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El ajetreo cotidiano
La visión de cómo pasan su tiempo de ocio los barceloneses
varía si la pregunta que se hace es cuál es la actividad
más habitual. En este caso, las mujeres afirman que las tareas
del hogar, ir al teatro, salir a comer o a cenar, escuchar la radio, leer,
las actividades culturales, ver la televisión, pasear e ir al cine.
Los hombres, por su parte, citan los espectáculos deportivos, los
ordenadores e Internet, ir a la montaña, el deporte y la música,
ir de copas, salir con los amigos y los juegos.
Durante los fines de semana, los barceloneses y barcelonesas sienten predilección
por ir a pasear, salir de compras o asistir a representaciones teatrales.
En cambio, limitan de forma notable el tiempo que dedican a actividades
habituales de lunes a viernes, o bien dejan de hacerlas. Así, los
sábados y domingos pierden peso actividades que se pueden realizar
en cualquier momento y, en general, sin salir de casa, como leer, ver
la televisión, hacer deporte, escuchar música, las tareas
del hogar, las actividades culturales, el estudio, los juegos, escuchar
la radio, Internet, el voluntariado o el asociacionismo. Ganan protagonismo,
en cambio, aquellas cosas, pequeñas y grandes, que el ajetreo cotidiano
del día a día nos obliga a aplazar. Las respuestas están
en la mente de todos: ir al cine, salir con los amigos, ir de copas, ir
a comer o a cenar, ir de excursión a la montaña o a la playa,
asistir a espectáculos deportivos o a oficios religiosos, ir de
visita, viajar, estar con la familia, bailar, visitar la ciudad, salir
de Barcelona y tantas otras.
La Encuesta de Calidad de la Ciudad realizada por el Ayuntamiento contiene
otros datos reveladores. Son especialmente interesantes las respuestas
que da la gente cuando se le pregunta si los fines de semana se queda
en Barcelona o si se va fuera. La respuesta más repetida es "todos
los fines de semana, o prácticamente todos, los paso en Barcelona".
Los que más se quedan en la ciudad son el diverso segmento de población
incluido dentro del epígrafe personas mayores, que también
son los que dicen que salen todos o casi todos los fines de semana. Los
ciudadanos de edades intermedias, en cambio, están más repartidos
entre aquellos que se encuentran a caballo de los dos extremos.
De las encuestas sobre el tiempo de ocio se desprenden otras conclusiones,
como que los hombres cuentan con mucho más tiempo libre que las
mujeres, el enorme peso que tienen los medios de comunicación audiovisuales,
que trabajar predispone a la lectura, que las personas mayores son bastante
impermeables a las innovaciones o que en la supuesta sociedad del ocio
la gente dice a menudo que no tiene suficiente tiempo.
¿Qué conclusiones se desprenden de estos datos? Marta Masats,
autora de un trabajo sobre el ocio de los barceloneses y de otro sobre
los catalanes, muestra su sorpresa por la existencia de dos grandes grupos
de población con hábitos muy diferenciados. En uno se encuentran
personas mayores con un bajo nivel de formación y unos recursos
escasos que, pese a disponer de mucho tiempo libre, practican un ocio
pasivo, en el que el protagonista estelar es la televisión e ir
de paseo.
En el otro extremo de la balanza se sitúan unas clases de edades
intermedias que, al contrario que las personas mayores, tienen dinero
pero muy poco tiempo. Por paradójico que pueda parecer, son extremadamente
participativos y realizan numerosas actividades cada semana. Es el pequeño
segmento de población que Salvador Giner bautiza como el grupo
Ernest Lluch, "unas pocas personas que acumulan todo el ocio activo
de la población: esquían, van en kayak, van al Auditori,
están abonados al Liceu, son clientes asiduos de los cines Verdi,
están sensibilizados en política o religión, leen
diarios, sus hijas hacen ballet y aún les queda tiempo para hablar
del Barça".
Comparando la encuesta metropolitana del año 2000 con la de 1995,
Masats asegura que las dos grandes novedades de los últimos años
son "la irrupción con fuerza del consumismo como forma de
ocio" y la mercantilización del tiempo de ocio. Es decir,
cada vez más la gente deja de organizarse a su manera el tiempo
de que dispone. Prefiere comprar un bien o un servicio, perfectamente
organizado, que el mercado le ofrece. "El ocio se ha dejado en manos
del mercado. El problema es que al mercado no le interesan sectores de
población con pocos medios, y como la Administración no
ha intervenido en estas nuevas formas de ocio, las personas mayores se
quedan al margen", lamenta.
Ocio o negocio
Cardús cree que "la sociedad del ocio enmascara la realidad
que vivimos, que es la sociedad del consumo. Originalmente, el ocio era
la negación del negocio, pero ya no. Actualmente, ocio es negocio.
Y el tiempo libre es un tiempo de coacción, muy bien organizada,
pero coacción al fin y al cabo, que enfrenta al individuo con el
tema de la libertad. Y te das cuenta de que no nos gusta vivir en libertad.
En el tiempo libre es cuando actuamos de forma más gregaria. Todos
vamos a los mismos sitios. Como no sabemos qué hacer, los fines
de semana, en lugar de tomar una decisión, miramos qué hacen
los demás y nos apuntamos, corremos hacia los centros comerciales
o hacia las ferias de pueblo, pese a que ya sabemos que nos darán
empujones, que comeremos mal y que nos cobrarán de más.
Muy poca gente dispone de su tiempo libre al margen de las pautas que
le proponen, que suelen ser pautas de consumo, incluso cuando se habla
de fiestas mayores, que en el fondo hoy son simulacros de fiesta organizados
por los ayuntamientos con la intención de fomentar el consumo".
Salvador Giner destaca que, en términos generales, la diversidad
de las actividades que se llevan a cabo es "extraordinariamente pobre,
mucho más de lo que la gente cree", y que esta realidad desmonta
el mito de que en Cataluña se realizan muchas actividades, cuando
menos en relación con otros países europeos. "La gente
dice que las tareas del hogar son ocio, y los hombres consideran ocio
lavar el coche en la gasolinera -se sorprende el prestigioso sociólogo-.
Hombre, sí: supone un relax en contraste con ir al trabajo entre
semana, pero considerar eso ocio...".
Es difícil delimitar dónde se encuentra la frontera entre
lo que es ocio y lo que es obligación, acepta Giner. Dice que la
realidad que se puede encontrar dentro de la ciudad de Barcelona es bastante
diferente de la que aparece en la primera corona metropolitana, y que,
en cualquier caso, se tienen unos hábitos muy tradicionales.
¿Qué pasará en el futuro? ¿La mecanización
nos permitirá ganar definitivamente más tiempo para nosotros?
¿Se impondrá, en Europa, la jornada laboral de cinco horas
o quizás se alargará la edad de jubilación, como
empieza a pasar en algunos países, a fin de garantizar nuestras
pensiones? Los expertos no tienen respuestas. Cardús está
convencido de que "el siglo XXI ha empezado con un desorden y un
malestar extraordinarios. El trabajo no tiene límite desde el momento
en que queremos que las tiendas estén abiertas 24 horas al día.
Todo se junta para complicarnos la vida. Se organiza un encuentro en tu
pueblo y te preguntan: ¿Fuiste? Y como te quedaste en casa, te
miran con extrañeza, te dicen que no sabes lo que te perdiste y
tú te sientes imbécil. ¡No dejan que me quede en casa
echando la siesta! Estamos rodeados por una compulsión comercial
que lo invade todo. El intercambio personal, doméstico, los amigos,
la familia quedan relegados al mínimo, y eso genera un gran malestar,
sobre todo en una sociedad como la nuestra. Estamos llegando al límite
de la resistencia, y hay gente que ya empieza a explotar. Pero es muy
difícil escapar de este autoritarismo. Hay poco margen para la
diversidad. El tiempo libre no existe".
Tampoco Giner se aventura a predecir el futuro. Como mucho se atreve a
decir que, dentro de quince años, el ocio de los barceloneses será
muy diferente al de ahora, más diverso, más participativo,
más enriquecedor y no necesariamente más individual.
Corren tiempos de incertidumbres. Tendremos que esperar para ver dónde
nos conduce lo que un día se calificó de sociedad del bienestar.
Las encuestas revelan una paradoja:
que cuanto más tiempo libre dispone el individuo,
más pasivas son las actividades de ocio que realiza.
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