Espacio público y universalidad
Nadie puede negar que los años del último fin de siglo han sido para Barcelona los más propicios de toda su historia en lo que a prestigio y proyección internacional de la ciudad se refiere. La pujanza que se registró en los años noventa parece que al entrar el siglo XXI haya acentuado su impulso, sin alcanzar aún el punto de máxima intensidad. Los indicadores que nos ofrece el sector turístico confirman el hecho de que Barcelona es un punto de atracción planetaria, abierto cada día a nuevos mercados, a la vez que la ocupación hotelera por asuntos profesionales o de negocio es objeto de una demanda creciente, totalmente impensable quince años atrás.

EDITORIAL
   volver al sumario / b.mm 62 | otoño 03
   

 

En vísperas del Fórum Universal de las Culturas, todo parece indicar que este extensísimo fenómeno de sugestión aún tiene que hacerse más amplio y, sobre todo, más sólido y fundamental. El último verano, en su magacín dominical del 10 de agosto, The New York Times dedicaba un largo reportaje a los cambios más significativos que ha experimentado Barcelona y contraponía la vitalidad cultural de la capital catalana al adormecimiento de París, espejo de una Francia, según el corresponsal, "estancada y autocomplaciente". Si bien desde la invasión de Iraq norteamericanos y franceses se enseñan las uñas siempre que pueden, el trabajo del prestigioso rotativo abordaba tantos aspectos de nuestra realidad que era ridículo ver en las comparaciones entre Barcelona y París un episodio más de un cierto "desquite americano" basado en motivos políticos.

También de Nueva York ha surgido recientemente la iniciativa de Project for Public Spaces, asociación de arquitectos de reconocido prestigio, que no ha dudado en elegir Barcelona a la hora de iniciar una serie de análisis en profundidad de los espacios públicos de diversas ciudades del mundo. La serie continuará con París, Londres y Nueva York. Los resultados de estos estudios se difunden a través de la web de la entidad -www.pps.org. Lo que interesa destacar aquí no es tanto el balance rotundamente favorable al que Project for Public Spaces ha llegado en su informe sobre Barcelona como el hecho de que nuestra ciudad haya sido escogida para encabezar una investigación sobre "los espacios públicos de calidad" surgidos del urbanismo de todo del mundo. Es la prueba de que Barcelona se ha convertido en un paradigma de obligada atención en el terreno de los cambios y mejoras que se aplican al hábitat urbano.

 


Ya se ha dicho: es muy probable que esta singularidad perdure e incluso se intensifique en los próximos años. Por una parte, el Fórum 2004, pese a no proponérselo expresamente, actuará como poderoso altavoz. Por otra, la actual dinámica urbanística y el programa de amueblamiento arquitectónico puesto en marcha aseguran la proyección internacional de Barcelona, en virtud de la propia relevancia de los profesionales que coinciden en realizar aportaciones muy destacables para la fisonomía de los espacios públicos.

La ciudad está viviendo ahora mismo lo que el alcalde Joan Clos llama un "nuevo ciclo arquitectónico". Como ciudad importadora de las mejores creaciones de la arquitectura contemporánea, Barcelona se encuentra inmersa en una experiencia sin precedentes. Este número de B.MM la ha querido describir detalladamente. En el "Cuaderno Central", el lector encontrará un trabajo de Albert Ferré en el que se analizan históricamente y en relación con su contexto las actuaciones que desde finales del siglo XIX eminentes arquitectos foráneos han protagonizado en Barcelona. Éste tenía que ser el pórtico imprescindible en la exposición detallada de la obra que un conjunto de profesionales, adscritos a la arquitectura más solvente y creativa que hoy se hace en el mundo, lleva a cabo en estos momentos en nuestros viejos y nuevos espacios públicos. De Jean Nouvel a David Chipperfield, de Zaha Hadid a Dominique Perrault, de Richard Rogers a Herzog & de Meuron, de Isozaki a Frank Gehry... el dossier da un repaso a las creaciones de grandes arquitectos internacionales que, junto con la cada vez más valorada tradición autóctona, dejarán en Barcelona una nueva impronta de imaginación, de belleza y de audacia.

B.MM

 
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