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| La Barcelona del
Mar |
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Tras
la primera incursión en la realidad
ciclista de Barcelona, en la segunda
jornada pretendemos acercarnos al mar,
dejando en algunas ocasiones los carriles
bici para adentrarnos por zonas que
desprenden olor a sal. Es la Barcelona
del Mar, una propuesta excelente para
aprovechar una jornada en bicicleta.
Empezamos nuestro día en la terraza
de la acogedora cafetería-restaurante
del Centre de Cultura Contemporània
de Barcelona (Montalegre nº 5),
al que se accede por el mismo CCCB o
por la plaza de Els Àngels.
A la salida, podemos disfrutar del espectáculo
que nos ofrecen los skaters que
realizan sus acrobacias en la plaza
de Els Àngels, justo delante
del Museo
de Arte Contemporáneo de Barcelona
(MACBA). Si nuestra bici todavía
está aparcada, bajamos hasta
la calle de El Carme y giramos a la
izquierda para alcanzar la remodelada
rambla del Raval, el centro neurálgico
del barrio
y, con toda seguridad, uno de los top-ten
de la multiculturalidad de Barcelona.
De hecho, los domingos cualquier despistado
que se encuentre en la rambla del Raval
puede llegar a creer que ha viajado
a Islamabad.
Sin abandonar el carril bici, seguimos
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| Aparcamiento
en la Barceloneta |
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| Paseo
junto a la playa de la Barceloneta |
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descendiendo por la
avenida de Les Drassanes hasta llegar al paseo
de Colom. Estamos delante de la míticas
Golondrinas. Giramos a la derecha
hasta el Moll de Barcelona, donde una gran
avenida nos lleva hacia la torre central del
teleférico
que sube a Montjuïc y hasta una construcción
mucho más reciente, el World
Trade Center, que en su plaza interior
acoge una curiosa fuente. Si el día
es festivo, el edificio estará prácticamente
desierto.
Regresemos al paseo de Colom para seguir pedaleando
hasta el Moll de la Barceloneta, para adentrarnos
en las callejuelas del barrio
de los pescadores y descubrir ese encanto
que todavía conservan sus estrechas
vías, llenas de ropa tendida y de niños
jugando. No es Nápoles; es también
la Barcelona del siglo XXI. Podemos pararnos
a tomar un vermut en alguna tasca cercana
al Mercado, como por ejemplo La Cova Fumada
(c/Baluard) y degustar la especialidad de
la casa: la "bomba" con alioli o
picante. Antes de comer, tenemos unos instantes
para relajarnos en la playa
de la Barceloneta, el lugar de reunión
de la mayoría de los turistas que se
acercan a conocer Barcelona los meses de verano.
Seguramente estamos en la zona con más
nacionalidades diferentes por metro cuadrado
de la ciudad. Los más atrevidos cuentan
con una zona nudista en la playa
de Sant Sebastià.
Volvemos a las bicicletas para seguir a lo
largo de todo el Passeig Maritim. Aquí
podemos elegir entre pedalear por la zona
cercana a la playa o hacerlo por el carril
bici marcado por dos hileras de palmeras.
En unos pocos minutos y sin mucho esfuerzo
pasaremos por delante del Hospital del Mar
y poco después por debajo de las dos
torres de la Vila Olímpica (Hotel
Arts
y Torre Mapfre) y del inmenso pez diseñado
por el mismo arquitecto que ha realizado el
Museo Guggenheim de Bilbao, Frank Gehry.
Hay docenas de establecimientos donde comer.
Luego, para bajar la comida, lo mejor es pedalear
hasta la playa de Bogatell. En esta zona,
la afluencia de bañistas es menor que
en la Barceloneta por lo que se puede disfrutar
de un buen baño y, por supuesto, de
la siesta posterior. Además, los dos
chiringuitos instalados hace algunas temporadas
alargan sus jornadas hasta altas horas de
la madrugada y ya se han convertido en todo
un punto de encuentro para los amantes de
los ambientes chill-out. |
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| La Noche en bici
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La
bici nos permite percibir otra ciudad
y no podemos olvidar que Barcelona es
una lugar fascinante tras la puesta
de sol. Nuestra última propuesta
es acercarnos a la
noche barcelonesa sobre unos pedales.
La noche no es corta pero es mejor empezar
pronto porque la oferta de cultura y
de ocio es tan amplia que corremos el
peligro de quedarnos cortos. Nuestro
punto de salida es uno de los barrios
más populares de la movida nocturna:
Gràcia.
Si realizáis esta ruta la segunda
quincena de agosto recordad que Gràcia
vive sus fiestas
mayores, una de las citas más
tradicionales para todos los barceloneses
y barcelonesas.
Aunque en Gràcia la oferta de
carriles exclusivos para bicis es bastante
limitada, la importante presencia de
usuarios habituales de bicicletas en
la zona ha aportado un clima de convivencia
entre peatones, conductores y ciclistas
que no se aprecia en otros sectores
de la ciudad. Además, se trata
de uno de los pocos barrios en toda
Barcelona con señalización
especial para bicicletas y que cuenta
con numerosos aparcamientos con plazas
para estos vehículos.
Así pues, empezaremos estacionando
nuestra bici en Gal·la Placídia.
Darle un vistazo al Punt Verd de Gràcia,
uno de los siete centros de recogida
selectiva de materiales para reciclaje
con los que cuenta la ciudad. Seguramente
hoy no habréis llegado cargados
de viejas pantallas de ordenador o aceite
usado, pero es un buen momento para
memorizar dónde podéis
llevarlos (plaza Gal·la Placídia,
26).
Desde aquí, la mejor opción
es disfrutar de una agradable cena al
aire libre en una terraza de alguna
de las míticas plazas de la zona:
Virreina, Revolució, Sol o Rius
i Taulet. La multiculturalidad de este
barrio también se aprecia en
su oferta gastronómica: libaneses,
griegos, vascos, italianos, mesopotámicos,
etc. Un sinfín de posibilidades
según vuestras preferencias,
pero si buscáis algo rápido,
os recomendamos que probéis alguno
de los fantásticos bocatas del
Ikastola (c/Perla). La mejor opción
para disfrutar de un ambiente tranquilo
y fresquito en alguna de las mesas de
la terraza en el patio interior.
Desde aquí, la mejor fórmula
para llegar a nuestra siguiente parada
es bajar por la calle Torrent de l'Olla
hasta Còrsega y continuar hasta
los Jardinets. Aquí emprendemos
el descenso por paseo de Gràcia
hasta Provença, donde se encuentra
La Pedrera. Y es que, además
de poder apreciar este magnífico
edificio con su iluminación nocturna
os recomendamos disfrutar de una propuesta
emprendida durante los últimos
veranos: "Las Noches de La Pedrera".
El Espai Gaudí y la azotea están
abiertos los viernes y sábados,
las noches de julio, agosto y septiembre.
Además de disfrutar de las magnificas
vistas sobre la ciudad y de las peculiares
formas construidas por el genio de Gaudí,
también podréis asistir
a las sesiones de música en directo
mientras tomáis una copa de cava.
Sobre todo, no os olvidéis reservar
con unos días de antelación.
Nos hemos plantado en la medianoche,
tras la cena y un poquito de música,
ahora... ¿Qué os parece
aprovechar para un cambio de 'look'?
Vamos al Born, otro de los barrios con
más vida nocturna de la ciudad.
Bajamos por paseo de Gràcia hasta
la plaza de Catalunya. Desde allí
a la plaza Urquinaona y descendemos
por Via Laietana hasta la calle de Argenteria.
El Born ha lanzado durante los últimos
veranos la iniciativa de que sus establecimientos
permanezcan abiertos hasta altas horas
de la madrugada todas las noches de
luna llena. Aprovechad para pasar por
La Pelu, uno de los centros de peluquería
más modernos de la ciudad (c/Argenteria
nº) y que permanece abierto
hasta las 2.00 h.
Si el cuerpo todavía os pide
más acción, ha llegado
el momento de bailar. Desde la calle
Princesa nos dirigimos al parque de
la Ciutadella. Bordeándolo, cogeremos
el carril bici de la avenida Meridiana
hasta la calle Almogàvers. En
el número 122 se encuentra uno
de los locales con más historia
nocturna de Barcelona y que actualmente
se conoce como la Sala
Razzmatazz. Muchas generaciones
han pasado por los diferentes ambientes
del local. Sin duda, un excelente cierre
de la noche sin la típica preocupación
por si encontraremos taxi libre o a
qué hora empieza a funcionar
el metro. |
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