
Los barcelonistas, entrenados por Isal, completarían esta gran
temporada consiguiendo el "doblete". En la final de Copa se
enfrentaron al Aismalibar de Montcada, un equipo muy potente que estaba
preparado por el ex jugador del Laietà, Kucharski. Entre sus puntales
se encontraba el pívot Francesc Borrel (el primer "dos metros"
del baloncesto español) y un alero infalible que haría historia:
Emiliano. No obstante, el Barça se hizo, de forma brillante, con
el partido (50-36) y con el título.
Después de aquel año glorioso, el baloncesto azulgrana iría
perdiendo potencia hasta disolver la sección en 1961, para, más
adelante, recuperar la categoría y acabar bajando a Segunda por
deméritos propios. El Espanyol corrió igual suerte. En cambio,
el Laietà, tras ser campeón de Segunda División en
1962 con el gran Agustí Bertomeu, no consiguió consolidarse
en la máxima categoría.
La década del Picadero
El testigo del baloncesto barcelonés al más alto nivel lo
recoge en los años sesenta el Picadero Jockey Club. Con una trayectoria
meteórica en Primera División, el Picadero consigue en 1964
el subcampeonato de la liga por detrás del Real Madrid de Saporta.
Los blancos, que estaban a punto de ganar su primera copa de Europa, volverían
a encontrarse con los barceloneses, entrenados por Esteve, en una semifinal
de la Copa española, disputada aquel mismo año en Lugo.
El Picadero no tuvo piedad del Real Madrid, e infligió una paliza
memorable a los futuros campeones de Europa (104-64).
El adversario de la final sería todo un clásico copero:
el Aismalibar de Eduard Kucharski (que volvía al equipo de Montcada
tras haber entrenado durante tres años a la mítica Virtus
de Bolonia).
Aunque "Nino" Buscató, con sus genialidades, adelantaría
a los del Vallès en el primer periodo, después del descanso,
el Picadero dio muestras de un baloncesto fluido y espectacular que daría
la vuelta al marcador hasta el definitivo 63-51.
Según las crónicas de la época, en Lugo se vio "un
partido sensacional que se recordará durante muchos años".
Albanell, con 24 puntos, fue el máximo anotador de aquel formidable
Picadero, que contaba con la fuerza en el tablero del colosal Alfonso
Martínez y Joan Martos (el gigante de la costa), bajo la sabia
dirección de Joaquim Enseñat, y con un par de aleros de
primera línea, como Nora y Josep Maria Jofresa (iniciador de la
conocida saga barcelonesa de los Jofresa).
Cuatro años más tarde, el equipo de la Travessera de les
Corts volvería a quedar campeón de España, en esta
ocasión magistralmente conducido por el base Jesús Codina,
y en una reñida final contra el Joventut de Badalona (58-55).
Durante una década marcada por el abusivo dominio de los pívots
norteamericanos del Real Madrid (Hanson, Luyk, Burgess, Aiken...), el
Picadero conquistó hasta cuatro subcampeonatos de liga, perdiendo
sólo por un punto (un maldito empate) el título de la temporada
1696-70.
Desde la desaparición del Picadero (cuyos socios acabarían
integrándose finalmente en el seno del Laietà), el FC Barcelona
ha sido el máximo representante del baloncesto de la ciudad condal
en la elite. Salvo unas cuantas temporadas del RCD Espanyol y del fugaz
ascenso de La Salle Barcelona, la antorcha, durante los últimos
veinticinco años, ha quedado en manos del equipo azulgrana.
El sólido tejido de la base
Sin
embargo, y lejos del profesionalismo, los clubes de base barceloneses
han seguido trabajando duramente y en la actualidad forman uno de los
tejidos baloncestísticos más sólidos y envidiados
de toda Europa. Prácticamente cada barrio cuenta con su propio
equipo, y, además, el baloncesto es el deporte de referencia en
muchos centros escolares. Entidades como el JAC Sants, el Ciutat Vella,
los Lluïsos de Gràcia, el Les Corts, el SESE, el Grup Barna
o el Sagrada Familia (por nombrar sólo unos cuantos) son la prueba
de la fuerte implantación del baloncesto, ochenta años después
de que se fundara en Barcelona el primer equipo.
Hoy el histórico Laietà goza de buena salud, cuenta con
1900 socios y con ocho equipos de baloncesto que compiten en las diferentes
categorías, de benjamines a seniors, siempre en el plano amateur.
Pero seguir al pie del cañón no ha sido tarea fácil.
El club decano tuvo problemas y estuvo a punto de desaparecer cuando,
en 1964, fue desahuciado de su tradicional recinto de Viladomat-Rosselló
(inaugurado en 1932). Hay que agradecer al colegio Pare Mañanet
(que acogió durante tres años a las secciones de baloncesto
y de hockey sobre patines), así como al Club de Tennis Pompeia,
el apoyo que ofrecieron al Laietà en su complicadísima travesía
por el desierto.
Afortunadamente, desde 1967, y con sucesivas ampliaciones, el club dispone
de unas magníficas instalaciones en la calle Pintor Ribalta (16
pistas de tenis de tierra batida, 4 de pádel, 3 pistas polideportivas...)
y el futuro de la histórica camiseta blanca con la franja azul
está garantizado.
Los layetanos, que fueron los primeros pobladores de Barcelona, se convirtieron
en el siglo veinte, por obra y gracia del misionero padre Millán,
en los pioneros del deporte de la canasta en la Península. Como
dice el dicho, roda el món i torna al Born.
El tren de la costa
Siguiendo el recorrido histórico del primer tren, el baloncesto
se extenderá rápidamente por la fachada costera al norte
de la ciudad. Tres años después de su llegada a Barcelona,
el padre Eusebio Millán difunde y populariza el juego a su paso
por los Escolapios de Mataró y de Calella.
No tardarán en surgir los primeros equipos, algunos de ellos de
gran calidad, como el Iris, de la capital del Maresme. En 1928 se crea
el primer equipo en Calella, llamado New Star. Al año siguiente
aparece otro, el Avenç Marià, que celebra su primer partido
contra el Iris de Mataró, y que pierde por 31 a 9.
Pero el deporte de la canasta cuajará de un modo especial en Badalona.
En 1930 se funda la Penya Spirit of Badalona, que, posteriormente, adoptará
la denominación de Club Joventut. Otros equipos, como el Círculo
Católico, se suman a al aventura del baloncesto y, muy pronto,
la ciudad se convertirá en un gran vivero de jugadores.
La fiebre baloncestística hace que, a finales de la década
de los sesenta y principios de los setenta, Badalona cuente con hasta
tres equipos representativos de la ciudad jugando simultáneamente
en Primera División: el Sant Josep, el Círculo Católico
y el Joventut (equipo que siempre ha militado en la máxima categoría).
Después de haber visto cómo la Penya se proclamaba campeona
de Europa en los años noventa, el gran reto de Badalona de cara
al siglo XXI es la Ciudad del Baloncesto, un proyecto de primera magnitud
que sin duda está destinado a consolidar su posición de
referencia en la élite de este deporte.
Otras localidades del entorno barcelonés, como L'Hospitalet, Cornellà,
Santa Coloma de Gramenet, Montcada o Montgat, también han tenido
su importancia a la hora de escribir la historia del baloncesto en la
Península.
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