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De aquel momento, y por la discreta vía de la coordinación
de estos programas, data la vinculación de Matabosch con el Liceu.
Era entonces un joven periodista en situación laboral precaria,
que sin duda sabía la tira de ópera para hacer las críticas
que hacía y para soltar aquellos comentarios cáusticos que
de cuando en cuando se le escapaban, pero del que no se sabía mucho
más; no lo suficiente, como mínimo, para poder prever que
algún día llegara a oficiar en el altar mayor del templo
de la Rambla.
La primera sorpresa fue que Hänseroth lo incorporase como adjunto
de dirección. Cuando en 1998 le pusieron al frente del proyecto
artístico del nuevo Liceu, el sentimiento ya fue de incredulidad.
No por él ni tampoco por la gerencia que le había propuesto
-Josep Caminal podía ser un pozo de sorpresas-, sino, sobre todo,
por las instituciones que habían confiado en él
, porque
ya sabemos cómo funcionan, ¡ay!, las instituciones públicas.
La evolución del Liceu ha confirmado el acierto de la decisión.
La reconstrucción del teatro se ha puesto al servicio de un proyecto
artístico coherente y de gran consistencia ideológica, que
ha interesado cada vez a un mayor número de personas: de 7.000
abonados se ha pasado a más de 20.000; los Wagner se representan
por docenas
El secreto del éxito es lo que tantas veces se
ha dicho de la combinación de "tradición y modernidad":
saber avanzar hacia nuevos territorios sin perder las raíces. Y
también el don de la oportunidad: la propuesta ha sabido responder
a una demanda social que el antiguo Liceu, lleno de rémoras elitistas,
no podía satisfacer.
Hay otra combinación de gran solera y que nos encanta que podría
completar la caracterización del fenómeno, la de seny i
rauxa -juicio e impetuosidad-. Prender fuego a ritos sociales convertidos
en rictus y a una concepción del espectáculo como un simple
reencontrar las mismas verdades apolilladas, pero hacerlo como quien no
quiere la cosa, negociando con los viejos poderes y proponiéndoles,
también a ellos, nuevas vías para el disfrute artístico.
Que a veces algún carcamal grite "Matabosch al paredón"
no significa nada, sólo que aún quedan carcamales con buena
voz.
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