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El diseño, tal como lo entendemos actualmente, constituye una disciplina
que nació estrechamente ligada a la revolución industrial.
Y apareció como saber que relacionaba cuestiones y sectores que
antes de la revolución industrial ni tan sólo existían.
El ámbito de actuación del diseño es, desde entonces,
todo lo que se produce y se utiliza de forma generalizada, y su principal
objetivo sigue siendo la resolución de temas inéditos.
En
el caso de Cataluña, la realidad que determinó la aparición
y el desarrollo de la revolución industrial y de su evolución
posterior ha marcado sus características y, por tanto, ha condicionado
su proyección internacional actual. Un país como Cataluña,
arraigado a una tierra sin fuentes importantes de materias primas que
sirvieran de base para el desarrollo industrial inicial, dispone, en contrapartida,
con el prestigio de su creatividad, demostrada con el reconocimiento internacional
de muchos de nuestros artistas, de diferentes disciplinas. Es lógico,
por tanto, que la proyección se haya caracterizado desde el principio
desde las oportunidades que ofrecía la explotación de la
imaginación y la potencialidad de realización de ideas innovadoras,
ambas reconocidas como valores propios..
Con la aparición del sistema de producción industrial se
inició un nuevo sistema para obtener objetos; la diferencia de
la madurez alcanzada por la producción artesanal ya existente marcó
este inicio. Con la industria la forma, en lugar de nacer del trabajo
concreto, tenía que nacer del cálculo. Por este motivo,
inicialmente los "productos industriales" surgieron con un grado
de inferioridad respecto a los artesanos. En estos principios, el mundo
proyectado sólo tenía dos opciones: intentar imitar la "perfección"
de las formas de la tradición anterior o asumir su inferioridad
formal.
En Cataluña, esta etapa, enmarcada dentro de la primera revolución
industrial, ya se produjo de manera particular. El país había
visto destruida su estructura de Estado desde 1714 y no había podido
participar del fenómeno europeo del academicismo, que era la promoción
del arte vinculada al poder de las monarquías. En toda Europa,
este arte del poder era lo que imitó la burguesía en sus
primeros ensayos industriales. En Cataluña, no obstante, el fenómeno
fue inverso. Fue la industria la que obligó a la burguesía
a encontrar una imagen propia, y la que impulsó la creación
de una organización para la enseñanza artística y,
posteriormente, del diseño.
La
Junta de Comercio de Barcelona creó, ya en el siglo XVIII, la Escola
de Nobles Arts, destinada a la formación de diseñadores
de nuevos productos, escuela que constituyó el núcleo de
la futura Llotja, donde se inició el desarrollo del arte del siglo
XIX y del primer tercio del siglo XX. En este contexto, los inicios del
diseño industrial, tomando referentes que provenían del
trabajo artesanal, se concretaron en referencias orientales o medievales.
En aquella etapa, la proyección internacional del diseño
catalán coincidió con la aparición de las exposiciones
universales de Londres y París y llegó a una culminación
con la Exposición Universal de Barcelona de 1888. En aquella muestra,
y contando con el antecedente de la Exposición Industrial y Artística
celebrada en 1860 en Barcelona, si bien dominaban los productos producidos
a partir de los criterios del Arts and Crafts inglés, también
es cierto que comenzaban a manifestarse dos nuevas vertientes del diseño
que marcarían posteriormente la identidad de nuestros productos.
Una fue la determinada por la época modernista, con una fuerte
carga de identidad nacionalista, y la otra fue la aparición de
un pensamiento, mucho más progresista, que introducía la
estética industrial y la mecánica como referente.
En
muchos casos no es posible distinguir ambos planteamientos, como es el
caso de Domènech i Montaner, que trabajaba, como Gallisà
o Gaudí, por la restauración del artesanado pero, a la vez,
exhibía orgullosamente los elementos fundamentales de las estructuras
de hierro en sus obras. O también el caso del propio Gaudí,
que, en muchas ocasiones, no ponía objeciones a la producción
industrial, con los correspondientes condicionantes, como en el pavimento
del Passeig de Gràcia de Barcelona, producido por la empresa Escofet.
Dentro
de este divorcio conceptual entre cultura y técnica, tuvo aún
mucha repercusión el noucentisme, que condujo a la aparición
de instituciones como el Foment de les Arts Decoratives (FAD) o la Escola
Massana. No hay duda de que estas instituciones tuvieron un importante
papel en la proyección internacional del diseño industrial,
aunque no estuviera inicialmente situado dentro de una estética
claramente moderna. La modernidad fue un avance que se fue alcanzando
progresivamente. Dentro del propio noucentisme, autores como Alexandre
de Riquer fueron introduciendo la imagen mecánica, aplicándola
al diseño de pavimentos para la Casa Escofet, antes citada, o introduciendo
en las baldosas del Palau Montaner -situado en la esquina de las calles
Mallorca y Llúria de Barcelona- imágenes de máquinas
de artes gráficas, elevadas a nivel de tema artístico. Dentro
de esta etapa, es conocida la presencia del FAD en la exposición
de París de 1925, dedicada a las artes decorativas y donde Le Corbusier
presentó su pabellón del "espíritu nouveau".
Situados
ya en este nuevo espíritu, y en clara sintonía con sus planteamientos,
apareció el GATCPAC (1930-1939). En Barcelona se produjo en 1929
el impacto de las sillas Barcelona, creadas por Mies van der Rohe para
el Pabellón Alemán de la Exposición Universal de
aquel año. Un grupo de arquitectos -entre los que figuraban Josep
Lluís Sert y Josep Torres Clave, entre otros- organizaron una exposición
en las Galeries Dalmau en 1929, y fundaron el GATCPAC en 1930. Desde su
local del Passeig de Gràcia-Rosselló, después llamado
MIDVA (Muebles y Decoración para la Vivienda Actual), y desde la
revista AC, defendieron la racionalización, el funcionalismo, la
normalización y la serie sobre unas bases económicas y sociales.
Los diseños del grupo se centraron en el mobiliario, con aportaciones
interesantes, como la mesa de tubo de acero y superficie de linóleo,
proyectada en equipo. Estos productos eran dados a conocer, tanto en el
ámbito nacional como en el internacional, junto con diseños
externos al grupo, como las lámparas de Brandt, las sillas de Breuer
o los muebles de madera laminada de Aalto y Saarinen. A menudo se tiene
la idea de que estas propuestas del GATCPAC seguían a otras similares
realizadas anteriormente en otros países, pero, en realidad, muchas
eran simultáneas o, incluso, en ciertos casos las propuestas de
aquí eran anteriores. El grado de modernidad e innovación
se hicieron evidentes en el Pabellón de la República de
la Exposición Universal de París, donde la arquitectura,
el diseño y las artes convivían y alcanzaban un nivel global
destacado, difícilmente igualado en el ámbito internacional.
La guerra civil y el posterior intento de genocidio cultural franquista
truncaron una presencia vanguardista del diseño catalán
en el ámbito internacional. Hasta finales de los años cincuenta,
no se pudo retomar -tímidamente- y, poco a poco, volvió
a estar presente dentro de los acontecimientos culturales internacionales,
cuando menos en los relacionados con el diseño.
En
esta situación fue decisiva la creación de la Associació
de Disseny Industrial (ADI-FAD) dentro del FAD. Después del desastre
del GATCPAC, con todos sus miembros muertos o exiliados, en los años
cuarenta sólo los catalanes del exterior, como Antoni Bonet, residente
en Argentina, habían podido practicar libremente el diseño
industrial. Obra suya es el conocido asiento de cuero suspendido sobre
una barra de acero, de 1940. En los cincuenta, mientras Europa se rehacía
lentamente de la segunda guerra mundial, algunos diseñadores catalanes
establecieron contactos internacionales, como Andree Ricard, que conoció
a Raymond Loewy, líder del styling en Estados Unidos. De iniciativas
como ésta nació el ADI-FAD, que inició unas relaciones
internacionales que reavivaron la triste situación del diseño
en nuestro país. Un primer hecho fue la participación del
ADI en el II Congreso-Asamblea del ICSID (International Council of Industrial
Design), celebrado en Venecia en 1961. El otro fue la creación
de los premios Delta, que se conceden desde 1960 y poseen eco internacional,
y que en la actualidad representan una recopilación representativa
de la evolución y el alto nivel de calidad del diseño estatal.
Estas dos vertientes de relación internacional han tenido continuidad
y se han ido extendiendo desde entonces hasta la actualidad, más
allá del ADI, pero con una sintonía significativa en relación
con el componente cultural y de compromiso social que el diseño
incorpora desde sus inicios.
Desde entonces, la evolución de la presencia de los productos y
empresas catalanas al exterior ha tenido lugar de manera paralela a la
realidad del propio país, pero siempre ha mantenido, por un lado,
un cierto compromiso social, y, por otro, esta relación con el
factor creativo y de identidad, que proviene de sus orígenes.
Sería posible analizar y desarrollar esta evolución desde
diferentes vertientes. Una podría ser desde las acciones llevadas
a cabo a fin de promocionar, o incluso dar a conocer en nuevos países,
la realidad del diseño catalán. Otra sería el estudio
de la evolución productiva y de la ampliación de mercado
internacional por parte de las empresas catalanas, con la consiguiente
divulgación de los productos y autores participantes. Una tercera
vertiente sería centrarnos en la formación y la creatividad
aplicadas al diseño, como factores que son un patrimonio que conviene
tener en cuenta y que se vuelve cada vez más importante hasta convertir
a Barcelona en uno de los principales centros de estudio sobre el tema
del diseño.
En
un estudio sobre las acciones realizadas, habría que destacar la
proyección internacional de los premios Delta mediante la realización
de exposiciones, la creación del BCD, la realización de
diversas muestras impulsadas por el Gobierno de la Generalitat de Cataluña,
la tarea llevada a cabo por diversas revistas (De Diseño, ARDI,
Experimenta, etc.), la aparición de nuevas asociaciones y nuevos
premios, o la agrupación de empresas que se unen a fin de ofrecer
una imagen conjunta (SIDI, MID, RED
) y participar en ferias y acontecimientos
internacionales. También hay que considerar la presencia e implicación
del diseño en acontecimientos de gran repercusión mediática,
como es el caso de la olimpiada de 1992.

En lo referente a las empresas, prácticamente todas tienen un porcentaje
de exportación de productos significativo, ya sean empresas de
gran tradición (como Escofet, Roca y Seat), de más reciente
creación pero ya consolidadas (como BD, Santa & Cole, Mobles
114, DAE, Oken, Casas y Amat), o que han decidido apostar por el diseño
más recientemente (como Cata, Fundición Dúctil Benito
y Microarquitectura).
Y
en relación con la creatividad y la formación, hay que tener
en consideración la creación de diversos centros de diseño
de automoción (Renault, Volkswagen, Seat, etc.), donde trabajan
profesionales especializados procedentes de diversos lugares del mundo;
la existencia de escuelas centradas en la temática del diseño
con prestigio (Eina, Esdi, Massana, etc.), que acogen a estudiantes de
numerosos países, tanto europeos como americanos, o la aparición
de nuevos centros, que refuerzan aún más esta presencia
internacional, como es el caso del recientemente creado Graduado Superior
en Diseño de la UPC, entre otros.
Todos estos temas, y otros, deberían de ser tratados en textos
específicos pero, en cualquier caso, la presencia del diseño
catalán en el ámbito internacional cuenta con dos características
básicas permanentes. Una es que su principal aportación
se centra en la inventiva, en la capacidad de aportar e innovar, aunque
no siempre sea desarrollada en todas sus posibilidades. La otra es el
destacable nivel final alcanzado, especialmente si se compara con entornos
productivos que disponen de más posibilidades técnicas y
económicas que el nuestro. Así lo demuestran las sucesivas
ediciones de los premios Delta. Y estos factores, pese a que cuantitativamente
nuestra presencia no sea tan importante como desearíamos, hacen
que el diseño de Cataluña sea visto en el ámbito
internacional como sinónimo de productos con valor añadido,
y de calidad.
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