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Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona

Josep Benet
Memoria del largo combate antifranquista
Político, historiador y abogado, Josep Benet es una de las figuras políticas más relevantes de la oposición al franquismo y de la transición en Cataluña. Se hamantenido en segunda línea de fuego, a veces por
obligación, a menudo por voluntad propia. En esta entrevista Benet repasa su vida como activista y resistente, desde la bandera de Falange que hizo jirones en la inmediata posguerra pasando por su papel como editor de publicaciones clandestinas, hasta sus amistades y militancia política.

La entrevista
   volver al sumario / b.mm 62 | otoño 03
   

 

Josep Benet i Morell (Cervera, 1920) está escribiendo sus memorias. Abogado, historiador, político-resistente, Benet es un personaje que ha estado en todas las cocinas de la política catalana desde la Guerra Civil y hasta que su cuerpo y una neumonía le han pedido, hace unos meses, que se cuide más. Por eso nos recibe en su casa, en la calle Calvet, en Barcelona, rodeado de sus libros y bajo el discreto control de Florència, su mujer, a fin de que no deje de lado los cuidados que necesita.

Campaña a favor del Estatut catalán para el plebiscito del año 1931, en la plaza Sant Jaume de Barcelona. Los años cuarenta, cincuenta y sesenta son años grises para el país; pero, pese a ello, hay una serie de gente que de forma clandestina, o cuando menos no autorizada, mantiene el espíritu que el poeta cantó calificándolo como "salvar las palabras". Aquella tarea no era precisamente literatura; muchos de ellos se jugaban la piel. Josep Benet es un testigo esencial y, sobre todo, un protagonista central de esta historia, aunque no del todo explicada; de aquella Cataluña que perdió la guerra y que se mantuvo a flote pese al intento de genocidio político y cultural del franquismo.

Para hablar de aquellos años de oscuridad es para lo que vamos a ver a Josep Benet y le preguntamos cuál cree que es el apelativo que más le es propio: abogado, historiador o político. Contesta sin dudar que es un político: "He ejercido de abogado, es cierto, porque es mi profesión. Y me ha gustado ejercer. Pero, sin duda, yo soy un político". Y también ha hecho de historiador, le digo. "También", dice.

"En un país normal como Francia -dice Benet- yo sólo habría sido un lector de libros de historia contemporánea. No habría escrito. Aquí había tan pocos historiadores de historia contemporánea de Cataluña que, como decía Vicens Vives, si querías leer un libro sobre la gran mayoría de los acontecimientos de la historia de nuestro país, lo tenías que escribir tú mismo. Por ejemplo, hacía treinta años que había empezado el intento de genocidio cultural contra Cataluña y aún no había ni un solo libro publicado sobre este hecho tan importante. Por lo tanto, no podías leer sobre ello. Cuando algún periodista o historiador extranjero se interesaba sobre este hecho, teníamos que confesar, avergonzados, que no había ninguna obra que lo tratara. Tuve que escribirlo más tarde e incluso tuve que publicarlo en Francia, en las Edicions Catalanes de París, de las que yo era director, desde Barcelona, porque, evidentemente, la censura franquista no habría permitido publicarlo. Otro ejemplo: hacía cincuenta años del fusilamiento del presidente Companys y no había en el mercado ningún libro que explicase detalladamente su detención en Francia, su traslado a la España franquista, el consejo de guerra y el fusilamiento. También era un hecho vergonzoso. Tuve que escribirlo pese a que yo no era, profesionalmente, historiador."

Respecto a cómo Benet se puso a escribir libros sobre historia, él mismo lo explica: "Al final de los años cincuenta había organizado un ciclo de conferencias clandestino, en el Casal de Montserrat, sobre historia contemporánea de Cataluña. Una de las conferencias estaba dedicada a la posición del poeta Joan Maragall respecto a la Semana Trágica. No encontré a nadie que quisiera darla y tuve que hacerlo yo mismo. Al prepararla, me di cuenta de que el tema, por su importancia, merecía que le fuese dedicada una monografía. Y me puse a escribirla. Cuando tenía la primera redacción casi terminada, se produjeron los denominados hechos del Palau de la Música, en mayo de 1960, en los que fueron detenidas algunas personas, una de ellas Jordi Pujol. Cuando uno de los detenidos, Jaume Casajoana, fue liberado, vino a decirme que Pujol le había dicho que no sabía si podría soportar las torturas y me recomendaba que me escondiera".

Josep Benet buscó refugio en el santuario de Queralt, del que era custodio el padre Josep Maria Ballarín y donde muy a menudo había gente escondida. Después pasó una temporada en el monasterio de Montserrat y, por último, vivió clandestinamente en la casa de veraneo que el abogado Salvador Casanovas tenía alquilada en Castellterçol. "Yo estaba en este escondrijo -dice Josep Benet- cuando murió Vicens Vives. No pude asistir, pues, a su entierro. Durante los meses que viví escondido tuve todo el tiempo libre para corregir, una y otra vez, el original de mi primer libro. La gente y la crítica dijeron que estaba muy bien escrito. Era natural; dispuse de unos cuantos meses en los que no tenía otro trabajo ni otra distracción que ir mejorando aquella redacción".


 

Un tranvía en la avenida Paral.lel , en 1950. En aquella década, este medio de transporte fue el centro de dos huelgas que paralizaron Barcelona.Un antiguo escolano de Montserrat
Benet dice que se siente político desde que tenía diez u once años: "No sé por qué, ni de dónde me venía, pero era así". Una pasión que le empezó en la Escolanía de Montserrat. Después, a los catorce años, cuando viene a vivir a Barcelona para hacer el bachillerato a casa de unos tíos que tenían una lechería en Sant Andreu, encuentra un lugar en el que canalizar aquella pasión, la Federació de Joves Cristians (FJC), y al estallar la guerra participa en la tarea de ayuda a los curas que tenían que esconderse o a los que estaban encarcelados.

"La guerra, la viví muy intensamente. Yo era fiel a la República y a la Generalitat, pero también lo era a mis creencias. Por lo tanto, me encontraba dentro de la legalidad democrática en la oposición, porque creía que tanto el Gobierno de la República como el de la Generalitat hacían una política equivocada. Mi posición política de aquellos tiempos difíciles era parecida a la que el diputado de Unió Democràtica de Catalunya, Pau Romeva, expresó ante el pleno del Parlament de Catalunya.

"En el mes de marzo de 1938 estuve a punto de caer en manos del Servicio de Investigación Militar (SIM), una organización que llegó a Barcelona cuando se instaló el Gobierno de la República, en otoño de 1937, y cuya actuación dejó un recuerdo pésimo. Sus agentes desconocían la compleja realidad catalana y en su actuación cometieron errores, injusticias y crímenes."

A mediados de aquel mes de marzo, recuerda Benet, el SIM emprendió una gran campaña contra la llamada Quinta Columna franquista en Barcelona. Detuvo a numerosas personas, muchas de las cuales era absurdo acusar de actuar al servicio del franquismo, como el escritor y abogado Maurici Serrahima y el orfebre Ramon Sunyer, ambos dirigentes de Unió Democràtica, acusados de pertenecer al Socorro Blanco franquista. La detención de Serrahima era tan absurda que el presidente Companys, al serle comunicada, comentó irritado: "¿Es que ya han llegado los franquistas?".


"Un domingo de ese mes de marzo me había propuesto ir a misa, que se celebraba clandestinamente en un piso de la calle Ramón y Cajal, en Gràcia. Cuando iba, un paro del tranvía en Sant Andreu causado por las restricciones eléctricas me impidió llegar a tiempo. Después supe que el SIM había detenido a todos los asistentes a aquella misa -una veintena- acusándolos también de pertenecer al Socorro Blanco. Ninguno de ellos tenía nada que ver con él. Pasaron unos meses detenidos, sin ser puestos a disposición judicial, en los barcos cárcel Uruguay y Argentina, y algunos incluso en los siniestros campos de concentración del SIM".

Benet recuerda muy bien lo que pasó aquellos días, dado que en el momento de realizar esta entrevista ésa es la parte de sus memorias que está redactando. Hablando del SIM, le pregunto su opinión acerca del trabajo de Francesc Badia sobre los campos de trabajo en Cataluña durante la Guerra Civil (Publicacions de l'Abadia de Montserrat, 2001): "No lo he leído todavía, no quiero dejarme influir. Cuando haya escrito el mío, lo leeré. El SIM casi destruyó la Quinta Columna, pero también es cierto que, con su acción represiva, convirtió en franquistas a más ciudadanos que la propaganda de Ràdio Veritat. Debemos recordar que el presidente Companys, en una carta dirigida al doctor Negrín, jefe del Gobierno español, protestó enérgicamente por el comportamiento del SIM en Cataluña."


En abril de 1938 Josep Benet fue reclutado y llevado al frente. Era de la quinta llamada del "biberón" porque los movilizados tenían entre diecisiete y dieciocho años. A mediados de julio, una bomba de mano le dejó malherido. Fue internado en el hospital militar que había en el Colegio La Salle, del paseo Bonanova. Él dice que tuvo suerte. Cuando entraron los franquistas en Barcelona, se quedó en la ciudad reponiéndose de las heridas.

Josep Benet recuerda que el día que las tropas franquistas entraban en Barcelona él se juró que continuaría el combate para recuperar el régimen democrático y la libertad nacional de Cataluña: "Pensé que yo había tenido mucha suerte porque estaba vivo. Pensaba en mis compañeros que habían muerto en el frente y en los hospitales y en tantas personas que habían sido víctimas de los bombardeos. Mi vida -me decía- era de propina y, por lo tanto, estaba en deuda con aquellos compañeros que podían haber muerto en el frente por nada. Si hubiera sabido que el franquismo duraría cuarenta años, quizás, quien sabe..." y deja el pensamiento sin acabar.

Hacemos un punto y aparte durante la conversación. Benet lo hace a menudo porque los recuerdos le fluyen de manera espontánea. De repente recuerda orgulloso: "Yo fui el primero en hacer jirones una bandera de Falange. Unos amigos míos, carlistas de Sant Andreu, recién acabada la guerra me pidieron que les acompañara a una manifestación, para hacer de servicio de orden. Era en la Rambla, y en una esquina aparecieron falangistas con palos y banderas, y ya se había liado. Golpes y porrazos, de todo. Las relaciones entre ambos grupos eran muy malas y a menudo acababan en violencia. En medio de aquellos enfrentamientos, pillé una bandera de Falange y la hice jirones."

 

Dos imágenes de la Barcelona franquista:a la derecha, desfile de la Victoria en marzo de 1939. Al lado, inauguración de la nueva sede del Instituto Balmes (1942).

 

 


Retiro espiritual en Montjuïc (1962), y manifestación de la Diada de l'Onze de Setembre (1977).

 

 



Servicio militar en Cáceres y Madrid

Pocas semanas después de la entrada de los nacionales, fue movilizado y enviado a Cáceres para hacer el servicio militar. "Aquel destino me dio la posibilidad de conocer cómo había ido la represión por aquellas zonas, también extraordinaria. Y me causó mucha impresión: era una España que no conocía y que había sufrido mucho a causa de la guerra y del franquismo".

En el mes de agosto de 1939 fue trasladado a Madrid, con otros soldados catalanes, al servicio de censura militar que había en el Palacio de Comunicaciones. "Nuestra misión era vigilar las puertas y hacer de 'criados' de los oficiales. Pero nos pusieron a trabajar de censores. Los censores tenían que ser oficiales del ejército, que cobraban 900 pesetas al mes; si nosotros, los soldados, hacíamos de censores, cobrábamos unas 90. La diferencia se la embolsaba el jefe del servicio de censura militar".
El trabajo consistía en abrir la carta con unas tijeras, leerla y borrar lo que los franquistas consideraban censurable: "Cuando las cartas venían escritas en catalán o en vasco, teníamos la orden de interceptarlas. Los catalanes que hacíamos de censores las dejábamos pasar, pero poníamos de nuestro puño y letra 'Escribe en la lengua del imperio', y añadíamos algún insulto. Así, los receptores recibían la carta y se indignaban contra el régimen. También recuerdo cartas muy interesantes, por ejemplo, las del noviazgo de un laureado barcelonés con su prometida, que residía en Barcelona. Pero le confesaré que, después de haber censurado miles de cartas, hay muy pocas que valga la pena leer".

El servicio militar duró hasta enero de 1940, cuando, alegando ser hijo de viuda pobre, pudo volver a Barcelona. Benet, al dejar la Escolanía de Montserrat, donde había estudiado música y cultura general, en septiembre de 1934 empezó el bachillerato como fámulo en la Academia Ramon Llull, de los jesuitas de Sarrià. Los fámulos eran becarios que, a cambio de servir a los estudiantes ricos, recibían enseñanza gratuita. La Academia Ramon Llull, con su residencia, había sustituido al gran colegio, con internado, que los jesuitas tenían -y siguen teniendo- en Sarrià.
Cuando la Compañía de Jesús fue disuelta, durante la República, el Estado había confiscado el colegio. "Yo hacía de fámulo en la residencia, pero en el centro de enseñanza yo era un estudiante más, como cualquier otro. No era fácil ser un alumno brillante y a la vez fámulo... Pero era la única manera que había encontrado de estudiar el bachillerato gratuitamente. Cuando llegó la guerra, casi todos mis compañeros estuvieron al lado de Franco, mientras que yo fui un combatiente republicano. Tengo que decir que en la residencia siempre fui respetado y apreciado por los compañeros a los que servía en la mesa".

Cuando volvió a Barcelona, libre del servicio militar, Benet tuvo que acabar el bachillerato haciendo tres cursos en uno solo en el colegio de la calle Casp. "Los jesuitas, aunque entonces estaban dominados por el sector más españolista y reaccionario, me ayudaron mucho y pude matricularme en Derecho".

Y entonces empezó la tarea de activista y resistente de Josep Benet.
En la universidad Benet fundó el Front Universitari de Catalunya (FUC), la primera organización unitaria que se creaba después de la guerra. Era antifranquista y catalanista, abierta a todas las ideologías democráticas. Formaban parte de ella, entre otros, Joan Sansa, Alexandre Cirici i Pellicer, Jaume Picas, los hermanos Casasses -Enric, Lluís y Oriol-, Lluís Torras, los hermanos Cuixart -Pere y Jordi-, los hermanos Casares -Francesc y Ramon-, Jordi Gol, Enric Jardí y Josep Maria Ainaud de Lasarte.

El Front Universitari de Catalunya
Pero la tarea de Benet nunca se ha limitado a un sólo aspecto y, ya en la primera posguerra, trabajaba también en el Casal Catòlic de Sant Andreu. "Intentamos restablecer la Federació de Joves Cristians de Catalunya, con su presidente, Fèlix Millet, pero no se consiguió. Era acusada de ser catalanista. Entonces aprovechábamos los centros parroquiales para actuar, para oponernos al franquismo. Si se montaba una sección de jóvenes, éstos no tenían que inscribirse en Falange, en el Frente de Juventudes, como de hecho era obligatorio para todos los jóvenes. Los falangistas se comportaban a menudo de forma agresiva y prepotente. En Sant Andreu se dio el caso de dos jóvenes a los que les hicieron beber aceite de ricino porque se resistían a inscribirse en las centurias. Se pusieron enfermos. El padre de uno de ellos, una noche, se llevó al falangista responsable de aquella acción a la playa, y le dio una buena tunda. El falangista no se repuso jamás de aquella paliza. Y en Sant Andreu se acabó el aceite de ricino".
Una tarea del FUC era concienciar a los estudiantes, que en aquella inmediata posguerra "eran, en su mayoría, hijos de la burguesía que la guerra y la revolución habían convertido en franquistas. Muy pocos estudiantes venían de barriadas populares. Recuerdo que de Sant Andreu sólo éramos cinco: tres eran hijos de médicos del barrio y, naturalmente, estudiaban Medicina, otro, Farmacia y yo, Derecho". El FUC estaba organizado en células, formadas por cinco estudiantes cada una, a las que llamaban "quintas". Publicaban un periódico clandestino, Orientacions, lanzaban octavillas, organizaban conferencias clandestinas, etcétera. "Nuestro grupo de acción colgaba banderas catalanas en las torres de la Sagrada Família, en la plaza Universitat, en el Passeig de Gràcia o en el Palau de la Música Catalana".

El FUC mantenía relaciones con los otros grupos clandestinos. Creían que para recuperar el país, después de la derrota de 1939, había que formar a buenos profesionales. En su periódico clandestino publicaban consignas como "una hora de estudio es una hora de catalanismo". "Sufrimos detenciones que, por suerte, no tuvieron consecuencias graves. Un dirigente del FUC, Joan Sansa, asistió en nombre de los estudiantes del interior de Cataluña y en representación de la Federació Nacional d'Estudiants de Catalunya (FNEC) al Congreso Mundial de Estudiantes celebrado en Praga en el verano de 1946. De forma clandestina, naturalmente. En este Congreso quedó dividido el movimiento estudiantil mundial entre comunistas y no comunistas. Era la guerra fría.

"En aquella inmediata posguerra, creíamos que la lu cha armada contra el franquismo en el interior era un gravísimo error. En cambio, manteníamos estrecho contacto con la gente de la Resistencia en la Cataluña Norte, especialmente con los catalanes resistentes de Perpiñán. Y, además, estábamos dispuestos y nos preparábamos para participar en la organización de una resistencia armada en Cataluña, por si nos invadían los nazis".

"Cuando se acabó la guerra mundial, a petición de los servicios de información aliados de Perpiñán, les informamos sobre la línea de fortificaciones que el ejército español construía en los Pirineos catalanes. Bautizamos estas fortificaciones con el nombre de Línea Gutièrrese, en recuerdo de la Línea Maginot... Les informamos de que se estaba construyendo con más arena que cemento y con poquísimo hierro y de que estos materiales se estaban vendiendo de estraperlo en Figueres y en otros sitios para reconstruir las destrucciones causadas por la guerra".


Mientras tanto, el Front Universitari había promovido la creación del Grup Gerbert, de intelectuales, y el Pere Martell, con los que se formó la nueva organización Grups Nacionals de Resistència. "Aprovechando que Joan Sansa hacía el doctorado en Madrid, lo designamos delegado nuestro cerca del comité antifranquista que entonces existía. Era el único representante catalán que asistía a las reuniones. Yo decía que los catalanes teníamos que estar presentes en todos los intentos de pacto, porque nunca no se sabía cuál de ellos podía llegar a ser el nuevo Pacto de San Sebastián".

Algunas reuniones de aquel comité unitario del que, sin embargo, estaban excluidos los comunistas se celebraban a la hora del café en el bar Pidoux, un local de señoritas situado en la Gran Via de la capital castellana. "Aprovechando mis viajes profesionales -dice Benet-, asistí a algunas reuniones, acompañando a Sansa. Allí conocí al galleguista Ramón Piñeiro, a los nacionalistas vascos Koldo Mitxelena, Pello Mari Irujo, y a cenetistas como García Durán. Aquellas reuniones podían acabar mal y le dije a Sansa que comprobara si en el fondo del bar existía una salida posterior. Resultó que sí. Y así, cuando en abril de 1946 la policía de Barcelona, que seguía a un elemento de la CNT clandestina que iba a Madrid, llegó al bar y hubo una gran redada, Sansa pudo escaparse por aquella puerta de atrás, mientras que casi todo el resto de los reunidos fueron detenidos".

Cada año se intentaba celebrar la Diada Nacional de l'Onze de Setembre, prohibida por el franquismo. "En 1945, la vigilia de la Diada -recuerda Benet- se produjo un tiroteo en la Riera de Sant Miquel, de Barcelona, entre unos militantes del Front Nacional de Catalunya que repartían propaganda y unos policías. Uno de los militantes, Joan Grau i Rey, fue herido y quedó detenido. Temimos por su vida, pero la intervención del abad Escarré cerca del capitán general, que yo pedí, evitó que lo condenasen a muerte".


Benet cuenta que cada vez pedían más la intervención del abad Escarré en favor de los detenidos. Así, los perseguidos por motivos políticos empezaron a encontrar refugio en el monasterio de Montserrat. Cuando en la Universidad grupos de falangistas -entre los que se encontraba Pablo Porta, que después sería presidente de la Federación Española de Fútbol- perseguían y maltrataban a estudiantes hijos de conocidas familias catalanistas, entre ellos un hijo de Carrasco y Formiguera, la señora Carrasco le visitó en su despacho. Benet, entonces, ya no era estudiante ni dirigía ninguna organización estudiantil. "La madre de los Carrasco me exigió que, ya que habían creado organizaciones clandestinas, ahora impidiesen que sus hijos fueron maltratados". Benet pidió al abad Escarré que comunicase al Capitán General que, si no se acababa el comportamiento de los falangistas en la universidad, los militantes de grupos catalanistas clandestinos responderían con violencia. El militar ordenó el cesamiento inmediato de la violencia. Y así sucedió.

Al acabar la Segunda Guerra Mundial, las ilusiones de que los aliados harían caer a Franco fueron desvaneciéndose hasta que, en otoño de 1946, se hizo evidente que con la guerra fría, a Europa y Estados Unidos ya les iba bien la situación española. "Me di cuenta de que teníamos Franco para rato y pensé que había que cambiar de estrategia".

Había que superar la Guerra Civil. Había que conseguir la reconciliación entre los catalanes e ir recuperando, con nuestro esfuerzo y el combate pacífico, espacios de libertad. Había que reconstruir un país después de la derrota nacional. Había que combatir el intento franquista de genocidio cultural contra Cataluña y, por tanto, había que defender la lengua y la cultura catalanas. Como estaba prohibido utilizar el idioma catalán públicamente, se trabajó en su defensa organizando clases clandestinas y en el campo de la danza, donde se podía prescindir de la cuestión del idioma. Se organizó y se fomentó el movimiento sardanista y el de esbarts dansaires, que eran grupos de coros y danzas catalanes. Éstos, junto con el excursionismo y el escultismo, fueron un foco importante de catalanidad y de antifranquismo. Benet, con Manuel Cubeles, fundó el Esbart Verdaguer, que "se convirtió en símbolo de la danza nacional catalana".


Benet trabajaba para pagarse los estudios. Realizó diversos trabajos como músico y representante comercial y dando clases particulares. Uno de sus trabajos fue redactor del primer diccionario Vox, en la editorial Spes, que dirigía el antiguo diputado de Unió, Pau Romeva, que acababa de volver del exilio. En aquel equipo estaban, entre otros, Alexandre Galí, Alexandre Cirici i Pellicer -que también habían regresado del exilio- y algunos militantes de movimientos clandestinos del FNC e incluso comunistas.
Durante un verano dio clases particulares a los hijos de Fèlix Millet, del que fue, posteriormente, secretario particular. Así fue como Benet colaboró con la tarea de Millet en favor de la cultura catalana perseguida, a través de la entidad benéfica Minerva, que ayudaba a Carles Riba y Ferran Soldevila, también recién llegados del exilio. Asimismo, por medio de Edicions Calíope, Millet ayudaba a Josep Maria de Sagarra, que estaba traduciendo el teatro de Shakespeare, que se editaba clandestinamente. "Es la única edición de Shakesperare clandestina que existe en el mundo".

Junto con Maurici Serrahima, Benet fundó el Grup Miramar, que quería ser el enlace, clandestino, entre los intelectuales de antes de la guerra y jóvenes como Jaume Carner, Joan Reventós, Alexandre Cirici, Anton Canyellas, Joan Triadú, Miquel Tarradell, los hermanos Ainaud y Josep Maria Piñol. Aquel grupo, que se fue renovando con gente más joven, duró hasta bien entrados los cincuenta y tuvo una vida muy activa.
Pero la actividad frenética de Benet no se acababa aquí. Fundó con Esteve Albert una editorial clandestina, Edicions de Negra Nit, precedente de las Edicions Catalanes de París, que fundaría y dirigiría en la capital francesa desde finales de los años sesenta hasta la muerte de Franco, en 1975.

 

 

"Aquí, como decía Vicens Vives, si
querías leer un libro sobre los acontecimientos de la historia de nuestro país, lo tenías que escribir tú mismo".

 

 

 

La Comissió Abat Oliba
En la primavera de 1946 se creó la Comissió Abat Oliba, que tenía que organizar las fiestas de entronización de la imagen de la Virgen de Montserrat en el trono que se había construido con las aportaciones de docenas de miles de catalanes. Su secretario era Fèlix Millet. Al final del verano de 1946, la Comissió aún no había arrancado. El abad Escarré y Millet pidieron a Benet que aceptara ser el jefe de la secretaría. Y se dedicó a ello plenamente.
Desde el primer momento trabajó para que en la Comissió hubiera gente procedente de los dos bandos de la pasada guerra. Desde la Comissió se predicó la reconciliación nacional entre todos los catalanes. El acto, celebrado el 27 de abril de 1947 en las plazas del monasterio, con la presencia de miles de personas procedentes de toda Cataluña, de las demás zonas de lengua catalana e incluso del exterior, fue una emocionante fiesta religiosa y cívica. Una enorme bandera catalana -que seguía prohibida por las autoridades franquistas- fue colocada por miembros de los Grups Nacionals de Resistència (GNR) en el Gorro Frigi y presidía la fiesta.

"Era la primera vez -recuerda Benet- que la lengua catalana era utilizada desde 1939 en un acto público. Fue un acto religioso y cívico, pero también un acto de reconciliación entre los catalanes que la Guerra Civil había situado en bandos diferentes. Y es que la reconciliación nacional la empezamos nosotros, mucho antes de que la consigna la utilizara el PCE en los años cincuenta. Una política que no todo el mundo entendió. Los puristas, sobre todo. Por esta razón, son años en que políticamente sufrí mucho".

Una de las cuestiones, explica Benet, que más preocupaban a los sectores políticos y intelectuales antifranquistas y catalanistas en la segunda mitad de los años cuarenta era la del colaboracionismo, como sucedía en casi toda Europa. "Todo el mundo se preguntaba qué actos eran hacer colaboracionismo. Yo me preguntaba hasta qué punto era colaboracionismo escribir un artículo en castellano, en libros y periódicos, cuando el catalán era perseguido por el régimen. ¿Lo era escribir en Destino, que había sido fundada al servicio de la 'política de unidad' en cuyo nombre se aplicaba en Cataluña una auténtica política de genocidio cultural?"

También Maurici Serrahima refleja en sus memorias, que se acaban de reeditar en Edicions 62 con los textos que la censura había prohibido, las reacciones negativas en el Grup Miramar, a finales de los años cincuenta, cuando Josep Pla, por ejemplo, le propuso a Sagarra que colaborase en Destino. "¿Qué nos interesa más?", se preguntaba Serrahima. Benet dice que "creía que recuperar gente era importante, porque la libertad se conquista paso a paso. En política siempre tienes que guiarte por un programa. Una vez fijado éste, tienes que preguntarte hacia dónde vas y qué puedes hacer. Nosotros nunca habíamos apoyado la lucha armada y estábamos convencidos de que sólo la reconciliación podía devolvernos el país que queríamos. Por tanto, necesitábamos todas las fuerzas que sumasen".

Que Josep Benet estaba presente en casi todas las iniciativas catalanistas y antifranquistas lo demuestra Maurici Serrahima, en las memorias citadas, cuando explica que, en 1949, el Foreign Office le pidió, mediante la embajada en Madrid, un informe sobre la situación de la Iglesia en España y de la democracia cristiana vasca y catalana. Londres le pidió también una lista de catalanes que pudieran formar parte de un gobierno democristiano. Serrahima explica que lo consultó con Romeva, Sagarra y Benet, antes de emitir su informe. Después, claro, los vientos soplaron por otro lado y aquella posibilidad se fue al traste.

Josep Maria Sòria y Josep Benet, durante la entrevistaLe pregunto a Benet qué papel desempeñó en las huelgas de tranvías de los años cincuenta. La de 1951, dice, que fue un éxito popular: "Fue muy espontánea, no hubo promotores ni más protagonistas que los barceloneses que se negaron masivamente a subir a los tranvías. Yo fui uno de tantos huelguistas". Una parte de la huelga Benet la vivió estando en Madrid, en el hotel Palace, donde pudo comprobar la profunda impresión e incluso el temor que aquel movimiento causaba en los medios gubernamentales franquistas.

En cambio, Benet desempeñó un papel muy importante en la huelga de enero de 1957, que es casi desconocida por las nuevas generaciones. "Formé parte del comité de huelga y redacté e hice imprimir algunos de las octavillas clandestinas. Vicens Vives estaba entusiasmado y contactamos con miembros del Consejo Privado de Don Juan de Borbón, con Santiago Nadal. Por encargo del comité de huelga, cuando Barcelona estaba casi paralizada, Reventós y yo nos trasladamos a Madrid a fin de promover allí un movimiento parecido. Nos vimos con Dionisio Ridruejo y Francisco de Luis, entonces consejero delegado de la potente Editorial Católica, la del diario Ya. Pero la iniciativa no prosperó".

La campaña de la "P"
Benet militó en Unió Democràtica de Catalunya (UDC) entre 1946 y 1952, pero se separó del grupo "no por razones ideológicas, sino de táctica y de estrategia políticas. En eso no coincidía con Miquel Coll de Alertorn y otros dirigentes, que mantenían el partido en una acción meramente testimonial. Distinta era la actuación de Anton Canyellas, que en el exterior mantenía la presencia de un partido democristiano catalán en relación con las organizaciones internacionales".
Por su posición durante la guerra, Benet creía que a UDC le correspondía ser el partido que presidiese la reconciliación nacional catalana y el liderazgo de la oposición antifranquista. Al no seguirse este camino, optó por trabajar en la clandestinidad como independiente.

Dionisio Ridruejo lo llamaba "el guerrillero". A Benet le gustaba, porque creía que contra el franquismo se tenía que actuar en forma de guerrilla, lo que comportaba firmar papeles clandestinos con el nombre de organizaciones inexistentes. "Eso desorientaba a la policía", recuerda. Por ejemplo, cuando Benet propuso a todos los partidos de oposición hacer una campaña de protesta, que se tenía que concretar pintando en las paredes la letra P -pintadas que aún hoy pueden observarse en algunos lugares de Cataluña-, todos los partidos aceptaron participar en ella. Pero a la hora de firmar el manifiesto común, algunos se negaron si lo hacía también el PSUC. "Propuse que el manifiesto lo firmara un Partit Demòcrata-cristià de Catalunya inexistente, y todo el mundo aceptó la solución". Por cierto, esta campaña provocó una de las numerosas detenciones de que fue objeto Benet por parte de la policía franquista.

La lucha por la unidad
Una de las luchas de Benet durante todos aquellos años fue su acción en favor del reencuentro de la unidad perdida con la guerra: "Una unidad que creía imprescindible para que el combate contra el franquismo fuese más eficaz y decisivo". Benet dice que el pueblo catalán salió de la guerra profundamente dividido entre los que se mantuvieron fieles a la República y los que, por razones diversas, acabaron siendo franquistas. "Incluso en el campo republicano se creó una fuerte división y una manifestación de ello fueron los hechos de Mayo del 37. Y una vez acabada la guerra mundial, la guerra fría acentuó aún más la división".

"Si se quería avanzar en el camino de la recuperación nacional, después de la derrota de 1939, había que recuperar la unidad", defendía Benet, que cree que su combate para reencontrar esta unidad ha sido su mejor contribución a la recuperación de Cataluña. Y no será hasta la Capuchinada de 1966, con la constitución del Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Barcelona (SDEUB), cuando aquella unidad será realidad, con la llamada Taula Rodona (mesa redonda), nacida precisamente en casa de Josep Benet, donde estamos haciendo esta entrevista: "La Taula Rodona es ésta" y señala la mesa del comedor. "De esta mesa salieron las Comisiones de Solidaridad con los presos, la Comisión Onze de Setembre, etcétera, hasta llegar a la Assemblea de Catalunya".

Hablando hemos llegado a los años sesenta: "Son de una extraordinaria creatividad para Cataluña: Edicions 62, Enciclopèdia Catalana, la Nova Cançó, Comissions Obreres, las asociaciones de vecinos, el citado SDEUB, las luchas por la democratización y catalanización de los colegios profesionales; la creación de Òmnium, de la Fundació Miró, del Cercle de Economia; la expansión del escultismo y, por último, la Assemblea de Catalunya. ¡Ojalá existiera hoy en día esta creatividad!", se lamenta.primer congreso de CC.OO. en  Cataluña (1977)

Lo que pasó en los años sesenta, según Benet, demuestra que "estábamos en el camino adecuado. La transición no se puede explicar sin entender lo que pasó en Cataluña en aquellos años. Ni mucho menos. Además, ¿quién le iba a decir a la gente de antes de la guerra que, pasados unos años, las comunicaciones públicas de sindicatos como CC.OO. o UGT serían en catalán?".



“Qui havia de dir a la gent d’abans de la guerra que,
passats uns anys, les comunicacions públiques de
sindicats com CCOO o UGT
es farien en català?”.

 
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