Desde mi condición de directivo
de Juventudes Musicales y, por lo tanto, como implicado en el proceso
de difusión del hecho musical en su sentido más amplio,
tengo que iniciar este escrito afirmando que la situación de
la educación y la enseñanza musicales en Barcelona y,
lógicamente, en Cataluña, ha mejorado sustancialmente.
Se ha hecho mucho, aunque queda mucho por hacer.
Seguro que pedagogos en ejercicio y muchos músicos que han
hecho de la enseñanza de la música en las escuelas su
profesión podrían aportar datos que contribuirían
a documentar lo que acabo de afirmar.
La preocupación por la educación
musical de los niños tiene una larga tradición en Cataluña.
Y justamente es en el terreno de la educación musical en las
escuelas en el que maestros como Joan Llongueres, aplicando el método
Jacques Dalcroze; más recientemente el padre Irineu Segarra,
creador de la Escola de Pedagogia Musical, y muchos otros han hecho
aportaciones sustanciales que nos han ayudado a llegar a la aplicación
de la Ley de Ordenación General de Sistema Educativo, conocida
como LOGSE (1990), con una acumulación de experiencias muy
valiosas.
Recientemente, en la Unesco se creó
la Comisión Internacional sobre la Educación en el siglo
XXI, presidida por Jacques Delors, sobre la base de que "una
educación mejor es esencial para la mejora de la calidad de
vida y para la promoción de la armonía entre los pueblos".
Esta comisión convino en la necesidad
de diseminar los siguientes principios: a) la música es un
componente esencial de la identidad cultural de los pueblos y de la
persona; b) la música es también un medio privilegiado
de comunicación entre los individuos y entre las culturas;
c) la música proporciona una experiencia única que permite
a las personas de cualquier edad desarrollar su identidad y su talento
contribuyendo a desarrollar su sentido de responsabilidad social.
La música, el sonido, el timbre
de la voz y el canto configuran la experiencia de vida más
comunicativa y asequible que se pueda imaginar, pues el niño,
al nacer, depende totalmente de sus sentidos, entre los que el oído
ocupa un lugar muy importante, puesto que, ya antes, percibe las vibraciones
que le acompañarán durante toda su vida. Mediante el
oído, el bebé establece sus primeros contactos con el
medio, y mediante el grito manifiesta su presencia haciéndose
audible y exigiendo una respuesta.
El gran músico Yehudi Menuhin
invirtió los últimos años de su vida en difundir
la idea de que las enseñanzas artísticas en la escuela,
y fundamentalmente la educación musical, son sustanciales para
el desarrollo psicomotriz de los niños. "Tenemos que dar
a los niños -decía- la posibilidad de entregar su imaginación
y sus energías a una actividad que les haga descubrir un mundo
diferente al del miedo y la agresividad".
Hay que hacer que los niños conozcan
la música y que participen en actividades musicales, porque
la música estimula la imaginación, proporciona alegría
y placer a quien la practica y eleva el espíritu fortaleciendo
al mismo tiempo la inteligencia.
Por muchas de estas razones hoy se preconiza la educación mediante
la música, entendiendo que los docentes deben tener los conocimientos
que les permitan participar también en otros campos de la educación
en la misma escuela. Y, naturalmente, al dejar la escuela primaria,
los alumnos deben ampliar las nociones elementales que puedan tener
entrando en el conocimiento de lenguaje musical y, sobre todo, iniciando
la adquisición de una cultura musical.
En este sentido, la colaboración
de Juventu-des Musicales, tanto en Barcelona como en buena parte de
Cataluña, ha sido y sigue siendo de gran interés. Además,
desde hace más de cuarenta años las llamadas Audiciones
para la Iniciación Musical de los Escolares constituyen para
los alumnos una fuente de información y enriquecimiento de
su cultura musical y también un medio de sensibilización
musical de gran estima. Y si en Juventu-des Musicales se incrementa
el número de audiciones, otras iniciativas también muy
bien enfocadas, como el ciclo Las escuelas en el Palau o las que se
anuncian en el nuevo Auditori barcelonés, también deben
atender una mayor demanda. De este modo, todos contribuimos a complementar
la acción que los maestros de la escuela primaria y los profesores
de la Escola de Música pueden llevar a cabo en el campo concreto
de la instrucción, responsabilidad ésta que no nos corresponde.
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"Com funciona
el jazz", ciclo para escolares organizado por la Fundació
"la Caixa". Estas y otras iniciativas de instituciones como
Joventuts Musicals, el Palau de la Música o L'Auditori son
un medio de sensibilización musical y complementan la formación
musical que se imparte en las escuelas.
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| ©
Marc Coromina |
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Al hablar de la Escola de Música
propiamente dicha, debemos recordar que los criterios deben ser flexibles,
no solo en lo referente a la edad de los alumnos -ya que pueden acudir
desde niños a partir de los cuatro años, que pueden
empezar el aprendizaje propio de la música, hasta jóvenes
y adultos, que podrán disfrutar del placer de hacer música
colectivamente-, sino también atendiendo la modalidad de escuela
que tendrá que contemplar todo tipo de música. En Barcelona,
hay hoy centenares de grupos musicales que practican la llamada música
moderna y una buena parte de estos conjuntos son autodidactas. Las
escuelas de música también se han abierto a instruir
a estos jóvenes que, equipados con instrumental frecuentemente
sofisticado, sienten la necesidad de expresarse musicalmente, y que
muy a menudo alcanzan niveles musicales muy atractivos. Este fenómeno
novedoso, y que va en aumento, en Barcelona cuenta con un alto grado
de aceptación.
En realidad, el derecho fundamental
de todos los humanos de tener acceso a la cultura tiene su expresión
musical específica cuando el Consejo Internacional de la Música
(CIM) de la Unesco se esfuerza por garantizar los derechos de toda
persona sin distinción a una implicación musical libre
y amplia.
El propio CIM ha divulgado estos derechos
fundamentales, obligándose a hacerlos respetar:
- el derecho de todos los niños y adultos
de expresarse libremente en música y de aprender música.
- el derecho de todos los niños y adultos
de tener acceso a la música mediante la participación, la audición,
la creación y la información.
- el derecho de los músicos de desarrollar
su arte y a darlo a conocer por todos los medios con la ayuda de
las instalaciones apropiadas.
- y el derecho de los músicos de un
reconocimiento justo y una remuneración de sus servicios.
El
interés de las escuelas en adoptar la LOGSE es una realidad.
En Cataluña se ha iniciado esta aplicación antes
que en ninguna otra autonomía y hoy son muchos los músicos
que compaginan actividades concertísticas con colaboraciones
en centros escolares. De todos modos, no está siendo fácil.
Los problemas han sido, en primer lugar, la falta de profesorado
con una preparación adecuada. En Barcelona, y sin duda
en Cataluña, la educación musical se ha fundamentado
en una tradición pedagógica que, pese a la falta
de un sistema educativo estructurado en este ámbito, nos
permitía avanzar tanto en la práctica como en la
experimentación.
La tradición
de la práctica coral -tan extendida en Cataluña, que
se ha mantenido en contacto con organizaciones internacionales y en
cuyo ámbito se han ido formando, mediante congresos y cursos
de técnicas pedagógicas, directores amateurs que, finalmente,
han resultado ser unos magníficos profesionales- ha resultado
una ayuda de gran calidad tanto en la práctica musical escolar
como en la tarea de mantener vivo un patrimonio musical popular, que
constituye el primer contacto de los niños con la música,
en casa. La comisión presidida por Delors es concluyente en
este sentido. Así, la comisión establece un primer nivel,
Música en Casa, que debe iniciarse ya en el estadio prenatal
y que seguirá haciendo que los niños conozcan las canciones
de tradición secular que son de transmisión oral y que
configuran un elemento identificativo de cada cultura.
Cuando el niño
va al colegio, debe seguir la educación mediante la música
y debe poder practicarla en colectividad. Y, además, hoy, ya
en la escuela, hay que hacer que los niños conozcan la multiculturalidad
musical abriéndoles las puertas al mundo. El maestro tiene
que ser un generalista de gran calidad y debe poder contar con la
ayuda de los medios audiovisuales de que hoy disponemos.
La Escola de Música
está dirigida a alumnos con más motivación o
con más talento para el aprendizaje de la música. Estas
escuelas sirven un doble propósito: dar a los alumnos la oportunidad
de tener una formación musical que les permitirá hacer
música activa y dignamente y, sin duda, preparar muy bien a
los estudiantes que decidan hacer una carrera musical profesional.
Éstos pasarán de la Escola de Música a la escuela
superior, es decir, a lo que conocemos como conservatorios superiores.
¿Estamos preparados
en Barcelona para avanzar en este proceso? Yo creo que lo estamos
haciendo bastante bien. El descontento que manifiestan muchos maestros
es precisamente por no poder aplicar la LOGSE con más rigor
a causa de la falta de medios. La aplicación amplia de esta
ley es cara; hay que formar más maestros y hay que dotarlos
de instrumentos musicales a menudo elementales, pero en muchos casos
más costosos.
Pero la divulgación
de los métodos es cada vez más amplia. Las escuelas
de verano alcanzan un altísimo nivel de asistencia de maestros
que quieren reciclarse en las técnicas de dirección
musical y de canto coral y conjuntos instrumentales.
Desde el Congreso de
la Música en Cataluña que se celebró en 1994
hasta ahora, los maestros generalistas y los profesores de música
se han seguido preparando para ser más efectivos en sus responsabilidades
pedagógicas, y no pasa año que no se renueven los debates.
Éste es un síntoma inequívoco de progreso, pues
un maestro nace, no se hace. Y la educación musical en Barcelona
avanza en manos de los buenos maestros que tenemos.