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Servicio militar en Cáceres y Madrid
Pocas semanas después de la entrada de los nacionales, fue movilizado
y enviado a Cáceres para hacer el servicio militar. "Aquel
destino me dio la posibilidad de conocer cómo había ido
la represión por aquellas zonas, también extraordinaria.
Y me causó mucha impresión: era una España que no
conocía y que había sufrido mucho a causa de la guerra y
del franquismo".
En el mes de agosto de 1939 fue trasladado a Madrid, con otros soldados
catalanes, al servicio de censura militar que había en el Palacio
de Comunicaciones. "Nuestra misión era vigilar las puertas
y hacer de 'criados' de los oficiales. Pero nos pusieron a trabajar de
censores. Los censores tenían que ser oficiales del ejército,
que cobraban 900 pesetas al mes; si nosotros, los soldados, hacíamos
de censores, cobrábamos unas 90. La diferencia se la embolsaba
el jefe del servicio de censura militar".
El trabajo consistía en abrir la carta con unas tijeras, leerla
y borrar lo que los franquistas consideraban censurable: "Cuando
las cartas venían escritas en catalán o en vasco, teníamos
la orden de interceptarlas. Los catalanes que hacíamos de censores
las dejábamos pasar, pero poníamos de nuestro puño
y letra 'Escribe en la lengua del imperio', y añadíamos
algún insulto. Así, los receptores recibían la carta
y se indignaban contra el régimen. También recuerdo cartas
muy interesantes, por ejemplo, las del noviazgo de un laureado barcelonés
con su prometida, que residía en Barcelona. Pero le confesaré
que, después de haber censurado miles de cartas, hay muy pocas
que valga la pena leer".
El servicio militar duró hasta enero de 1940, cuando, alegando
ser hijo de viuda pobre, pudo volver a Barcelona. Benet, al dejar la Escolanía
de Montserrat, donde había estudiado música y cultura general,
en septiembre de 1934 empezó el bachillerato como fámulo
en la Academia Ramon Llull, de los jesuitas de Sarrià. Los fámulos
eran becarios que, a cambio de servir a los estudiantes ricos, recibían
enseñanza gratuita. La Academia Ramon Llull, con su residencia,
había sustituido al gran colegio, con internado, que los jesuitas
tenían -y siguen teniendo- en Sarrià.
Cuando la Compañía de Jesús fue disuelta, durante
la República, el Estado había confiscado el colegio. "Yo
hacía de fámulo en la residencia, pero en el centro de enseñanza
yo era un estudiante más, como cualquier otro. No era fácil
ser un alumno brillante y a la vez fámulo... Pero era la única
manera que había encontrado de estudiar el bachillerato gratuitamente.
Cuando llegó la guerra, casi todos mis compañeros estuvieron
al lado de Franco, mientras que yo fui un combatiente republicano. Tengo
que decir que en la residencia siempre fui respetado y apreciado por los
compañeros a los que servía en la mesa".
Cuando volvió a Barcelona, libre del servicio militar, Benet tuvo
que acabar el bachillerato haciendo tres cursos en uno solo en el colegio
de la calle Casp. "Los jesuitas, aunque entonces estaban dominados
por el sector más españolista y reaccionario, me ayudaron
mucho y pude matricularme en Derecho".
Y entonces empezó la tarea de activista y resistente de Josep Benet.
En la universidad Benet fundó el Front Universitari de Catalunya
(FUC), la primera organización unitaria que se creaba después
de la guerra. Era antifranquista y catalanista, abierta a todas las ideologías
democráticas. Formaban parte de ella, entre otros, Joan Sansa,
Alexandre Cirici i Pellicer, Jaume Picas, los hermanos Casasses -Enric,
Lluís y Oriol-, Lluís Torras, los hermanos Cuixart -Pere
y Jordi-, los hermanos Casares -Francesc y Ramon-, Jordi Gol, Enric Jardí
y Josep Maria Ainaud de Lasarte.
El Front Universitari de Catalunya
Pero
la tarea de Benet nunca se ha limitado a un sólo aspecto y, ya
en la primera posguerra, trabajaba también en el Casal Catòlic
de Sant Andreu. "Intentamos restablecer la Federació de Joves
Cristians de Catalunya, con su presidente, Fèlix Millet, pero no
se consiguió. Era acusada de ser catalanista. Entonces aprovechábamos
los centros parroquiales para actuar, para oponernos al franquismo. Si
se montaba una sección de jóvenes, éstos no tenían
que inscribirse en Falange, en el Frente de Juventudes, como de hecho
era obligatorio para todos los jóvenes. Los falangistas se comportaban
a menudo de forma agresiva y prepotente. En Sant Andreu se dio el caso
de dos jóvenes a los que les hicieron beber aceite de ricino porque
se resistían a inscribirse en las centurias. Se pusieron enfermos.
El padre de uno de ellos, una noche, se llevó al falangista responsable
de aquella acción a la playa, y le dio una buena tunda. El falangista
no se repuso jamás de aquella paliza. Y en Sant Andreu se acabó
el aceite de ricino".
Una tarea del FUC era concienciar a los estudiantes, que en aquella inmediata
posguerra "eran, en su mayoría, hijos de la burguesía
que la guerra y la revolución habían convertido en franquistas.
Muy pocos estudiantes venían de barriadas populares. Recuerdo que
de Sant Andreu sólo éramos cinco: tres eran hijos de médicos
del barrio y, naturalmente, estudiaban Medicina, otro, Farmacia y yo,
Derecho". El FUC estaba organizado en células, formadas por
cinco estudiantes cada una, a las que llamaban "quintas". Publicaban
un periódico clandestino, Orientacions, lanzaban octavillas, organizaban
conferencias clandestinas, etcétera. "Nuestro grupo de acción
colgaba banderas catalanas en las torres de la Sagrada Família,
en la plaza Universitat, en el Passeig de Gràcia o en el Palau
de la Música Catalana".
El FUC mantenía relaciones con los otros grupos clandestinos. Creían
que para recuperar el país, después de la derrota de 1939,
había que formar a buenos profesionales. En su periódico
clandestino publicaban consignas como "una hora de estudio es una
hora de catalanismo". "Sufrimos detenciones que, por suerte,
no tuvieron consecuencias graves. Un dirigente del FUC, Joan Sansa, asistió
en nombre de los estudiantes del interior de Cataluña y en representación
de la Federació Nacional d'Estudiants de Catalunya (FNEC) al Congreso
Mundial de Estudiantes celebrado en Praga en el verano de 1946. De forma
clandestina, naturalmente. En este Congreso quedó dividido el movimiento
estudiantil mundial entre comunistas y no comunistas. Era la guerra fría.
"En aquella inmediata posguerra, creíamos que la lu cha armada
contra el franquismo en el interior era un gravísimo error. En
cambio, manteníamos estrecho contacto con la gente de la Resistencia
en la Cataluña Norte, especialmente con los catalanes resistentes
de Perpiñán. Y, además, estábamos dispuestos
y nos preparábamos para participar en la organización de
una resistencia armada en Cataluña, por si nos invadían
los nazis".
"Cuando se acabó la guerra mundial, a petición de los
servicios de información aliados de Perpiñán, les
informamos sobre la línea de fortificaciones que el ejército
español construía en los Pirineos catalanes. Bautizamos
estas fortificaciones con el nombre de Línea Gutièrrese,
en recuerdo de la Línea Maginot... Les informamos de que se estaba
construyendo con más arena que cemento y con poquísimo hierro
y de que estos materiales se estaban vendiendo de estraperlo en Figueres
y en otros sitios para reconstruir las destrucciones causadas por la guerra".
Mientras tanto, el Front Universitari había promovido la creación
del Grup Gerbert, de intelectuales, y el Pere Martell, con los que se
formó la nueva organización Grups Nacionals de Resistència.
"Aprovechando que Joan Sansa hacía el doctorado en Madrid,
lo designamos delegado nuestro cerca del comité antifranquista
que entonces existía. Era el único representante catalán
que asistía a las reuniones. Yo decía que los catalanes
teníamos que estar presentes en todos los intentos de pacto, porque
nunca no se sabía cuál de ellos podía llegar a ser
el nuevo Pacto de San Sebastián".
Algunas reuniones de aquel comité unitario del que, sin embargo,
estaban excluidos los comunistas se celebraban a la hora del café
en el bar Pidoux, un local de señoritas situado en la Gran Via
de la capital castellana. "Aprovechando mis viajes profesionales
-dice Benet-, asistí a algunas reuniones, acompañando a
Sansa. Allí conocí al galleguista Ramón Piñeiro,
a los nacionalistas vascos Koldo Mitxelena, Pello Mari Irujo, y a cenetistas
como García Durán. Aquellas reuniones podían acabar
mal y le dije a Sansa que comprobara si en el fondo del bar existía
una salida posterior. Resultó que sí. Y así, cuando
en abril de 1946 la policía de Barcelona, que seguía a un
elemento de la CNT clandestina que iba a Madrid, llegó al bar y
hubo una gran redada, Sansa pudo escaparse por aquella puerta de atrás,
mientras que casi todo el resto de los reunidos fueron detenidos".
Cada año se intentaba celebrar la Diada Nacional de l'Onze de Setembre,
prohibida por el franquismo. "En 1945, la vigilia de la Diada -recuerda
Benet- se produjo un tiroteo en la Riera de Sant Miquel, de Barcelona,
entre unos militantes del Front Nacional de Catalunya que repartían
propaganda y unos policías. Uno de los militantes, Joan Grau i
Rey, fue herido y quedó detenido. Temimos por su vida, pero la
intervención del abad Escarré cerca del capitán general,
que yo pedí, evitó que lo condenasen a muerte".
Benet cuenta que cada vez pedían más la intervención
del abad Escarré en favor de los detenidos. Así, los perseguidos
por motivos políticos empezaron a encontrar refugio en el monasterio
de Montserrat. Cuando en la Universidad grupos de falangistas -entre los
que se encontraba Pablo Porta, que después sería presidente
de la Federación Española de Fútbol- perseguían
y maltrataban a estudiantes hijos de conocidas familias catalanistas,
entre ellos un hijo de Carrasco y Formiguera, la señora Carrasco
le visitó en su despacho. Benet, entonces, ya no era estudiante
ni dirigía ninguna organización estudiantil. "La madre
de los Carrasco me exigió que, ya que habían creado organizaciones
clandestinas, ahora impidiesen que sus hijos fueron maltratados".
Benet pidió al abad Escarré que comunicase al Capitán
General que, si no se acababa el comportamiento de los falangistas en
la universidad, los militantes de grupos catalanistas clandestinos responderían
con violencia. El militar ordenó el cesamiento inmediato de la
violencia. Y así sucedió.
Al acabar la Segunda Guerra Mundial, las ilusiones de que los aliados
harían caer a Franco fueron desvaneciéndose hasta que, en
otoño de 1946, se hizo evidente que con la guerra fría,
a Europa y Estados Unidos ya les iba bien la situación española.
"Me di cuenta de que teníamos Franco para rato y pensé
que había que cambiar de estrategia".
Había que superar la Guerra Civil. Había que conseguir la
reconciliación entre los catalanes e ir recuperando, con nuestro
esfuerzo y el combate pacífico, espacios de libertad. Había
que reconstruir un país después de la derrota nacional.
Había que combatir el intento franquista de genocidio cultural
contra Cataluña y, por tanto, había que defender la lengua
y la cultura catalanas. Como estaba prohibido utilizar el idioma catalán
públicamente, se trabajó en su defensa organizando clases
clandestinas y en el campo de la danza, donde se podía prescindir
de la cuestión del idioma. Se organizó y se fomentó
el movimiento sardanista y el de esbarts dansaires, que eran grupos de
coros y danzas catalanes. Éstos, junto con el excursionismo y el
escultismo, fueron un foco importante de catalanidad y de antifranquismo.
Benet, con Manuel Cubeles, fundó el Esbart Verdaguer, que "se
convirtió en símbolo de la danza nacional catalana".
Benet trabajaba para pagarse los estudios. Realizó diversos trabajos
como músico y representante comercial y dando clases particulares.
Uno de sus trabajos fue redactor del primer diccionario Vox, en la editorial
Spes, que dirigía el antiguo diputado de Unió, Pau Romeva,
que acababa de volver del exilio. En aquel equipo estaban, entre otros,
Alexandre Galí, Alexandre Cirici i Pellicer -que también
habían regresado del exilio- y algunos militantes de movimientos
clandestinos del FNC e incluso comunistas.
Durante un verano dio clases particulares a los hijos de Fèlix
Millet, del que fue, posteriormente, secretario particular. Así
fue como Benet colaboró con la tarea de Millet en favor de la cultura
catalana perseguida, a través de la entidad benéfica Minerva,
que ayudaba a Carles Riba y Ferran Soldevila, también recién
llegados del exilio. Asimismo, por medio de Edicions Calíope, Millet
ayudaba a Josep Maria de Sagarra, que estaba traduciendo el teatro de
Shakespeare, que se editaba clandestinamente. "Es la única
edición de Shakesperare clandestina que existe en el mundo".
Junto con Maurici Serrahima, Benet fundó el Grup Miramar, que quería
ser el enlace, clandestino, entre los intelectuales de antes de la guerra
y jóvenes como Jaume Carner, Joan Reventós, Alexandre Cirici,
Anton Canyellas, Joan Triadú, Miquel Tarradell, los hermanos Ainaud
y Josep Maria Piñol. Aquel grupo, que se fue renovando con gente
más joven, duró hasta bien entrados los cincuenta y tuvo
una vida muy activa.
Pero la actividad frenética de Benet no se acababa aquí.
Fundó con Esteve Albert una editorial clandestina, Edicions de
Negra Nit, precedente de las Edicions Catalanes de París, que fundaría
y dirigiría en la capital francesa desde finales de los años
sesenta hasta la muerte de Franco, en 1975.
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