entrevista 2
Gabriel Pernau a
Josep Maria Espinàs: "Vivo de escribir en libertad"
Josep Maria Espinàs ha obtenido a los 75 años el Premi d'Honor de les Lletres Catalanes

reportaje-2
una reflexión sobre como el diseño se convierte en factor de identidad
Libros

REVISTA breve
   volver al sumario / b.mm n. 59 2002
   

 

Hace cincuenta años que se dedica a escribir (en 1953 ganó el premio Joanot Martorell) y, como demuestra cada año con sus viajes a pie, todavía le queda mucha cuerda.

Usted parece el ser imperturbable. ¿Cómo se las arregla para conservar esta serenidad, como si nada le afectase?

Claro que me afectan las cosas. Supongo que hay una parte de temperamento. Cada uno tiene una manera de actuar y reacciona de un modo más o menos espectacular ante cualquier hecho. También creo que esto es un poco entrenable. La gente te pregunta por las vacaciones, y yo no he tenido nunca vacaciones. He aprendido a hacer un poco de vacaciones cada día.

En general, en la vida, ¿hacia dónde va?
No lo sé. Te contestaré con una frase zen. El discípulo le pregunta al maestro: "Maestro, ¿adónde vamos?" Y el maestro le contesta: "Ya hemos llegado". Es decir, siempre se está en un lugar. Esto liga con lo que decías de mi actitud general, que soy imperturbable. La gente siempre está pendiente de adónde quiere llegar; yo, nunca. Ni personal ni literariamente. Nunca me he programado. No he querido ser escritor, ni en la adolescencia. Me encontré siendo escritor, y admití esa realidad. Siempre he estado en el tiempo que me tocaba vivir. El secreto es darse un minuto cada hora. Y una hora cada semana. Que esperas el ascensor y no llega, ¡date un minuto de vacaciones! Debemos ser conscientes de estos espacios que estamos viviendo.

Se define como urbanita, pero sus viajes a pie son por zonas rurales, salvo en A peu pels grans magatzems. ¿Aquello fue un experimento y no le quedaron ganas de repetir, o es que Barcelona no le proporciona material de suficiente calidad literaria?
¡No! Si no me viera con ánimos para dar las caminatas por Galicia o Andalucía, haría un libro caminando por Barcelona, buscando los rincones escondidos. La ciudad me interesa mucho. Soy urbanita, barcelonés de padres barceloneses y abuelos barceloneses. No hago viajes a pie porque estoy descontento de la ciudad. Hay gente a quien la ciudad le molesta, quizás porque ellos mismos o sus padres echan de menos otro ámbito. Yo quiero vivir en Barcelona. Soy urbanita vocacional. En invierno, me encanta ver cómo se encienden las luces de las calles. Es la vitalidad de la ciudad, que me da muchos estímulos. Soy uno de los pocos hombres que se paran a mirar escaparates.

¿Cómo explicaría qué es su ciudad a una persona del tercer mundo?
No lo puedo explicar, ni a un ciudadano del tercer mundo ni al vecino del piso de abajo. Barcelona es una suma de pueblos, como todas las grandes ciudades vivas. He recorrido bastante Cataluña, y la gente me dice: "No sé cómo podéis vivir en Barcelona", aquella famosa frase. Mi respuesta es: "Yo no vivo en Barcelona". Nadie vive al mismo tiempo en Horta y en la Barceloneta. Yo vivo en un pueblo que es cuatro calles más arriba y cuatro calles más abajo de mi casa, con la ventaja de que tengo Barcelona al lado para ir al teatro, al Palau de la Música...


 

A usted le llaman escritor porque escribe libros y periodista porque escribe en periódicos. ¿Es tan simple la diferencia entre una cosa y la otra?
Mi oficio es el de escritor. Entiendo que la gente distinga entre una cosa y la otra, pero esta distinción no la hago nunca. Es como si a un pintor le llamasen oleista cuando pinta óleos y acuarelista cuando pinta acuarelas.

Hace tiempo que no aborda el género de la novela. ¿Cuándo piensa hacerlo?
Publiqué muchas novelas de joven. Después de ganar el Sant Jordi (1961) dejé de escribir novela, quizás porque me gusta cambiar. "¿Y ahora toda la vida novelista porque he ganado el Sant Jordi?" ¡No! Un instinto me llevaba a escribir no ficción. A la ficción volví hace diez años, con Vermell i passa, de la que no se ha hablado demasiado. Resulta que cuando hacía novela todo el mundo quería que hiciera novela, y ahora que hago más libro de viajes y de reflexión, encuentran una excentricidad que haga novela. Siempre me pasa lo mismo: escribo lo que teóricamente no me corresponde.

¿Qué tiene escribir sobre la realidad que no tenga la ficción?
Que es muy rico, mucho más diverso.

¿Más que la imaginación?
Sí, sí. Mucho más. La imaginación tiene una cosa, que es que prescindiendo de la realidad inventa hechos. ¡Pero la realidad parece inventada! Yo me he encontrado con ciertos personajes que creo que a ningún novelista, al menos a mí, se le ocurriría que pudieran ser o hablar de ese modo. Esto lo he encontrado en la realidad.

¿Qué tipo de escritor cree que es, usted?
Creo que mi forma natural de escribir está tan alejada de la tendencia exagerada al artificio, que siempre se da, como de un populismo fácil que intenta encontrar recursos para tener lectores.

Pero la tendencia en el mundo editorial sí que es ésta. Ahora autores televisivos, después...
No son operaciones editoriales, sino lo que la propia sociedad pide. Existe una tendencia a pensar que las cosas se hacen por voluntad deliberada, y yo, por mi experiencia, cada vez estoy menos convencido de ello. Quien escribe best-séllers lo hace porque no puede escribir ninguna otra cosa, no para ganar dinero. Si le hicieses escribir de otro modo, no sabría hacerlo. Si fuese tan fácil, cada año habría 10.000 best-séllers, y es imposible. Lo que sale es una birria, un desastre.

Siempre hay imitadores...
Pasa como con Miró. Lo intentan y no sale. Cuando un escritor escribe buenos libros es cuando hace los libros que le corresponde escribir, prescindiendo de si haciéndolo de otra forma tendría más lectores o éxito crítico. Un escritor es auténtico cuando escribe lo que tiene que escribir. El lector lo reconoce.

Dígame algo que eche de menos en el panorama cultural.
Por no decir dinero en esto o en aquello, quizás diría que una valoración de la libertad de cada uno que hace algo en el campo cultural. Parece que tienes que estar encuadrado en una moda, un partido, un estilo o en lo que sea, para que existas y trabajes.

¿Y usted cree que ha pagado un precio por no estar encuadrado?
No soy en absoluto victimista. Soy una persona que escribe libros y que vive de escribir en libertad, no condicionado por nada. Es muy fácil tener una visión equivocada de la literatura o de la sociedad cuando vives del sueldo de una institución, porque entiendes la literatura de otro modo. Yo la entiendo democráticamente, porque vivo de los lectores que quieren leerme y comprar libros. Es un acto, este de comprar libros, de lo más democrático, porque no depende de que un banco te compre una escultura por cincuenta millones y con eso puedas vivir un tiempo. A mí tienen que comprarme libros miles de ciudadanos, anónimos y diversos, que no se conocen entre si. Yo lo encuentro una gran suerte; es lo que me da la libertad y la independencia. Cada vez tengo que luchar por encontrar la adhesión de unos señores desconocidos que me hacen escritor. No dependo del sueldo de una institución que me permita, mientras tanto, hacer de francotirador. Yo soy un tirador porque estoy en la lucha de la calle.

Dice que siempre ha hecho lo que le ha apetecido. Con sus tres cuartos de siglo, ¿qué le apetece, ahora?

Lo mismo de siempre. En el fondo, las reacciones que tengo ahora son muy parecidas a las de hace veinte años. Cualquier tiempo es añadido, cualquier tiempo es una ganga. Pero a los 75 años, naturalmente, esto es más evidente. Vivo en tiempo añadido (Temps afegit es, precisamente, el título de su penúltimo libro) porque he superado el límite de la expectativa de vida que tiene un hombre en Cataluña. ¿Y qué espero, ahora? Lo mismo que a los cuarenta años: ¡vivir un día más! ¡Que el tiempo añadido dure! El futuro es mañana; pasado mañana ya es un futuro muy lejano. Toda la vida he vivido así. El presente es lo que me ha hecho vivir.

Temps afegit es un repaso a estos últimos años. ¿Cómo le gustaría que le recordasen sus numerosos amigos?
No pasa nada... Si no me recuerdan, no pasa nada. Tampoco se tienen tantos amigos, eh... Es evidente que mis amigos con un poco de suerte vivirán más que yo y podrán recordar, pero nunca se sabe. Lo que me interesa más es cómo me recuerda la gente ahora. Estoy muy contento con el Premi d'Honor de les Lletres Catalanes, de los ciudadanos anónimos que me han enviado una carta afectuosa, pero también de los compañeros de oficio que tienen la generosidad de escribirme, que se alegran de que me diesen el premio. Eso justifica un poco una vida, una obra. Una vez haya muerto, el recuerdo que tengan de mí... Los recuerdos se van con rapidez. No me preocupa en absoluto la inmortalidad literaria y todo eso.

Y de los envidiosos, ¿cómo le gustaría despedirse?
Hombre... los envidiosos tienen un problema, y es que son envidiosos.

¿Hizo huelga el 20 de junio?
Déjame recordar: estaba en casa haciendo un artículo y pensé: ¿esto es hacer huelga o no es hacer huelga? ¡Ja, ja, ja! No, hombre -me dije-, acaba el artículo; lo tendrás que hacer igualmente a partir de las doce de la noche...

 
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