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Maria-Antònia Oliver

Joaquim Carbó: un buen escritor

Ocho editoriales catalanas han publicado un libro de circulación restringida sobre Joaquim Carbó con motivo de su setenta aniversario. Carbó, nacido en Caldes de Malavella, ha desarrollado toda su carrera profesional en Barcelona. Es autor de numerosos libros para niños y jóvenes, así como de narraciones y novelas para adultos, y está a punto de llegar al centenar de obras publicadas. La también escritora Maria-Antònia Oliver le dedica las siguientes líneas.

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   volver al sumario / b.mm n.60   inverno 03
   

 

En 1980 se publicó Els orangutans en la colección Nova Terra. Se trataba de una segunda edición, ya que la primera había aparecido en 1967, y desde ese año hasta 1980 habían pasado muchas, ¡muchísimas cosas! Una de esas cosas, que seguramente no tiene ninguna importancia para nadie, pero que sí la tiene para mí, es que había conocido a Joaquim Carbó y nos habíamos hecho buenos amigos.

En aquella segunda edición de Els orangutans, Jaume Fuster se encargó de redactar el prólogo en el que, a pesar de tratarse de un prólogo de amigo, decía algunas verdades incuestionables: que la obra era una aventura joyciana de un chulo de barrio que sólo pensaba en pasarse por la piedra a todas las mujeres que se ponían a tiro y que, con este lenguaje, explica el viaje a Ítaca de un personaje fruto de una educación, de una guerra, de una dictadura fascista y de los inicios de una sociedad de consumo. También decía que Quim escribía porque quería escribir, porque lo necesitaba, porque le gustaba.

Mi generación no mató a los abuelos -Calders, Rodoreda, Pedrolo, Perucho, Capmany, Bartra, Llompart, Estellés, y tantos otros-, porque ya bastante le costó recuperarlos, pero sí que se olvidó de los padres y de algún tío, aunque ahora las generaciones posteriores nos consideren a todos de la misma quinta, poco más o menos. Y que conste que he utilizado la palabra generación sin entrar en detalles, sólo para entendernos.

 





Sin embargo, con Joaquim Carbó pasó algo curioso: por una parte, pertenecía a los padres olvidados -y rechazados- y, por otra, era un escritor que se vinculaba perfectamente a los autores surgidos alrededor de la década de los setenta, tanto por ideología como por la manera de hacer literatura, tanto si hacía literatura infantil como si la hacía para adultos. Y esto, visto desde ahora cuando ha cumplido setenta años -ahora que la literatura infantil y juvenil es considerada tan importante o más que la literatura para adultos-, también es una realidad de las de peso. Es más, al margen de grupos generacionales, al margen de que se trate o no de un amigo, al margen de la edad de sus lectores, al margen de los libros publicados y vendidos -un centenar de títulos, un millón de ejemplares vendidos, según se afirma en el libro que le han publicado las editoriales para conmemorar sus setenta años-, al margen de todo eso, lo cierto es que Joaquim Carbó es un buen escritor. No digo magnífico, no digo excelente, digo sencillamente bueno; que es precisamente lo contrario de malo. Es lo mejor que se puede decir de un escritor.

En la fiesta que le hicieron los amigos para celebrar su cumpleaños y la publicación del citado libro, Quim dijo que, cuando lo estaba preparando, pensaba que podría convertirse en su testamento... pero que, cavilando, cavilando, ya se había hecho con dos nuevas historias.
¡Amigo, te deseo que puedas seguir cavilando muchos años más!

 
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