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Vivir con 540 euros al mes
Otro tipo de ayuda que reciben las personas mayores es sólo económica,
dado que la mitad de ellos cobra menos de 540 euros al mes (90.000 pesetas),
y un tercio de las mujeres no llega a los 360 (60.000 pesetas). Dentro
del programa Viure en família, la Generalitat de Cataluña
concede una paga de hasta 240 euros mensuales a unas 9.000 familias en
toda Cataluña. Esta ayuda financia servicios de asistencia domiciliaria
a través de ayuntamientos y consejos comarcales y se ofrece en
concepto de complemento económico a familias que acogen a una persona
mayor. Hasta el año 2001, sólo podían beneficiarse
los hogares con rentas más bajas, pero actualmente no existe ninguna
restricción.
Proporcionar ayuda a las familias empieza a ser uno de los campos de batalla
de los gobiernos. Con todo, el gasto en asistencia a las personas mayores
se encuentra muy por debajo de la media europea. Mientras que en la Unión
Europea se destina el 2,2% del PIB, en Cataluña y España
esta cifra se queda en el 0,4%. La mayoría de los gobiernos europeos
han optado por intentar solucionar los problemas de asistencia a las familias,
concepto que en algunos casos se da a conocer con el eufemismo de "solidaridad
intergeneracional para mantener la cohesión social".
En esta línea debería incluirse el programa Bon Veïnat,
financiado por la Unión Europea, en el que participan las ciudades
de Rotterdam, Birmingham, Lyon, Milán y Barcelona. En este plan,
los vecinos -jóvenes o mayores- ayudan a otros vecinos que viven
solos. La ayuda no consiste sólo en resolver problemas graves;
a menudo se trata de resolver pequeños inconvenientes cotidianos
como la compra o la limpieza y, de paso, la soledad.
Las
necesidades de las personas mayores no siempre son especialmente graves
o difíciles de resolver. El Anuario Social de la Caixa de 2001
pone de manifiesto que, pese a tratarse del colectivo más numeroso,
no siempre se lo tiene en cuenta en la vida cotidiana. Se trata de detalles
que pasan desapercibidos para la mayoría de la población,
pero que revisten una importancia capital para personas con alguna de
sus capacidades disminuida. Así, por ejemplo, se pone de manifiesto
que, en Barcelona, como en la mayoría de grandes ciudades del mundo
industrializado, han desaparecido los urinarios públicos; que los
semáforos, las aceras o las escaleras se pueden convertir en enemigos
irreconciliables; que el transporte público a menudo es inaccesible;
que las aglomeraciones causan pánico; que faltan ascensores o que
muchos letreros de servicios públicos resultan ilegibles. Un ejemplo
de esto lo constituye el metro de la capital catalana: sólo veinte
de las noventa estaciones tienen ascensor.
La dificultad de acceso y el miedo son los causantes de realidades tan
sorprendentes como poco conocidas, como, por ejemplo, que el principal
motivo de las personas mayores para salir de casa es hacer la compra cotidiana
o que los jóvenes utilizan mucho más el transporte público
que las personas mayores. Si a ello le sumamos la poca predisposición
del colectivo -en comparación con los jóvenes- a desplazarse,
el resultado es que los ancianos valoran, hasta extremos que resultan
difíciles de entender para la población más joven,
la proximidad, es decir, a lo que puede hacerse sin necesidad de desplazarse.
Pese a las dificultades a las que se enfrenta una persona cuando aborda
el último tercio de su vida, los expertos que trabajan a diario
con personas mayores de 65 años señalan que hay que renovar
los criterios que se han utilizado hasta ahora para analizar el colectivo.
Destacan que hay que prestar atención a lo que sucede en la calle
y, por lo tanto, dejar de asociar personas mayores a problemas, básicamente
porque el ciudadano de a pie cree que una persona es mayor a partir de
los 55 años, pero que no es anciana hasta los setenta, una edad
que los expertos elevan hasta los 75 años, momento a partir del
cual, según afirman, el individuo presenta la mayor parte de necesidades
de asistencia.
Jordi Vizcaíno explica que las actuales condiciones de vida, de
salud, económicas y sociales son muy diferentes a las de hace algunos
años: "Hoy en día es frecuente que a un prejubilado
le queden todavía treinta años de vida por delante y que
entre a formar parte de lo que se conoce como tercera edad. Nadie piensa
que sean ancianos. La vejez real empieza a los setenta y cinco u ochenta
años, y todos estos cambios se manifiestan en la actitud de estas
personas. Antes se encontraban en una etapa finalista; ahora empiezan
a descubrir facetas positivas de la vida de jubilado."
Echar un vistazo a nuestro entorno es más que revelador: los mayores
de 65 años no se consideran viejos, en general. Tal como planteaba
el nonagenario periodista Carles Sentís en un artículo en
el periódico Avui, "la prolongación de la vida, ¿es
un problema?".
Miles
de personas demuestran a diario que no tiene por qué serlo. La
presencia de personas mayores en cines, bares, restaurantes, teatros,
museos o viajes es de lo más habitual. Estas personas han dejado
de ser el colectivo pasivo y conservador, con pocos recursos y mentalidad
cerrada con el que se asociaba a cualquier persona que hubiera superado
la barrera de los sesenta años. Quizás algunos miembros
tengan actitudes conservadoras, pero también hay muchos con la
mentalidad abierta, con ganas de divertirse y de aprovechar el tiempo
para realizar todas aquellas actividades que no habían tenido ocasión
de llevar a cabo mientras tenían la obligación de ir a trabajar
cada día y de sacar adelante a su familia.
"Hemos pasado de un colectivo tratado de forma homogénea,
de boina y bastón, bastante inculto y que solía pasar el
tiempo sentado en un banco del parque a un colectivo incluso más
heterogéneo que el de los adultos", asegura Vizcaíno.
"Es cierto que hay gente que tiene problemas de salud, pero hay muchos
-y cada vez más- que se conservan bien. Los que tienen más
achaques son los de noventa años, como es natural. Pero, junto
a ellos, están los de sesenta años, que no tienen este tipo
de problemas."
Y son personas que quieren seguir participando en la sociedad. Algunos
datos: Firagran, un certamen ferial que se celebra en el Port Vell, ha
duplicado en cuatro años el número de visitas y de expositores;
de las once asociaciones dedicadas a las personas mayores que había
en 1975 en Cataluña se ha pasado a 1.100; 500.000 catalanes mayores
de 65 años disponen del carnet de usuario de la red de casals;
25.000 personas participan en cursos de nuevas tecnologías; más
de 60.000 participan en actividades culturales y sociales de casals d'avis
del Ayuntamiento de Barcelona; una sesión informativa sobre el
Fórum 2004 logró llenar las 600 plazas del auditorio en
el que se celebraba; una quinta parte de los voluntarios catalanes tiene
más de 65 años...
El mercado y las elecciones
La participación se canaliza a través de organismos como
el Consejo Asesor de las Personas Mayores de Barcelona, que se creó
en 1991 con el propósito de favorecer la integración de
la tercera edad y es el principal interlocutor del colectivo con el Ayuntamiento.
Hoy en día está integrado por 200 entidades y por un grupo
de expertos y representantes del municipio. A principios del año
2003, se constituirá el Senado de las Personas Mayores de Barcelona,
que reunirá a entidades y ciudadanos con ganas de colaborar en
la mejora de las condiciones de la gente de su edad, pero también
de la sociedad en general.
"Son personas que se fijan mucho en la calidad de la ciudad y que
ejercen mucha presión -revela un portavoz municipal. Se quejan
cuando los semáforos no funcionan o cuando una obra no se termina
a tiempo, avisan cuando hay un andamio que molesta... Son beligerantes,
y eso no sucedía hace quince años. No se quejan de forma
resignada, sino que exigen soluciones. Las personas mayores de hoy en
día no son como la generación anterior, que pasó
una guerra. Las de hoy en día protagonizaron el cambio en los años
sesenta y setenta, y no se conforman. No hay más que ver cómo
son los encuentros con ellos, como, por ejemplo, el Congreso de las Personas
Mayores: participativos y ricos".
Las nuevas generaciones de abuelos y abuelas no quieren quedarse atrás
en la carrera del conocimiento, lo que explica el éxito abrumador
de los cursos de informática e Internet que organizan instituciones
y entidades privadas. Conseguir una plaza en uno de estos cursos se ha
convertido, para muchos interesados, en una quimera.
"No admitimos que la jubilación sea un punto y aparte o una
ruptura, sino una fase de la vida tan enriquecedora como las anteriores",
reivindica Pere Meseguer, antiguo directivo de banca y actual vicepresidente
de Conex. "No podemos negar que, para mucha gente, jubilarse es una
frustración. La persona vive rodeada de inputs profesionales, y
cuando deja de trabajar se produce una ruptura brutal y repentina que
muchos no saben asimilar. La sociedad no nos prepara para ello. Las empresas
consiguen que cada trabajador piense que es imprescindible, y te dedicas
a tu quehacer en cuerpo y alma. De repente, te jubilan. Nosotros enseñamos
a esta gente que hay muchas más cosas que el trabajo, que quedarse
parado no significa quedarse quieto, que es nefasto. Tenemos que utilizar
nuestra energía para realizar nuestra aportación a la sociedad,
que es lo que nos satisface."
Conex es una de las numerosas entidades privadas relacionadas con la tercera
edad. Se fundó en 1964 con un objetivo bien simple: "quien
tiene, da, y quien necesita, recibe". Detrás de este eslogan
hay una asociación que ofrece unas clases muy particulares: los
profesores no cobran, los alumnos no pagan y los papeles de profesor y
alumno son intercambiables. Cualquier miembro de Conex puede ser alumno
de unas materias y profesor de otras.
"La gente que viene aquí no espera nada a cambio, pero descubre
que le aporta mucho. Yo me divierto más ahora que cuando trabajaba
en el BBV", revela Meseguer. Y algo parecido deben de pensar los
1.800 socios de la entidad. Sus numerosas actividades, entre las que se
cuentan taichi, macramé, idiomas o acuarela, son impartidas por
470 enseñantes y cuentan cada semana con 2.600 asistentes.
Los cursos que algunos veteranos ofrecen a jóvenes que quieren
montar una empresa constituyen un capítulo aparte, al igual que
un proyecto europeo para ayudar a jóvenes en paro mediante cursos
de ecojardinería, de iniciación al vídeo o de técnicas
de venta. Conex trabaja con sus propios criterios. La dirección
se ha negado a integrarse en un proyecto del Inem o a competir con la
Generalitat de Cataluña realizando un proyecto que ellos habían
iniciado antes. Lo único que persiguen, según Meseguer,
es evolucionar de acuerdo con las necesidades de las personas, buscar
soluciones a las nuevas necesidades.
Con una experiencia de más de veinte años trabajando con
y para las personas mayores, Jordi Vizcaíno rompe con algunos estereotipos
sobre costumbres de vida o niveles de ingresos. Afirma que las nuevas
generaciones de jubilados cobran "pensiones fuertes, comparativamente
más que los jóvenes. La media se sitúa bastante por
encima de los 600 euros. Si tenemos en cuenta que son muchos los que cobran
300, quiere decir que bastantes están muy por encima de la media".
Así pues, representan un mercado atractivo para las empresas. "Las
multinacionales los ven como un mercado suculento para venderles productos.
Y las personas mayores no sólo viajan, que es el tópico:
también cuidan su salud y son consumidores de productos tradicionales
como la ropa o los electrodomésticos y, además, el mercado
de la atención crece, como las residencias de calidad, aquellas
que cobran 1.800 euros al mes, la atención domiciliaria o las telealarmas",
explica este responsable municipal.
"Este cambio también se nota en la publicidad -continúa.
No se da una imagen compasiva dirigida al pobre anciano, sino que se lo
trata como a un ciudadano más, activo, con todos sus derechos y
también con todo su tiempo libre para aprovechar. Tienen un considerable
poder adquisitivo, pueden viajar en temporada baja y, lo que no es menos
importante, son muchos, muchos ciudadanos y, por lo tanto, muchos votos,
que cuentan y que quieren ser tenidos en consideración."
Es destacable el cuidado con que las instituciones públicas tratan
al colectivo. En una campaña municipal reciente, los anuncios no
asociaban la tercera edad a limitación de movimientos, dependencias
o falta de movilidad, sino a la posibilidad de llenar su tiempo con más
de 800 actividades.
El
tiempo. Esa es la clave. Las personas mayores son privilegiadas en uno
de los bienes más escasos de la competitiva sociedad actual.
El responsable del programa Gent Gran del Ayuntamiento asegura que vivimos
un "boom de la gente mayor" y que pronto viviremos una auténtica
revolución: "El fenómeno de la exclusión va
a menos, o eso se anuncia como tendencia de futuro. De momento, sólo
una minoría informada es consciente de las posibilidades que se
les abrirán cuando se jubilen. El salto definitivo será
cuando estos hombres y mujeres sean conscientes de que, de forma colectiva,
pueden ser un grupo de presión, como los 'panteras grises' en Estados
Unidos, que se dieron cuenta de que presionando podían conseguir
cosas. Aquí también tendremos un lobby importante; en un
plazo de ocho o diez años, cuando sean conscientes del peso tan
importante que poseen como colectivo y cuando descubran las posibilidades
que el asociacionismo les ofrece, se producirá una auténtica
explosión".
Vizcaíno afirma que "en la actualidad, los gobernantes ya
mandan para una franja de la población", y que los partidos
políticos intentarán controlar estas nuevas entidades. La
fuerza de las personas mayores en las elecciones ha pasado a ser determinante.
Para 2020, se espera que los votantes de más de cincuenta años
representen la mitad del censo en la práctica totalidad de países
de la Unión Europea. ¿Es posible que ésta sea la
razón por la que, desde hace unos años, en la mayoría
de países occidentales se siga manteniendo el importe de las pensiones,
con escasas variaciones, a pesar de que los expertos suelen recomendar
lo contrario?
Quienes hacen estas recomendaciones calculan el dinero que cuesta un sector
de la población que ha dejado de ser "rentable" desde
una óptica exclusivamente económica. Así, nos informan
de que el 60% del gasto económico que realizamos durante toda nuestra
vida se concentra en el año previo a nuestro fallecimiento o que
el 40% del gasto farmacéutico de la Seguridad Social se destina
a la tercera edad.
Respecto al futuro, los economistas se plantean muchas preguntas: "hablan
del coste de dependencia y se preguntan cómo se financiará
la asistencia; hablan del mercado que supone tantas personas mayores;
de la necesidad de replantear la viabilidad del sistema de pensiones;
de asegurar que el sistema sanitario se haga cargo de las cronicidades
y la atención a las dependencias...". Vizcaíno deja
la frase en puntos suspensivos. Todavía quedan muchas incógnitas
por aclarar.
En
lo que todos los expertos coinciden es en que el envejecimiento de la
población supondrá -si no lo está suponiendo ya-
cambios en los sistemas nacionales de salud, los planes de pensiones,
los tiempos de trabajo, la educación y la edad de jubilación,
para así poder afrontar las políticas demográficas
y de inmigración.
El pasado mes de abril se celebró en Madrid la segunda Asamblea
Mundial del Envejecimiento. El encuentro internacional, auspiciado por
Naciones Unidas, tenía como lema Una sociedad para todas las edades.
Durante unos días, 3.500 expertos intercambiaron puntos de vista
y concluyeron que era preciso aprovechar el potencial humano, la sabiduría
y la experiencia que las personas mayores pueden aportar.
Ya lo dijo el secretario general de la ONU, Kofi Annan, en dicha asamblea:
"En África se dice que cuando muere un anciano desaparece
una biblioteca".
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