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A usted le llaman escritor porque escribe libros y periodista porque
escribe en periódicos. ¿Es tan simple la diferencia entre
una cosa y la otra?
Mi oficio es el de escritor. Entiendo que la gente distinga entre una
cosa y la otra, pero esta distinción no la hago nunca. Es como
si a un pintor le llamasen oleista cuando pinta óleos y acuarelista
cuando pinta acuarelas.
Hace tiempo que no aborda el género de la novela. ¿Cuándo
piensa hacerlo?
Publiqué muchas novelas de joven. Después de ganar el Sant
Jordi (1961) dejé de escribir novela, quizás porque me gusta
cambiar. "¿Y ahora toda la vida novelista porque he ganado
el Sant Jordi?" ¡No! Un instinto me llevaba a escribir no ficción.
A la ficción volví hace diez años, con Vermell i
passa, de la que no se ha hablado demasiado. Resulta que cuando hacía
novela todo el mundo quería que hiciera novela, y ahora que hago
más libro de viajes y de reflexión, encuentran una excentricidad
que haga novela. Siempre me pasa lo mismo: escribo lo que teóricamente
no me corresponde.
¿Qué tiene escribir sobre la realidad que no tenga la
ficción?
Que es muy rico, mucho más diverso.
¿Más que la imaginación?
Sí, sí. Mucho más. La imaginación tiene una
cosa, que es que prescindiendo de la realidad inventa hechos. ¡Pero
la realidad parece inventada! Yo me he encontrado con ciertos personajes
que creo que a ningún novelista, al menos a mí, se le ocurriría
que pudieran ser o hablar de ese modo. Esto lo he encontrado en la realidad.
¿Qué tipo de escritor cree que es, usted?
Creo que mi forma natural de escribir está tan alejada de la tendencia
exagerada al artificio, que siempre se da, como de un populismo fácil
que intenta encontrar recursos para tener lectores.
Pero la tendencia en el mundo editorial sí que es ésta.
Ahora autores televisivos, después...
No son operaciones editoriales, sino lo que la propia sociedad pide. Existe
una tendencia a pensar que las cosas se hacen por voluntad deliberada,
y yo, por mi experiencia, cada vez estoy menos convencido de ello. Quien
escribe best-séllers lo hace porque no puede escribir ninguna otra
cosa, no para ganar dinero. Si le hicieses escribir de otro modo, no sabría
hacerlo. Si fuese tan fácil, cada año habría 10.000
best-séllers, y es imposible. Lo que sale es una birria, un desastre.
Siempre hay imitadores...
Pasa como con Miró. Lo intentan y no sale. Cuando un escritor escribe
buenos libros es cuando hace los libros que le corresponde escribir, prescindiendo
de si haciéndolo de otra forma tendría más lectores
o éxito crítico. Un escritor es auténtico cuando
escribe lo que tiene que escribir. El lector lo reconoce.
Dígame algo que eche de menos en el panorama cultural.
Por no decir dinero en esto o en aquello, quizás diría que
una valoración de la libertad de cada uno que hace algo en el campo
cultural. Parece que tienes que estar encuadrado en una moda, un partido,
un estilo o en lo que sea, para que existas y trabajes.
¿Y usted cree que ha pagado un precio por no estar encuadrado?
No soy en absoluto victimista. Soy una persona que escribe libros y que
vive de escribir en libertad, no condicionado por nada. Es muy fácil
tener una visión equivocada de la literatura o de la sociedad cuando
vives del sueldo de una institución, porque entiendes la literatura
de otro modo. Yo la entiendo democráticamente, porque vivo de los
lectores que quieren leerme y comprar libros. Es un acto, este de comprar
libros, de lo más democrático, porque no depende de que
un banco te compre una escultura por cincuenta millones y con eso puedas
vivir un tiempo. A mí tienen que comprarme libros miles de ciudadanos,
anónimos y diversos, que no se conocen entre si. Yo lo encuentro
una gran suerte; es lo que me da la libertad y la independencia. Cada
vez tengo que luchar por encontrar la adhesión de unos señores
desconocidos que me hacen escritor. No dependo del sueldo de una institución
que me permita, mientras tanto, hacer de francotirador. Yo soy un tirador
porque estoy en la lucha de la calle.
Dice que siempre ha hecho lo que le ha apetecido. Con sus tres cuartos
de siglo, ¿qué le apetece, ahora?
Lo mismo de siempre. En el fondo, las reacciones que tengo ahora son muy
parecidas a las de hace veinte años. Cualquier tiempo es añadido,
cualquier tiempo es una ganga. Pero a los 75 años, naturalmente,
esto es más evidente. Vivo en tiempo añadido (Temps afegit
es, precisamente, el título de su penúltimo libro) porque
he superado el límite de la expectativa de vida que tiene un hombre
en Cataluña. ¿Y qué espero, ahora? Lo mismo que a
los cuarenta años: ¡vivir un día más! ¡Que
el tiempo añadido dure! El futuro es mañana; pasado mañana
ya es un futuro muy lejano. Toda la vida he vivido así. El presente
es lo que me ha hecho vivir.
Temps afegit es un repaso a estos últimos años. ¿Cómo
le gustaría que le recordasen sus numerosos amigos?
No pasa nada... Si no me recuerdan, no pasa nada. Tampoco se tienen tantos
amigos, eh... Es evidente que mis amigos con un poco de suerte vivirán
más que yo y podrán recordar, pero nunca se sabe. Lo que
me interesa más es cómo me recuerda la gente ahora. Estoy
muy contento con el Premi d'Honor de les Lletres Catalanes, de los ciudadanos
anónimos que me han enviado una carta afectuosa, pero también
de los compañeros de oficio que tienen la generosidad de escribirme,
que se alegran de que me diesen el premio. Eso justifica un poco una vida,
una obra. Una vez haya muerto, el recuerdo que tengan de mí...
Los recuerdos se van con rapidez. No me preocupa en absoluto la inmortalidad
literaria y todo eso.
Y de los envidiosos, ¿cómo le gustaría despedirse?
Hombre... los envidiosos tienen un problema, y es que son envidiosos.
¿Hizo huelga el 20 de junio?
Déjame recordar: estaba en casa haciendo un artículo y pensé:
¿esto es hacer huelga o no es hacer huelga? ¡Ja, ja, ja!
No, hombre -me dije-, acaba el artículo; lo tendrás que
hacer igualmente a partir de las doce de la noche...
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